El arte y el teatro, una «posición de fuerza» en medio de la guerra ucraniana

Cristina Magdaleno

Agüimes (Gran Canaria) (EFE).- Cuando del cielo caen bombas y alrededor solo hay ciudadanos con amigos y familiares en el frente, el arte, la cultura y el teatro se convierten en una «posición de fuerza» en medio de la guerra, una trinchera desde la que «repensar cuáles son las cosas valiosas de la vida» y «hacer algo útil», según expresa la actriz ucraniana Anabell Sotelo.

En una entrevista con EFE minutos antes de interpretar la obra «El libro de las sirenas» y participar en un coloquio con un centenar de escolares con motivo del Festival del Sur-Encuentro Teatral Tres Continentes, Sotelo define el arte y la cultura como una «fuerza» que se interpone entre la guerra y que le ayuda a «tener voz y relatar o testificar lo que ocurre»

«Me ayuda a no sentirme débil porque la guerra implica la pérdida de los sentidos. Te comportas como si nada fuera más importante, todo cambia y aparece un instinto básico de supervivencia», destaca la actriz, cuya obra es una adaptación de «La ladrona de libros», de Markus Zusag, que tiene lugar durante la Segunda Guerra Mundial y que le permite hacer paralelismos entre ambos conflictos.

La actriz montó la obra durante el primer mes de guerra, en un teatro situado en un sótano que le sirvió de refugio para varias decenas de personas en esos primeros treinta días, donde estuvieron varias semanas durmiendo en sacos de dormir y alimentándose de latas.

La actriz ucraniana Anabell Sotelo durante la representación de su obra «El libro de las sirenas», en Agüimes (Gran Canaria) EFE/Ángel Medina

Aunque Sotelo continúa viviendo en Kiev, donde la situación ha mejorado en los últimos meses pese a que esta semana ha vuelto a haber bombardeos, sale varias veces al mes a varios destinos europeos para interpretar la obra, lo que le da la oportunidad de «crear diálogos y lazos».

«Hemos hecho en verano varios cursos de primeros auxilios, de guerra, de combate, pero no siento que ese sea mi lugar. Con el arte tengo mi propia lucha», señala la actriz, que define la Kiev actual como una ciudad «muy herida» que «pretende sonreír al mundo y decir que está bien», pero donde la situación «sigue siendo complicada».

«Me encanta el humor que existe en la ciudad después de estos meses. Lo cojo y lo llevo conmigo, junto a ese espíritu de resistencia y organización. Si en febrero había pánico, ahora es más tranquilo. Se hacen más bromas, incluso memes y espero que eso no se pierda en el futuro porque combina muy bien con el espíritu de lucha y determinación», relata Sotelo.

En los coloquios con el público, abunda, siempre hay varios temas que aparecen, como el paralelismo entre guerras, donde los sentimientos de las personas que las sufren «son muy parecidos» independientemente del lugar.

«En España escucho muchos relatos relacionados con la memoria intergeneracional sobre la Guerra Civil o el terrorismo de ETA. En Alemania es diferente cuando hablamos de la Segunda Guerra Mundial, pero siempre se logra conectar», indica Sotelo.

Opina además que con el teatro se puede estar más cerca de los sentimientos, «más allá de las cifras y las fotos de destrucción y muerte».

Sotelo resalta asimismo que la obra también pone en valor el arte, casi en el centro de la historia, porque la niña protagonista sobrevive gracias a que empieza a leer.

La actriz ucraniana Anabell Sotelo en una entrevista con EFE minutos antes de representar su obra «El libro de las sirenas», en Agüimes (Gran Canaria) EFE/Ángel Medina

«El arte, la educación, la comunicación y la cultura son los instrumentos más poderosos, aunque a veces se pongan de lado porque la política o el dinero lo ocupan todo y parecen asuntos más importantes», reflexiona.

A su juicio, es importante que la sociedad aborde asuntos como la verdad, las emociones o los sentimientos porque «muchas veces, la sociedad educa para que lo más cómodo sea decir lo que otros quieren escuchar y no expresar lo que tenemos dentro».

«Ese hueco entre la verdad que sentimos y lo que sale al exterior es muy grande y el arte y la educación ayudan a crear un puente para mantener un diálogo respecto a ello, que es esencial. La guerra al final es la ruptura del diálogo, es el aislamiento, la imposibilidad de comunicación…», concluye la actriz ucraniana. EFE