Sarah Almagro, la campeona amputada que surfeó la tragedia

Alberto Fuentes I

Málaga, (EFE).- Una meningitis meningocócica provocó que a la surfista malagueña Sarah Almagro Vallejo (Marbella, 2000) le amputaran cuando tenía 18 años manos y pies, pero ello no ha impedido a esta joven seguir practicando su deporte preferido y soñar con «ir a unas paralimpiadas».

Almagro, vigente campeona de España de surf adaptado, acaba de sumar otra victoria en el campeonato Pro Zarautz con la mejor ola de su categoría y hace unos días daba una lección de vida en el programa de televisión ‘Got Talent’, donde explicó su historia mientras hacía un avión de papel -tiene prótesis en todas las extremidades- para demostrar que no existen los imposibles.

Cuando hace unos cuatro años su vida dio un giro radical a causa de esta enfermedad, Almagro no podía llegar a imaginar que sería lo feliz que es ahora, cuando desea una vida como la que tiene, pese a las dificultades y a terminar cada día agotada, explica en una entrevista con EFE.

Una historia de superación

Y es que Sarah Almagro está siempre ocupada. Estudia cuarto de Derecho en la Universidad de Málaga y es deportista de élite en surf adaptado, por lo que cuando no está entrenando en su mar Mediterráneo está preparando las sesiones físicas en el gimnasio.

La joven perdió sus cuatro extremidades por una meningitis que la tuvo 10 días en coma: «Me trasplantaron porque mis riñones no llegaban a funcionar del todo, fueron cinco meses de hospitales y muchas operaciones».

Su historia se ha hecho viral en toda España tras su reciente aparición en un concurso de talentos de televisión, donde lanzó una pregunta al público: «¿Y si la vida fuera tan fácil como hacer un avión de papel?». Y ella logró hacerlo, ayudada por sus prótesis, mientras contaba su historia.

«A las semanas de amputarme pensé que por qué a mí. ¿Qué había hecho para merecer esto? Pero tanto mi familia como amigos no me han permitido tirar la toalla nunca», explica orgullosa. Ahora prefiere no definir aquello como un drama y tampoco le gusta que la traten con pena o condescendencia.

Porque la marbellí es, ante todo, una joven estudiante y deportista sin límites, y así quiere que se le conozca, «no solo por sus cuatro prótesis». Las de sus manos pesan kilo y medio y las de sus pies más de dos.

Una tabla de salvación

Su historia de superación adquiere otra dimensión cuando descubre su talento para el surf, un deporte que ya había practicado de más joven: ahora es subcampeona del mundo y dos veces campeona de España de parasurfing, surf adaptado.

«El deporte quedó en un segundo plano cuando me pasó esto, hasta que mi padre me dijo que tenía que practicar alguno. ¿En serio? Lo veía imposible, pero empecé por el triatlón, el primer deporte que se me plantea», cuenta Almagro, que recuerda la importancia de una persona que se cruzó en su vida.

La surfista malagueña Sarah Almagro Vallejo posa con su tabla de surf en la playa de Cabo Pino en Marbella, en una entrevista con EFE. EFE/Jorge Zapata

«Desde los cinco años hacía bodyboard y a los 13 empecé a hacer surf. Una persona que surfeaba en la misma playa que yo se enteró de lo que me había pasado y me dijo: ‘Yo voy a hacer que vuelvas a surfear’. Cuando podía recibir visitas en casa, vino a visitarme y me convenció», explica Almagro, que tuvo que empezar de cero, en una piscina y con miedo a no ser capaz de hacerlo.

En ese reto se forjó su personalidad, a base de «cabezonería, cabeza y corazón», y gracias a ese esfuerzo el pasado fin de semana se proclamó campeona en el Pro Zarautz, su logro más reciente.

Allí se dio cuenta de que los surfistas del Mediterráneo tienen «un algo especial» que los diferencia del resto: «En Málaga hay menos olas que en otras cosas españolas, por lo que hay que ser mucho más técnicos en las maniobras con la tabla».

El sueño de las paralimpiadas

«Al final, en cada competición intento aprender algo que me pueda aportar a seguir creciendo», relata Sarah Almagro, que tiene la mentalidad ganadora de los deportistas a los que admira, como Rafa Nadal: «A las competiciones voy siempre a ganar, no a divertirme. Que luego no se diga que no me esforcé al máximo para hacerlo».

Su próximo reto es traerse el oro del campeonato del mundo que se celebra próximamente en California, un evento donde quedó subcampeona en su primera participación.

Su mayor sueño deportivo, sin embargo, es llegar a participar en unas paralimpiadas: «En 2024 el surf todavía no va a ser deporte paralímpico y en 2023 podría entrar en las listas para serlo en 2028, ojalá lo confirmen».

A pesar de lo vivido en 2018, su resiliencia está resultando clave para llevar una vida «feliz». A través de sus redes sociales, donde tiene cientos de miles de seguidores entre Instagram y TikTok, normaliza su caso, responde dudas de su audiencia… y se «expone» también a los riesgos de Internet.

«Yo también tengo ‘haters’. He aprendido que, diga lo que diga, se va a criticar. Los que verdaderamente me conocen, mis amigos, aunque no coincida con ellos en opiniones, respetan la mía. Eso no existe en las redes», reflexiona.

Falta de educación

Es un tema de educación, asegura, y lo ha vivido en primera persona: «Sé perfectamente que los niños pequeños no tienen filtros y van a decir ‘mira, mamá, no tiene brazos ni pies’. Muchas veces, los padres les giran la cabeza y miran de reojo. ¿Qué tipo de educación es esa?».

Sarah no entiende que sean los padres los que tengan más tendencia a etiquetarla por su físico: «Hay que enseñarles que, dentro del cuerpo diferente de una chica como yo, no significa que sea un monstruo. Hay gente que me ha dicho que va a tener pesadillas conmigo. ¿Cómo va a ser eso? Somos el reflejo de la educación en nuestras casas», concluye.

La lucha de esta marbellí y de sus padres ha hecho posible que la vacuna contra la meningitis se incluyera en el calendario de vacunación tanto andaluz como nacional y que se haya mejorado el catálogo autoprotésico, pero su mayor objetivo lo sigue peleando.

Se trata de lograr que Andalucía tenga un centro de referencia para amputados que dé respuesta a las necesidades de este colectivo, «desde la previa amputación a la post-amputación, ayuda psicológica, fisioterapia o prótesis», porque ella ha conocido todas esas barreras.

Sarah Almagro está terminando la carrera, es una deportista imparable y quiere «formar una familia, tener un trabajo» y poder disfrutar de la vida.

Es una chica que lleva una vida normal, con objetivos y sueños normales, y con una sonrisa que evidencia que lo peor ya pasó y lo mejor está por llegar.

Edición Web: Luis Ortega