La Peza (Granada) baja el volumen de su rave y reconquista el silencio rural

María Ruiz I Granada, (EFE).- La Peza (Granada) ha sido durante seis días el escenario de una fiesta rave, una «modernidad» que gran parte de los cerca de 1.200 vecinos no sabría definir pero que ha convertido este pueblo en algo muy parecido a una fortaleza blindada por agentes para evitar que la convocatoria ilegal sea eterna.

Igual que empieza, se acaba. Así se resume la rocambolesca historia que ha convertido a La Peza, un pueblo casi escondido entre espacios naturales y una carretera serpenteante, en el escenario de una fiesta internacional, con más participantes que vecinos, y un «chunda chunda» poco parecido a la música tradicional.

Las primeras furgonetas que cogieron el desvío de la autovía A-92 y cruzaron el pueblo parecían dirigirse al área de autocaravanas con vistas al embalse, porque cómo iba a pensar su alcalde, Fernando Álvarez, que alguien le había echado el ojo a unos terrenos públicos para convertirlos en el escenario desde el que despedir el año.

Ocupación de terreno público

«Fue todo una sorpresa que ahora parece que acaba», ha explicado a EFE Álvarez, que confía en reconquistar la normalidad que perdió hace casi una semana para analizar daños y empezar a escribir una historia más tranquila.

rave La Peza
Los asistentes a la «Rave» de La Peza empiezan a desmontar la fiesta ilegal mientras la Guardia Civil refuerza los controles para forzar la marcha de los asistentes.EFE/Miguel Ángel Molina

De la noche a la mañana, el alcalde siguió el eco de una música que le condujo hasta unos terrenos municipales donde descubrió que lo que un día antes era campo, con sus 20 hectáreas recién plantadas de cebada, se había convertido en un recinto festivalero en toda regla con cinco escenarios, servicios y zona de acampada.

Denunció entonces la «ocupación» del terreno público por esta fiesta ilegal ante la Guardia Civil, que activó un dispositivo especial que se ha saldado de momento con cuatro detenidos, varias sanciones y mucho control.

«El perro me marca porque llevaba droga, pero ya no me queda», explicaba este miércoles uno de los participantes de la rave, un catalán con el nuevo destino apuntando hacia Almería, en uno de los tres controles que hay que superar para entrar o salir de esta fiesta.

«Parece que han decidido de manera unilateral, como hicieron para comenzar la fiesta, que se acaba. Toca esperar a que todos se marchen para hacer balance», ha añadido un alcalde preocupado por los daños ambientales y la limpieza de la zona.

Italianos, franceses, alemanes…

Sobre el terreno, y pese al atasco de coches, furgonetas, camiones y caravanas que intentan dejar atrás La Peza, siguen luciendo vehículos aparcados, tiendas de montaña y mesas de gente charlando y comiendo al ritmo que marcan altavoces que ya no son lo que fueron.

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Los asistentes a la «Rave» de La Peza empiezan a desmontar la fiesta ilegal mientras la Guardia Civil refuerza los controles para forzar la marcha de los asistentes.EFE/Miguel Ángel Molina

«Puedes dejar el coche aquí, detrás de esos camiones, y atravesar la montaña», apuntaba una italiana afanada en recoger sus cosas mientras los accesos a la fiesta son un ir y venir de italianos, franceses y alemanes, de catalanes y gallegos, «de gente de aquí y de allá».

Como organizadores, los responsables de la rave superan el sobresaliente, una notaza ganada a pulso por montar y desmontar escenarios, iluminación y toda la infraestructura de cualquier gran festival pero en poco más de un par de horas.

Los participantes, que han llegado a ser más de 4.000, se encargan también de recoger y apilar basura para mantener el privilegiado entorno casi como estaba cuando llegaron.

«Parece que los organizadores han contratado un contenedor industrial en el que depositar toda la basura, pero de momento no está. Cuando se complete el desalojo veremos, han hecho incluso un camino de acceso a la zona de los escenarios», ha añadido el alcalde.

Con la música a otra parte

Adentrarse en el epicentro de esta fiesta rave deja antes un paisaje de coches estacionados en cualquier curva, porque hasta el más mínimo arcén se ha convertido estos días en aparcamiento improvisado; incluso el camino para Los Baños de Graena, colapsado por una especie de «tetris» de coches y camiones.

Agentes del Seprona, de Seguridad Ciudadana y de Tráfico, han rodeado los accesos como el que sitia al enemigo, un control que ha dejado «sin gasolina, de la real y de las otras», a unos participantes que han decidido acabar la fiesta.

Fuentes de la Guardia Civil han confirmado a EFE que los organizadores han cortado la música y han acelerado la recogida.
Y así, «con suerte» según ha confiado el alcalde, La Peza se despide de esta rave tan rural como ilegal y espera que los participantes se vayan con su música a otra parte. EFE