Chapa y pintura, más cerámica, en la aparente ingenuidad de Rorro Berjano

Alfredo Valenzuela I Sevilla, (EFE).- Chapa y pintura, más cerámica. De un viaje a Cuba se trajo el pintor y escultor Rorro Berjano (Mérida, 1979) la idea de sustituir los lienzos por las chapas oxidadas que los cubanos emplean en sus infraviviendas y de otro viaje a Dakar un imaginario que ha transformado en piezas de cerámica, con lo que ha construido un mundo de una ingenuidad solo aparente: «Quincalla Museum».

La exposición «Quincalla Museum» podrá verse en la sevillana galería Delimbo hasta el próximo 8 de diciembre y junto al peso académico del término «Museum», Berjano ha querido rescatar una palabra que está cayendo en desuso en el primer mundo, ese conjunto de piezas metálicas de escaso valor que define la quincalla, pero que en África o Cuba pueden formar parte directa de la supervivencia.

Las chapas que Berjano rebusca en chatarrerías o encuentra en calles o descampados y sobre las que pinta sus «cuadros» son algo más que lienzos porque forman parte de la composición final, de ahí que conserve o acelere parte de su oxidación, que integre sus soldaduras en sus imágenes o efectúe nuevas soldaduras.

Diez años soldando

«Llevo diez años soldando y todavía no he aprendido a hacerlo bien», bromea el artista durante la entrevista con EFE y antes de explicar que también emplea una ‘rotaflex’ para simular que una parte de las chapas sobre las que pinta esté aun más desgastada de lo que está realmente.

CHAPA Y PINTURA
El pintor y escultor Rorro Berjano (Mérida, 1979) junto a una de sus piezas que forman parte de la exposición «Quincalla Museum». EFE/ Raúl Caro

Sobre una de etas chapas Berjano ha pintado un retrato del futbolista Sergio Ramos -realista pero de cierto aire pop-, pero no se trata de una pieza independiente, sino que forma parte de una instalación que integra otra pintura de mucho mayor tamaño y que reproduce, entre otras figuras, el cuerpo con el uniforme oficial de un jugador de fútbol que se apoya sobre dos piezas de cerámica, la de un neumático de automóvil y una tetera.

«Es de esas teteras de plástico que en África se utilizan mucho, lo mismo para preparar el té que para lavarse las manos antes de la oración; y los neumáticos de los coches en Dakar se ven por todas partes, están casi en todas las calles», ha explicado el artista que llegó la ciudad africana con idea de visitar las galerías de arte que allí hubiera pero enseguida se dio cuenta de que todos los elementos que andaba buscando estaban en la calle.

No tocar

Una de las piezas centrales de «Quincalla Museum», es un tótem que supera los dos metros de altura conformado por varios bidones de combustible y varios neumáticos y que está coronado por un balón de fútbol que tiene clavado un machete, solo que todas esas piezas son de cerámica, están sobrepuestas una sobre otra y engarzadas interiormente por un pieza metálica, con un peso total que supera los cien kilos.

Cada una de las piezas que conforman el tótem es de un realismo que invita a tocarlas -de ahí el permanente aviso de la galería de arte de que no se pueden tocar-. Y todo ideado en chapa y pintura.

Lo más sorprendente es que artista se define como ceramista autodidacto y que, hijo del también pintor, escultor y ceramista Justo Berjano, empezó a trabajar con cerámica por su cuenta cuando su padre cerró su taller y él lo heredó.

Entre las piezas de cerámica que requieren una indudable maestría están, dispuestas en el suelo, una serie o una sucesión de alpargatas y chanchas «de marca» -algunas con dibujos realistas y dorados esmaltados- y también las humildes y tradicionales sandalias de plástico conocidas como «cangrejeras», unas reproducciones que, por su realismo, también requieren de la advertencia de «No tocar».

Medio centenar de piezas

Medio centenar de piezas, todas en chapa y pintura o cerámica, componen «Quincalla Museum», una colección en la que Berjano ha trabajado los últimos tres años y en la que ha incluido una instalación casi gemela a la protagonizada por Sergio Ramos -«es el único blanco que hay en la exposición», comenta siempre con humor sobre la inspiración africana de la muestra-.

Esa pieza, con retrato incluido sobre chapa, está dedicada al futbolista senegalés Sadio Mané, hombre de naturaleza humilde que dedica buena parte de sus ingresos a construir colegios y proyectos sociales en su país. EFE

Edición Web: Luis Ortega