«Tres días del 33» revive la masacre de Casas Viejas en su 90 aniversario

Alfredo Valenzuela I Sevilla (EFE).- Los días 10, 11 y 12 de enero de 1933 las fuerzas del orden mataron a 22 jornaleros en la aldea gaditana de Casas Viejas, un hecho que marcaría el devenir de la República y que el profesor y escritor Ramón Pérez Montero ha revivido en «Tres días del 33».

El tiroteo con los jornaleros anarquistas que previamente habían asaltado el cuartel de la Guardia Civil matando a dos guardias y dejando malheridos a los otros dos, y el posterior e inmediato fusilamiento por parte de las fuerzas del orden de los braceros que se enfrentaron con ellos fue el inicio del «derrumbe del edifico republicano», según Pérez Montero.

A estos hechos, ha recordado el autor, «sucedió una acción muy torpe del Gobierno de Manuel Azaña, que intentó ocultar los hechos, lo que finalmente le costó la dimisión; ya había entonces un periodismo muy aguerrido que no paró de investigar los hechos hasta descubrir toda la verdad».

Uno de aquellos periodistas fue el escritor Ramón J. Sender, que sobre estos hechos acabaría escribiendo «Viaje a la aldea del crimen».

Sender, como el resto de los periodistas que llegaron a Casas Viejas el 13 de enero, no pudo enterarse de casi nada porque los vecinos, según Pérez Montero, permanecieron encerrados en sus casas o huyeron de la aldea aterrorizados por «el espanto» de aquellos sucesos.

Huelga general

Los anarquistas planearon una huelga general en toda España para el día 10 de enero con la intención de acabar con la República y proclamar el comunismo libertario, una rebelión que sólo pasó en Casas Viejas, que quedó aislada por los propios anarquistas cuando cortaron las líneas del telégrafo.

Aquella rebelión, según el autor, era otra muestra de que la República «contaba con enemigos por ambos extremos, por el lado conservador y por el de los anarquistas y un sector de los socialistas», y que ninguno de los dos cesó en su «labor de zapa» contra un régimen que tras los hechos de Casas Viejas quedaría «tocado de muerte».

Imagen facilitada de la aldea gaditana de Casas Viejas. EFE/ Editorial Libros de la Herida SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)

«Tres días del 33», que llegará a las librerías la semana próxima, lo presentará Antonio Muñoz Molina en Medina Sidonia (Cádiz) y Juan Bonilla en Benalup -nombre con que se rebautizó Casas Viejas- en fechas que concretará próximamente la editorial Libros de la Herida.

El autor ha asegurado que la totalidad de los hechos narrados en su novela, estructurada en tres partes, una por cada día por los que se extendió la tragedia, son rigurosamente históricos.

No obstante, a la hora de levantar este «edificio narrativo» de casi setecientas páginas no ha renunciado a los recursos poéticos en las descripciones, ni al habla popular, ni a entregar la voz narrativa a algunos personajes, entre otros recursos literarios.

Descendientes de Casas Viejas

Pérez Montero es natural de Medina Sidonia, localidad donde vive y a la que en 1933 pertenecía la aldea de Casas Viejas, y aquella tragedia le ha acompañado desde su niñez.

En aquella época nadie quería hablar abiertamente del asunto, hasta ahora en la que descendientes de los protagonistas le han confirmado que asistirán a la presentación del libro en la actual Benalup.

«Todavía es una historia muy viva», ha señalado al mencionar entre esos descendientes a una nieta de María la Libertaria, uno de los personajes con más fuerza de «Tres días del 33».

María la Libertaria era nieta de Seisdedos, en cuya choza se refugiaron algunos de los anarquistas que se enfrentaron con la Guardia de Asalto y la Guardia Civil y a la que se le prendió fuego tras ser ametrallada para que no sobreviviera nadie.

El autor ha asegurado que María La Libertaria es un personaje de mucha más entidad que su abuelo, Seisdedos, nombre que ha pervivido en la memoria aunque sólo era un viejo carbonero desentendido de la política.

Sus dos hijos y su yerno fueron activos anarquistas que participaron en el asalto inicial del cuartel de la Guardia Civil y posteriormente buscaron refugio en la casa-choza familiar, donde hallarían la muerte.

María La Libertaria, una muchacha de 17 años cuando ocurrieron los hechos, se unió a un periodista gaditano con quien marchó a Madrid y tuvo un hijo para posteriormente volver a la provincia de Cádiz y ser fusilada en los primeros días de la Guerra Civil.

Edición web: Alfredo Valenzuela