Isabel San Sebastián: En España conocemos muy mal nuestra historia

Naiare Rodríguez Pérez

Zaragoza (EFE).- La periodista y escritora chilena Isabel San Sebastián considera que en España se conoce «muy mal» su historia e incide en su novela «La dueña» en la importancia de transmitir el conocimiento entre generaciones porque “la sabiduría y la experiencia de los mayores son cruciales”.

San Sebastián, que lleva “mucho tiempo reivindicando el papel de las mujeres en la historia”, destaca que “para repoblar hacen falta madres y abuelas”, sin las que “no habría futuro” y aunque en las crónicas no estén presentes.

El papel de la mujer en la historia

Pregunta: ¿Cómo surge la idea y la perspectiva de esta novela?

Respuesta: Es una continuación de un proyecto que emprendí hace unos años. Quería novelar toda la Reconquista. Empecé en el siglo IX en la cornisa cantábrica y ahora he llegado a la frontera del Duero. Después retrocedí otra vez para contarla a través de dos sagas familiares que pretenden llegar hasta Granada.

P: Este libro da voz a todas aquellas mujeres que estuvieron en la Reconquista. ¿Sirve como golpe en la mesa para decir que están presentes?

R: En todas mis novelas pretendo hacerlo. Las protagonistas suelen ser mujeres porque quiero reivindicar su papel en la historia. En España el matriarcado siempre ha estado muy presente y se ha ido impregnando en el norte antes de la cristianización y de la romanización. Para repoblar hacen falta madres y abuelas, esa presencia de mujeres en el terreno cultivando, cuidando y batallando, que es lo que hace mi protagonista. No están en las crónicas oficiales porque la mayor parte de ellas las escribieron clérigos al servicio de otros clérigos o de reyes. Pero tenían protagonismo en la vida diaria con la defensa de la tierra, por ejemplo.

P: En definitiva, no olvida las historias pequeñas y anónimas…

R: Así es porque aunque no aparezcan están ahí. La historia de verdad se teje con hilos finos. La repoblación, en este caso, fue casi más importante que la batalla y ahí las mujeres tenían un papel importante porque muchos hombres morían y quienes se tenían que hacer cargo eran ellas. Sin ellas no habría futuro. En la novela están encarnadas en Auriola, que pasa por todas las fases y cumple su papel como hija, madre y abuela.

La importancia de conocer la historia

P: En cierto modo, se ha intentado ocultar el pasado o se ha tergiversado. ¿Por qué cree que ha sido así?

R: Ahora se ha borrado la Historia Medieval de los programas de bachillerato y la Historia de España se empieza a estudiar en 1812, lo cual es una barbaridad. No solo es nuestro pasado, sino que saber de él es darnos una herramienta para comprender lo que somos. Si no conoces tu pasado o no entiendes el país en el que vives es muy difícil todo. Con las historias de mujeres, las crónicas están escritas en un tiempo muy misógino. Aunque la sociedad fuera misógina no quiere decir que la mujer se dejase dominar. Ellas tenían una larga y antigua tradición de empoderamiento y tenían que llevar a cabo tareas muy duras y arriesgadas en la frontera.

P: ¿Considera que en España conocemos realmente nuestra historia?

R: España es uno de los países que peor cuenta su historia. Probablemente eso explica el auge de la novela histórica, que cada vez se vende más. Si la explicamos de forma amena y entretenida, mucho mejor.

P: En lo escrito hay parte del escritor. ¿Qué hay de usted en ‘La dueña’?
R: Hay mucho de mí en Auriola y de mi madre, claro. Es una simbiosis. Para mis personajes femeninos me inspiro en mi propia experiencia. Admiro mucho la lealtad, la valentía y la capacidad de sobreponerse a la adversidad. Ella también tiene algunos de mis defectos como la impaciencia, el mal genio o lo mandona que es.

El legado

P: Abarca las peripecias vividas por varias generaciones de una misma familia. ¿Cómo de importante es la transmisión de conocimiento y guardar el legado de personas que ya no están?

R: Es crucial. Más allá de la historia con mayúsculas, la novela empieza con una abuela contándole a su nieto lo que hizo su abuelo y termina con una abuela de otra generación. Es lo que he hecho con mis hijos siempre. Yo perdí a mis padres muy pronto, cuando mis hijos eran muy pequeños, y me he pasado la vida manteniendo viva su memoria. Para mí es fundamental mantener vivas a las personas que amamos a través del recuerdo y pasárselo a las generaciones siguientes que no tuvieron oportunidad de conocerlas. Es un acto de amor hacia los que se han ido y hacia los que no estuvieron ahí.

Editado por Lourdes Sarsa