Víctor Amela relata la felicidad de Lorca en Cuba y su aceptación personal

María Ruiz I Granada, (EFE).- El periodista y novelista Víctor Amela firma «Si yo me pierdo», una obra que relata los 98 días que Federico García Lorca estuvo en Cuba en 1930, más de tres meses en los que el autor de Yerma descubrió una nueva normalidad y se reconcilió con sus anhelos y su homosexualidad.

«Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba». Así resumía Federico García Lorca su pasión por una isla en la que estuvo menos de cien días que lo cambiaron todo, esa misma isla a la que viajó Amela en uno de los picos covid para buscar la voz del dramaturgo.

Víctor Amela (Barcelona, 1960) dedicó su penúltimo libro al autor de Yerma para contar la historia familiar que pudo cambiar también la historia universal de la literatura con «Yo pude salvar a Lorca» (2018).

Escenas de Lorca en Cuba en 1930

«Era un libro sobre la tragedia de Lorca y quería ofrecer otro con un final no tan triste», ha explicado a EFE el autor de «Si yo me pierdo», una publicación de Destino Editorial que es un viaje en busca de los pasos de García Lorca y de su felicidad reconstruida gracias a historiadores y estudiosos del dramaturgo.

«La novela combina escenas de 1930 protagonizadas por Federico en Cuba, todo real, documentado; yo lo único que hago es ponerlo bonito», ha explicado Amela, que alterna ese relato lorquiano con lo que ha visto en primera persona noventa años después.

Lorca en Cuba
GRANADA , 12/11/2022.- El escritor y periodista Víctor Amela presenta en Granada su quinta novela «Si yo me pierdo», acerca de Lorca y su estancia en Cuba. EFE/Pepe Torres

Porque el autor de «Si yo me pierdo» se fue a Cuba en la Navidad de 2020-2021 con la amenaza covid para buscar la voz de Lorca.
Esperaba entonces que esa voz permaneciera inmortal en aquella isla en la que Federico ofreció tantas conferencias durante sus tres meses de aprendizaje y disfrute.

Confiaba en que Manolín Álvarez, un emigrante asturiano que entrevistó a Lorca en 1930 para radiar las peripecias del andaluz por Cuba, hubiera capturado para siempre aquella voz en algún disco perdido o polvoriento.

Lorca en Cuba se reconcilia con su homosexualidad

«No la encontré, pero esa búsqueda de la voz fue un cebo para contar la voz auténtica de Lorca, una voz íntima que me sirve de metáfora», ha apuntado el autor de este libro que ahonda en ese otro Federico, el que en unos felices 98 días en Cuba se reconcilió con él mismo, con su orientación sexual y sus emociones.

«Fueron días en los que Lorca se encuentra a sí mismo y Cuba se convierte en su paraíso. Se reconcilió allí con su esencia homosexual y logró quitarse la máscara y salir de todo el encorsetamiento de su familia y de la sociedad española de entonces», ha añadido Amela.

La novela es un viaje literario y personal en el que contrasta aquella Cuba en auge, exótica y liberal, con la de ahora, como si el autor persiguiera el fantasma de Lorca en una isla que ya no es lo que era.

Recorre también los pasos del dramaturgo por cafetines, balnearios, terrazas y cantinas para inmortalizar la imagen de un Federico montado en un Ford 1930 descapotable por Cuba que se permitió ser feliz al ver sonreír a los negros cubanos.

El inicio de «El Público»

«Después de su estancia en Cuba empieza a escribir El Público, una obra que considera francamente homosexual. Se atreve a hacerla en Cuba, donde se permite por fin ser quien es», ha añadido Amela, convencido de la impronta que aquella isla regaló a Lorca y la huella de Cuba en el dramaturgo.

La obra ofrece un relato de la cuba lorquiana, esas calles de La Habana en las que Lorca compartió intimidades y sentó cátedra, y que abandonó por el convencimiento de que su España lo necesitaba, una España a la que volvió para montar la Barraca.

Amela viajó a esa Cuba para buscar la voz de Federico y volvió sin ella, pero con un retrato de un Lorca feliz. EFE