El bar que da de comer gratis a los parados sin ingresos

Miguel Martín Alonso I Mojácar (Almería), (EFE).- Carlos Rodríguez es natural de Buenos Aires (Argentina) pero llegó hace más de 20 años a España y desde hace seis regenta en Mojácar (Almería) el Bar Pública, en el que desde el inicio de su actividad ofrece comida gratis a los parados sin ingresos por solidaridad con quienes más lo necesitan.

“La mejor manera de contagiar a la gente es con el ejemplo. Nosotros no creemos en la beneficencia, creemos en la solidaridad, que es muy distinto. Creemos que esas cosas con el ejemplo son las que van contagiando”, afirma el hostelero en una entrevista con EFE.

En el Bar Pública, entre banderas republicanas, retratos del Ché o de Fidel Castro, Carlos tiene colgado un cartel en el que se recoge esta generosa oferta, porque asegura que en su local pretenden no sólo dar una “buena mercadería” y un “buen servicio” a su pueblo de acogida, sino también tener «la cuota solidaria que todo el mundo tiene que tener”.

El objetivo no es la publicidad

“Creemos que otro mundo distinto es posible. Esa fue la idea. Es un bar en el que es especialmente bienvenido todo el mundo. (…) Estamos muy agradecidos con este pueblo que nos ha recibido con los con los brazos abiertos y nos ha ayudado en los momentos más difíciles”, asevera.

Fue con concejal en este pueblo a través de Izquierda Unida. Y ahora ya, por un tema de edad, está retirado. «Ideológicamente, sigo con mis mismos principios. Y estamos aquí para ayudar a este pueblo y para compartir las alegrías y las penas”, añade.

parados sin ingresos
Carlos Rodríguez regenta en Mojácar (Almería) el Bar Pública, en el que desde el inicio de su actividad ofrece comida gratis a los parados sin ingresos por solidaridad con quienes más lo necesitan. EFE/ Carlos Barba

Por ello colgó el citado cartel desde el primer día de apertura, aunque reitera que no pretende darse publicidad así y muestra su sorpresa por la repercusión que ha tenido desde que alguien colgó una foto del mismo en las redes sociales.

“Nunca decimos a quién le damos y a quién no le damos este plato de comida. Hay gente en este pueblo que no lo está pasando bien, como en otros pueblos. Y bueno, dentro de nuestras posibilidades, damos. Si algún día esto nos sobrepasa, veremos que tendremos que hacer (…) Creo que cualquier cristiano necesita irse a dormir con la panza llena, tiene ese derecho”, mantiene.

Afirma que hasta que no exista «una sociedad que garantice esas cosas, habrá que hacer el esfuerzo individual y a ver si esto contagia para que se haga el día de mañana un esfuerzo colectivo”.

Plato caliente para parados sin ingresos

En un local especializado en carnes, que trabaja con vaca rubia gallega, frisona gallega o wagyu, ofrecen lo que pueden a aquellos sin recursos. “No le puedo dar un chuletón de vaca rubia, ojalá se le pudiera dar. Pero si le puedo dar otro tipo de comida.

Por lo menos un plato caliente (…) Que se vaya y que sepa que hay alguien en este en este mundo que se preocupa por los demás”, dice.

Asegura que no les hace falta pedir nada para comprobar si alguien necesita este gesto solidario. “Lo piden con vergüenza y no, no es así. La vergüenza la tiene que tener esta sociedad que no garantiza las cosas básicas. Y entonces, con solo mirar a los ojos, ya sé si este hombre lo precisa».

Y es que considera que la mayoría de los que llegan allí no mienten, “al contrario”, y que incluso prefieren pedir agua en lugar de tomarse una cerveza, “como si no tuviesen derecho a tomarse una caña”. “Todo el mundo tiene derecho a tomarse una caña, una copa de vino (…) La gente tiene derecho a lo básico”; insiste.

El anonimato de los beneficiarios

“Lo elemental no es tener un reloj de marca que cueste 50.000 euros. Lo elemental es tener vivienda, ropa, educación, salud, tener garantizada la comida (…) Una vez que hemos conseguido esto, las sociedades son distintas. Son sociedades que no van a tener agresividad ni nada por el estilo, porque la gente tiene lo básico garantizado”, argumenta.

Además, quien se beneficia de estos platos gratuitos mantiene su anonimato por convencimiento de Carlos y su pareja, Mónica.

Ellos no dicen sus nombres, pero además procuran que la gente del pueblo desempleada y sin paro, parados sin ingresos, no pueda ser señalada, ya que buscan que obtenga el plato de la forma más discreta posible. “Eso lo sabemos entre la persona que lo necesita y nosotros. Y ahí muere la historia”, concluye. EFE