La memoria del anís de Rute

Luis Ortega I Rute (Córdoba), (EFE).- Los documentos históricos del Archivo Municipal y la Iglesia de Santa Catalina de Rute (Córdoba) sitúan el origen de la producción de anís en la localidad entre los años 1630 y 1655 y, a día de hoy, el Museo del Anís guarda la memoria centenaria de este aguardiente.

Ubicado en pleno centro del casco histórico de la localidad, junto a destilerías históricas que conforman el urbanismo de la ciudad, el Museo del Anís ve la luz en 1994 como institución tutelada por la destilería Duende, según explica a EFE Anselmo Córdoba Aguilera, director del centro museístico.

Cuando llegó el momento del «relevo generacional», en la «dinastía familiar» se hizo una «fuerte apuesta por el turismo» y se creó un proyecto «totalmente pionero en España» y cuya idea ha sido «clonada no solo en Andalucía, sino en el resto de España e incluso en Europa».

Cerca de 750 piezas inventariadas

Al llegar al museo, un edifico «emblemático y señero de 1908», el visitante encuentra distintos espacios, como una «sala de alambique, donde se ha estado destilando hasta hace muy poquito», la «vieja sala de tinajas» que alberga el «conjunto de las botellas que ha tenido el sector desde el siglo XVII hasta nuestros días» o, incluso, una «centenaria bodega de brandy donde dormitan las reliquias del pasado y del presente», resalta Córdoba.

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Anselmo Córdoba, director del Museo del Anís de Rute, durante una entrevista con EFE. EFE/Salas

En total, alrededor de 750 piezas inventariadas se pueden contemplar en el museo, donde destacan las curiosas «botellas dedicadas a toreros o a personajes famosos» que promocionan a lo largo de la historia el anís de Rute que «llegó a estar presente en banquetes reales».

Aselmo Córdoba subraya que Rute puede ser considerada la «capital del anís» por varios motivos, aunque el principal es «por su agua», ya que la localidad se encuentra entre el nacimiento de dos ríos «estables» como son el Hoz y el Anzur y dentro del propio municipio hay «unos 80 manantiales pequeños». «Ahora nos está saliendo uno dentro de la propia destilería», señala el guardián de la memoria del anís ruteño.

Córdoba recuerda que Rute «tenía una gran cantidad de viñedos» en el siglo XVII pero «no podía competir en calidad con los vinos generosos de Montilla-Moriles«, muy próximos a la zona, por lo que a los lugareños se les ocurrió la idea de «reconvertir esa materia prima en otra completamente distinta» y crear los «aguardientes vínicos» que han llegado hasta hoy día y que se van «perfumando» con las semillas del anís.

Toreros como reclamo de venta

A finales del siglo XIX la «filoxera», que en España «entra por Málaga», arrasa con los viñedos de casi toda Europa, desde «Burdeos a Marsella, hasta Málaga, Montilla o Jerez», por lo que fue el momento de «reinventarse» y surgieron los nuevos licores a los que se les «sube la graduación».

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Los documentos históricos sitúan la producción del anís de Rute entre los años 1630 y 1655. En la imagen, varias personas visitan el Museo del Anís. EFE/Salas

«Estamos hablando ya de alcoholes de hasta 92 grados. En aquel momento los aguardientes tenían 40 grados y se suben a 55 grados», mientras que «se comienza a utilizar a los toreros como reclamo de venta», algo que ocurre «a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del XX», con lo cual ya se consolidan los «anisados que actualmente conocemos».

Desde entonces, el sector del anís ha sabido «adaptarse» a las circunstancias históricas y «mantener» los «rasgos identitarios de Córdoba», aunque el director del museo reconoce que la situación actual es «muy difícil y complicada».

«Hemos superado dos repúblicas, la crisis del 29, todo el periodo franquista, la crisis de 2008 y la de 2017 e incluso la filoxera del siglo XVII», por lo que Anselmo Córdoba tiene «plena confianza» en las cuatro destilerías que hoy aguantan en la localidad, que siguen «creando con mucho mimo sus productos».

Una reconversión con imaginación

Es verdad que la crisis actual, principalmente energética que está elevando los costes a un nivel inasumible, se está «haciendo más dura de lo que nos esperábamos», sobretodo después de la pandemia que auguraba que 2022 sería el «año de la plena recuperación».

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Y ahora los aniseros afrontan la situación «con imaginación», como es caso de las destilerías Duende, que han sacado un «licor a 15 grados», es decir, con una «graduación mucho más baja» que implica «mucho menos impuestos», lo que permite «abaratar costos» por un lado y «ofrecer nuevos sabores que a lo mejor son mucho más refrescantes».

La última creación se trata de un «licor de mango» que se «adapta más a las tendencias de sabores de frutas, con un toque lácteo en boca intenso, identitario, que no pierde un ápice de lo que es la sabiduría del pueblo de Rute pero que abre la puerta a los nuevos consumidores que ven todos estos productos con una óptica distinta», ha asegurado Anselmo Córdoba.

Al consumidor se le ofrecen nuevos sabores pero también «experiencias únicas, sensoriales» que conforman el compromiso de los productores con el sello de Rute como «primer municipio turístico de la provincia de Córdoba» y en el que el museo, guardián de la memoria del anís, se presenta como uno de los principales exponentes. EFE