Fontcuberta juega entre la realidad y la ficción en el Museo Ruso de Málaga

José Luis Picón/Málaga (EFE).- Cuando Joan Fontcuberta jugó en 1997 en los límites entre ficción y realidad en su proyecto «Sputnik. La odisea del Soyuz 2», no podía ni imaginar que, treinta años después, la manipulación de los hechos estaría más vigente que nunca en la era de los bulos, las «fake news» y las redes sociales.

«La exposición nos cuenta una historia, un relato poco conocido, que parece casi una película de ciencia ficción. Su narrativa cuenta hasta qué punto los hechos pueden ser manipulados en aras de unas razones de Estado, cómo se tergiversa la historia y la actualidad y cómo la imagen sirve para nutrir esa persuasión y ese convencimiento», ha explicado este martes el artista barcelonés.

Fontcuberta, que presenta hasta el próximo 23 de abril en el Museo Ruso de Málaga su proyecto dedicado al «Sputnik», apunta que la exposición prepara al público «para fenómenos actuales como la desinformación, la posverdad, los hechos alternativos o las ‘fake news'».

La desaparición de Iván Istochnikov

Son «una parafernalia de fenómenos que, una vez superada la hegemonía de los medios de comunicación y entrando en la hegemonía de las redes sociales, acapara este formateo de la opinión pública», ha añadido Fontcuberta, presentado en el Museo Ruso como representante en la UE de la enigmática Fundación Sputnik.

La muestra relata la misteriosa desaparición, en tiempos de la URSS, del cosmonauta Ivan Istochnikov -cuyo nombre curiosamente coincide en ruso con el de Joan Fontcuberta-.

A través de fotografías, documentos y otras piezas, reconstruye toda su vida, desde su infancia, con una imagen feliz a bordo del cohete de un tiovivo, pasando por su boda o un alegre día de campo.

Pese a ambientarse en la época soviética, advierte de que «la propaganda no es exclusiva de los regímenes totalitarios, y la única diferencia es que en los sistemas democráticos puede ser denunciada y discutida».

El artista barcelonés Joan Fontcuberta en el Museo Ruso de Málaga. EFE/Jorge Zapata

Propaganda

«Hay propaganda desde el imperio romano, simplemente han cambiado las plataformas de difusión o las técnicas, cada vez más sibilinas y penetrantes», explica.

El artista precisa que todo su trabajo «tiene que ver con la construcción de la confianza, y en base a qué criterios se establece la convicción y la credibilidad».

«Vengo del mundo del periodismo. No estudié Historia del Arte, sino Ciencias de la Información, y trabajé en el periodismo y la publicidad, que para mí fueron escuelas de mentira», dice Foncuberta.

«Aprendí todas las argucias y mecanismos para dar a entender lo que se quiere utilizando eufemismos, metáforas y una serie de figuras retóricas que el lenguaje permite», añade.

Inicios del proyecto de Fontcuberta

También apunta que su labor consiste en «desvelar los mecanismos del engaño» y no pretende «nunca engañar», sino «hacer una didáctica de lo fácil que es el engaño y poner trampas al espectador para que por su cuenta sea capaz de descubrirlas».

Empezó a trabajar en este proyecto en 1990, cuando fue artista invitado en el Art Instituto de Chicago, donde vio por primera vez «ordenadores potentes trabajando con la imagen fija».

«El Photoshop había aparecido en 1989, el mismo año del desplome del Muro de Berlín. Que el viejo orden político desapareciera en el momento en que nacía el nuevo orden visual con el Photoshop tenía una correlación y me interesó explorarla».

La tecnología del Photoshop

Descubrió que el Photoshop «era en aquel momento una tecnología revolucionaria» que permitía hacer unos montajes invisibles y se dio cuenta «de que inauguraba una nueva era en la persuasión a través de la fotografía, porque podía mostrar ficciones, sueños y elementos absolutamente inventados o delirantes como si fueran reales».

Esa posibilidad, «en función de en qué manos caiga, tiene un efecto emancipador o manipulador», según Fontcuberta, que admite que cuando inició este proyecto no podía «ni pensar que esa posverdad iba a conformar el pan nuestro de cada día».

La muestra tiene casi trescientas piezas, entre ellas una reproducción a escala 1:10 del «Sputnik» o un meteorito acordonado con una distancia de seguridad y con un cartel que advierte: «Peligro. Por razones de seguridad se recomienda a las mujeres embarazadas, a las personas con marcapasos y a las niñas con trenzas que no penetren en este recinto». EFE

Edición Web: Fátima Santos