Pedro Olalla: El humanismo nos evitaría ser víctimas de nuestros delirios

Alfredo Valenzuela I Sevilla, (EFE).- «El humanismo es ahora más necesario que nunca para que no seamos víctimas de nuestros propios delirios y de nuestra capacidad de aniquilación», ha dicho a Efe el helenista Pedro Olalla, al que el Estado Griego concedió hace doce años el título de Embajador del Helenismo por sus trabajos sobre la cultura clásica.

«Ahora que nuestra capacidad de obrar es mayor y nuestra capacidad de destrucción también lo es necesitamos de esa actitud de generar ética, ciencia y cultura» y esas capacidades «no van a venir sólo del lado de la técnica, sino de las humanidades y de su cultivo», ha señalado Olalla, quien esta tarde intervendrá en un coloquio sobre su obra en la Fundación Tres Culturas y ayer lunes participó en un acto académico de la Universidad de Sevilla.

Por ese motivo ha rechazado que las humanidades se tengan por «conocimientos suntuarios, ajenos al mercado» y ha asegurado que quienes así las consideran son «quienes tienen intereses en combatir la disidencia frente al discurso dominante, por eso la filosofía sigue siendo rebelde y revolucionaria».

El humanismo es una actitud a favor de lo humano

«El humanismo es una actitud abierta y de resistencia frente la actitud de hostilidad contra el hombre, y forma parte de una tradición que nace del espíritu helenístico; el humanismo es una actitud a favor de lo humano y de la defensa de la dignidad del individuo frente al egoísmo de los individuos, una fe en su capacidad de cultivo de las cualidades naturales de cada uno», ha señalado, para añadir:

«Esa actitud de resistencia es subversiva frente a quienes están interesados en mantener el ‘status quo’ y frente a quienes gestionan lo público en favor de los intereses privados», ya que esa resistencia sinónima de humanismo lo que defiende es «el pensamiento, la razón, la crítica, la capacidad de argumentar y el diálogo» que forman parte de la tradición filosófica y humanística».

Si hay algo en la sociedad actual que escape del espíritu helenístico es «la conciencia de lo común, de lo colectivo, de lo público, que es algo que tendemos a delegar en los gestores de la política, lo que es ajeno a la tradición de la democracia activa de los griegos y que supone desembarazarnos de nuestra esencia política y convertirnos en contribuyentes, súbditos y consumidores, pero no en ciudadanos conscientes y activos».

Poco optimismo ante la guerra en Ucrania

«Hay una falta de interés real por una participación verdadera en lo común y si los ciudadanos abdican de esa soberanía siempre habrá élites e intereses que ocuparán ese espacio», ha añadido Pedro Olalla, quien ha vivido los últimos 28 años en Grecia y es autor de «Palabras del Egeo» (Acantilado), una serie de reflexiones sobre las raíces de la civilización clásica.

En Atenas y en otras polis griegas ubica Pedro Olalla el nacimiento de la ciudad «como espacio político humano y regido por la voluntad de dotar a los ciudadanos de un poder colectivo y de la gestión de lo común; un lugar donde pueda darse la justicia y una idea de ciudadanía no solo como depósito de derechos pasivos sino como partícipe de una soberanía, de un poder en el que cada cual es parte activa y responsable».

Por eso ha considerado la idea de ciudadanía de los griegos clásicos «más revolucionaria y radical» que la que tienen las sociedades actuales, en las que ese concepto de ciudadanía sería solo «una aspiración o un proyecto inconcluso».

Sobre la situación de guerra en Europa, Olalla ha confesado que optimismo no le queda mucho porque es una situación debida «al fracaso de la voluntad de diálogo, que no lo ha habido nunca» y en el que «sirviendo a la hegemonía norteamericana, Europa está siendo la segunda línea».

«Es disparatado cómo se está haciendo y cómo se está contando», ha señalado al lamentar que «no se impusiera la razón y no se hubiera disparado ni una sola bala y al concluir que «será otro fracaso pensar que la vía militar aportará algo positivo a ninguno de los bandos». EFE

Edición Web: Luis Ortega