AGOSTO-SEPTIEMBRE 1936

LOS TELEGRAMAS DE JEAN HERBETTE

Tradicionalmente, el cuerpo diplomático se trasladaba en verano a San Sebastián, donde el inicio de la contienda sorprendió al embajador de Francia, Jean Herbette. Sus telegramas con París, conservados en el Centro de Archivos Diplomáticos de Francia (Nantes) y a los que tuvo acceso EFE, son muy valiosos para alumbrar el carácter de Antonio Ortega, que mientras fue gobernador civil de Guipúzcoa consiguió salvar cientos de vidas y librar a San Sebastián del destrozo y de una guerra callejera sangrienta. Aun así, no tuvo éxito con el destino de otros desafortunados a los que también intentó ayudar.

En concreto, con el de 13 de los militares que participaron en la insurrección y que sobrevivieron a los asesinatos del 30 de julio en la cárcel de Ondarreta. Fueron fusilados en dos consejos de guerra (14 y 19 de agosto de 1936) que sellarían el destino posterior de Ortega.

El contexto es importante para comprender las razones por las que se celebraron esos consejos de guerra, explica Barruso. En aquellos días, los bombardeos desde el mar por parte de los buques de guerra rebeldes ‘Almirante Cervera’ y ‘España’ causaron multitud de muertos, heridos y daños materiales en San Sebastián.

Esas acciones provocaron la ira de un sector de la población y, desde el balcón de la diputación, Larrañaga prometió justicia ante una masa enfervorizada. Por eso, se formaron los citados consejos de guerra, que, como manifiesta Barruso, se habrían evitado si el bando rebelde hubiese aceptado un trato: pararlos a cambio de detener los bombardeos sobre la ciudad.

Herbette, en una de sus comunicaciones, reflejó la preocupación de Ortega por los presos durante los primeros ataques desde el mar: «El gobernador civil me ha señalado la inquietud que le había inspirado, no los bombardeos en sí, sino la reacción que han producido: ‘Las mujeres eran las que más crueles se mostraban. Algunas pedían fusiles. Se hablaba de ir a matar a la gente de derechas para vengarse. He pasado una de mis peores noches’”, cuenta el embajador francés que dijo Ortega.

En el primer consejo de guerra, fueron sentenciados a muerte ocho militares. Ortega, junto al diputado Irujo, contactó con Madrid para obtener un indulto. Sin embargo, ante la presión popular, fueron pasados por las armas por órdenes gubernamentales. Nuevamente, los telegramas de Herbette hablan de la desesperación de Ortega: «Esto es demasiado para mí, preferiría luchar en el frente».

Los bombardeos desde el mar se repitieron y, el 19 de agosto, se celebró el segundo consejo de guerra, en el que fueron condenados otros cinco militares. Una vez más, Irujo, en virtud de su promesa de respetar sus vidas a cambio de su rendición, pidió a Madrid detener unas ejecuciones que Ortega consiguió frenar unas horas.

En su obra ‘La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto’, Irujo explica cómo se desarrollaron los últimos momentos de los cinco sentenciados del 19 de agosto: «Señalé la competencia del jefe militar de la plaza, con arreglo a lo dispuesto por el Gobierno con motivo del indulto solicitado. El gobernador civil ordenó suspender la ejecución. Suspendida, se hizo buscar al comandante San Juan. Este estuvo indeciso durante mucho tiempo. Al fin, ordenó la ejecución, que se llevó a cabo inmediatamente».

Ortega, como Gobernador Civil, firmó las sentencias, conservadas en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Fue también su condena, porque tres años después ese sería el principal argumento para ejecutar al dirigente madridista. Para Barruso, Ortega no fue el culpable de esas muertes:

«La conformidad de los fusilamientos no es de Ortega. Es de Madrid, desde donde dictaron que se cumpliera la sentencia. Ortega, por tanto, no tiene la culpa. De hecho, se dedicó a salvar la vida a mucha gente junto al embajador de Francia. Es como decir… ¿Es el rey responsable de la amnistía? Pues sí, porque la ha firmado él. Pero no es el responsable».

Aunque Ortega no pudo evitar aquellas muertes, otros documentos desvelan que sí logró salvar muchas vidas mientras fue gobernador civil de Guipúzcoa. Por ejemplo, la del Conde de Romanones, quien al inicio de la guerra se encontraba de vacaciones en San Sebastián.

 

En un despacho del 19 de agosto de 1936, Herbette confirma que Ortega fue a buscar al aristócrata a Fuenterrabía. Encarcelado y con la seria amenaza de morir fusilado, fue trasladado al Palacio de la Diputación, donde fue custodiado por cuatro hombres de confianza “para evitar cualquier tentativa de asesinato».

El hijo de Ortega, en sus memorias, cuenta cómo terminó la operación: «Mi padre llevó personalmente al conde de Romanones a Francia en su coche oficial de gobernador civil después de haberle protegido». De ese modo, entre Herbette y Ortega, salvaron a un reconocido monárquico que, entre otros cargos, fue alcalde de Madrid y presidente del Congreso y del Senado.

Ya el 3 de septiembre, a nueve días de la caída de San Sebastián en manos sublevadas, el embajador trasladó a Ortega las protestas de dos diputados franceses al presidente del Gobierno por la actitud de las autoridades republicanas de Fuenterrabía, que prohibieron huir a las mujeres y a los niños de sus adversarios políticos mientras la ciudad era bombardeada desde el aire por el bando rebelde:

“He enseñado hoy confidencialmente al gobernador civil el texto del telegrama pensando que con un oficial honesto y humano como él, era la mejor manera de suavizar las medidas según sus posibilidades […]. El resultado (de los bombardeos) ha sido una violenta irritación de la población. El gobernador ha telefoneado delante de mí a las autoridades locales para disuadirles encarecidamente de proceder a la ejecución de rehenes. Se ha dirigido a ellas en un lenguaje firme y sensato que ha parecido convencerles”.

Pocas fechas después, mientras el avance del ejército rebelde era imparable, y ante la llegada inminente de las tropas franquistas a San Sebastián, Ortega volvió a preocuparse por los presos, quienes nuevamente estaban en peligro de caer en manos de descontrolados con ganas de sangre. Decidió sacarlos de la ciudad para ponerlos a salvo.

«Ya se había tomado la decisión de embarcar a todos los rehenes y detenidos políticos en un barco con la finalidad de sustraerlos a tentativas de liquidación. Este barco será dirigido hacia Bilbao […]. Me ha dado la impresión de que el gobernador civil hacía todo lo que podía para salvar a la ciudad del incendio y a los rehenes de la muerte […]. Si no me equivoco, hay 600 vidas a salvar”, escribió Herbette.

Finalmente, el 12 de septiembre, San Sebastián cayó en manos insurrectas y el diplomático francés mandó un último despacho con halagos hacia Ortega: «Ha salvado muchas vidas […]. Las disposiciones que ha tomado en los últimos momentos lograron que San Sebastián no fuera destruida por los incendios y ensangrentada por las masacres […]. En un mes, el señor Ortega se ha labrado, en plena adversidad, una figura heroica que jamás olvidarán los que han sido testigos de su sencillez, de su valentía y de su humanidad. Su lenguaje ha sido digno de la grandeza de espíritu que ha mostrado desde su entrada en funciones […]. Ha salvado su honor”.

Desde el Gobierno valoraron el trabajo de Ortega en Guipúzcoa, y, con los rebeldes amenazando Madrid, se incorporó a las Milicias Vascas Antifascistas. Sus primeras acciones en Boadilla del Monte, afirma su hijo, impresionaron al jefe de la Defensa de Madrid, el general José Miaja, y a su jefe de Estado Mayor, el teniente coronel Vicente Rojo. Tras caer herido de gravedad el coronel Emilio Alzugaray, ambos nombraron a Ortega jefe del batallón con la misión de defender los sectores más críticos de la capital.

Agencia EFE

Idea original, investigación y redacción:  Juan José Lahuerta
Fotografías: Fotos cedidas por la familia de Antonio Ortega; Archivo EFE, Kiko Huesca/Morell; Kutxateka, Fondo Foto Marín/Pascual Marín; Ministerio de Europa y de Asuntos Exteriores de Francia, Centro de Archivos Diplomáticos de Nantes, Madrid. Ministerio de Defensa. Archivo General e Histórico de Defensa (AGHD). Fondo Justicia Militar.
Audiovisual: Beatriz Naya y María Abad.
Web: María Abad / Equipo de Desarrollo de EFE
Apoyo: Contenidos Digitales, Desarrollo y Documentación de la Agencia EFE.
Agradecimientos: Gabriela Echeverría, Pedro Barruso, David Jorge, Kiko Huesca, Javier López y Álvaro Vivar por su paciencia infinita, dedicación y ayuda.

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