La pasión por el Mediterráneo convertida en vino submarino

Esther Gómez I Marbella (Málaga), (EFE).- La pasión por el Mediterráneo de una ambientóloga del Pirineo catalán, Mariona Alabau, y del enólogo húngaro Gergö Borbély, los llevó a soñar con un vino submarino con bodegas bajo el mar, hasta que en 2017 se lanzaron al agua para vincular la crianza del vino con los arrecifes mediterráneos y en 2020 vio la luz la primera cosecha de su firma, ElixSea.

Al principio estaban «muy asustados», confiesa a EFE Alabau, pero en solo dos años han conseguido exportar a la Unión Europea, abrir mercado en Corea del Sur y Estados Unidos y que les llamen «para participar en numerosos eventos privados y pensar en el cava».

Ahora persiguen «crecer en calidad, pero no en cantidad», puesto que consideran que es un producto «muy selecto», y vincular su actividad con «la acuicultura con algas, es decir, que no sólo sean vinos submarinos, sino que permitan trabajar olímpicamente el mar».

Este singular proyecto comenzó a gestarse en 2017, pero como la burocracia es lenta Mariona y Gergö necesitaron varios años para tener todos los papeles y la documentación en regla, explica la ambientóloga catalana.

Una vez todo estuvo listo, pudieron empezar a «experimentar con distintos tipos de vinos, porque no todas las regiones, ni todos los ‘vintage’ evolucionan de la misma forma y de una manera positiva debajo del mar», precisa.

Un proyecto del confinamiento

La parte de investigación y desarrollo para crear el vino submarino les tomó «dos o tres años», recuerda Mariona Alabau, y lograron poner su primera cosecha en el mercado en «el mejor año para empezar, el 2020», en pleno confinamiento, comenta entre risas.

«Empezamos principalmente con vinos del Priorat, denominación de origen calificada, que son vinos tintos, clásicos y de una garnacha fresca», detalla, pero también cuentan con una variedad ‘coupage’ que se madura en barrica.

En 2023 su catálogo enológico incluirá también champanes, cavas y vinos blancos, anuncia satisfecha Alabau, que recuerda que, aunque no son productores, la bodega se encarga del proceso de vinificación, es decir, de «hacer el vino» y del embotellado.

La ambientalista instaló un pequeño expositor, pero muy marinero, en la zona de exposición que la escuela de hostelería suiza Les Roches en Marbella había habilitado para acoger estos días la tercera edición de la Cumbre Internacional de Turismo Espacial y Subacuático SUTUS 2022.

El espacio dedicado a los vinos submarinos, en este caso del Priorat, despertó un gran interés entre los asistentes al congreso y se convirtió en objeto de miradas, fotografías y preguntas de un público curioso.

El proceso de maduración vinícola bajo el Mediterráneo no es muy distinto al de la superficie, apunta Alabau: es necesario tener un recipiente adecuado, que se den unas condiciones ambientales particulares, con una luminosidad y un nivel de humedad concretos, y esperar el tiempo justo.

Cera para impermeabilizar las barricas

En este caso se hace fundamental la impermeabilización tanto de las botellas como de las barricas del vino submarino que se colocan en las profundidades marinas, que se protegen con una cera especial para evitar que el agua salada entre en su interior y dañe el producto.

El vino -en barril o botella- se deposita «a catorce y treinta metros de profundidad», dependiendo de la variedad, y se deja bajo el mar «durante seis meses», hasta que alcanza su punto de crianza óptimo.

Llevarlo a este lugar no es tarea fácil y para ello es necesario contar con un equipo de submarinistas profesionales, que son los encargados de dejar el vino en los arrecifes artificiales de la costa mediterránea acondicionados para ello.

Otro aspecto importante, concreta la ambientalista, es usar un «etiquetaje» que aguante bajo el mar y no contamine para lograr un vino submarino perfecto. EFE

Edición Web: Luis Ortega