Aprender a hablar con otro paladar, o una «esperanza» después del maltrato

Eva Ruiz/Sevilla (EFE).- «Me acostumbré a hablar con otro paladar, hay veces que algunas frases no las pronuncio bien, pero pudiendo sonreír y tener mi boca bien, todo lo demás me trae sin cuidado», asegura a EFE Ana María, que ha visto cómo recuperaba la «esperanza» después de 35 años de maltrato.

A sus 68 años ha «vuelto a nacer» y ha empezado una nueva vida tras salir de la anterior «solo con el bolso», porque «no se pudo sacar más». La reconstrucción de su boca -afectada por los malos tratos-, con prótesis completas superior e inferior salvo los incisivos, ha sido definitiva para volver a sentirse «feliz».

«Yo no abría mucho la boca, no quería hablar porque se me veían los dientes torcidos, tenía pocos y me daba vergüenza muchas veces con personas que no fueran de mi entorno», detalla Ana María, quien llegó a la Fundación Odontología Social Luis Séiquer, donde le han facilitado todo este proceso, a través del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM).

Tratamiento

Cuenta que desde el primer momento «fue algo muy especial» y que no se lo esperaba. «Yo había ido a un dentista y cuando me dijo el precio vi que no tenía recursos, no podía pagarlo», una situación que le provocaba trastornos físicos más allá de la boca: «Tenía problemas de estómago por no poder masticar bien».

Le fueron extrayendo las piezas en mal estado con las que aún contaba. «Con la persona con la que yo convivía nunca había dinero para mí. Yo nunca me preocupé de la boca y se fue deteriorando poco a poco, cada día más, y algún que otro mal golpe, alguna otra cosa… Se fue cayendo», relata.

Ana María, usuaria de la Fundación Odontología Social Luis Séiquer. EFE/Raúl Caro

Hasta que llegó el día de ponerle las prótesis. «El cambio fue brutal. Y ya está, perfecta», afirma rotunda.

«Una mujer, una sonrisa»

La doctora Gloria Mosquera, especialista en Periodoncia y Medicina Oral, es una de las odontólogas que diariamente atiende a las mujeres que vienen del maltrato que participan en el programa «Una mujer, una sonrisa», dedicado a las víctimas de la violencia de género, uno de los que ofrece esta Fundación sin ánimo de lucro que trabaja la salud bucodental de población vulnerable en varios centros desde 2009.

Mosquera detalla que las heridas más frecuentes que presentan estas mujeres víctimas del maltrato cuando acuden a la clínica sevillana son fracturas dentales, fracturas de maxilar superior asociadas a traumatismos fuertes, quemaduras en la boca o lesiones asociadas a enfermedades de transmisión sexual por determinadas prácticas.

«La reconstrucción de piezas que pueden faltar es muy importante, pero lo es también la parte de tejidos blandos. Revisar que su lengua, sus carrillos, sus labios se encuentren sanos, porque por ahí se pueden derivar muchas enfermedades como el cáncer oral o el virus del papiloma humano», relata.

Situación de las pacientes del maltrato

La odontóloga explica que «es muy bonito ver cuando las pacientes se van contentas». Llegan a la consulta «desconfiadas, temerosas, explicando que ellas no tenían la boca así». A veces se producen episodios de ansiedad. «Entonces paramos, se les tranquiliza, vuelven la semana siguiente y vamos poco a poco trabajando», todo ello después de realizar una valoración global y analizar el daño completo que presentan pieza a pieza.

«Esto no es te repongo el diente que falta y ya está, sino que aprendemos a usar las prótesis, aprendemos a hablar, a mirarnos al espejo y a sonreír», enumera la especialista.

Del maltrato a recuperar la autoestima

Adela González es la gerente de la Fundación y la creadora de este programa, que considera un «granito de arena» en forma de salud oral para que las víctimas de violencia de género puedan «recuperar su autoestima».

«Si tú te levantas y te miras en el espejo y lo primero que te ves es que las ‘paletas’ las tienes rotas te estás acordando que hay alguien que te pegó de una manera tan vil que te rompió las ‘paletas'», sentencia la gerente, que resalta que «uno de los primeros sitios donde ataca el agresor es a la boca, es lo más fácil».

La responsable de la Fundación -presente tanto en España como en otros países como México o República Dominicana y con trabajadores sociales en cada uno de sus centros- recuerda a las primeras víctimas que violencia de género que atendieron. «Llegaban muy mal vestidas, deprimidas, no tenían trabajo… estaban malviviendo y casi todas tenían parte de la boca en muy mal estado».

Transformación

Comenzaron los tratamientos. «Empezamos a notar que cada vez venían más monas vestidas, que interactuaban más con nosotros, nos enseñaban fotos de sus hijos, nos contaban por qué situación habían pasado, se empezaban a maquillar… hasta que terminaron».

Después de ocho años de trabajo en este área -que la Fundación compagina con programas para víctimas de trata o drogodependientes, entre otros-, González anima a las mujeres que se vean en esta situación a acudir a sus centros. «Esto es una casa y las puertas de esta casa están abiertas», dice.

A ese consejo se suma también Ana María, que lo recomienda a quienes estén pasando lo que ella pasó y se declara «muy orgullosa» de haber acudido y «feliz por poder masticar bien y comer bien».

«Lo primero que me dijo el doctor cuando me puso la prótesis fue ‘ya puedes comer bien la carne’. Y ya puedo comer bien la carne, que antes no la masticaba», celebra, ahora ya sí, riendo abiertamente. EFE

Edición Web: Fátima Santos