El error que ofrece una segunda oportunidad al mayor granero prehispánico de Canarias

José María Rodríguez

Santa María de Guía (Gran Canaria) (EFE).- Cuando hace medio siglo las autoridades acondicionaron el Cenobio de Valerón para que los turistas pudieran visitar cómodamente en lo alto de un barranco el mayor granero prehispánico de Canarias no eran conscientes del error que cometían… ni mucho menos de que, a la larga, estaban ofreciendo una segunda oportunidad a la arqueología.

El Cabildo de Gran Canaria ha presentado este martes los materiales aborígenes que se han recuperado al empezar a retirar la pasarela que se construyó en 1974 para transformar una ladera casi vertical, con una caída de cientos de metros, en un cómodo acceso a ese singular granero excavado en toba volcánica, con aspecto de colmena humana por sus enormes dimensiones y sus casi 350 silos.

Los arqueólogos ya disponían de testimonios de trabajadores de la época que detallaban que buena parte los cientos de toneladas de «escombro» que hubo que acopiar para rellenar el talud que sostiene el acceso procedía del interior de los silos del granero, que fueron vaciados sin muchos miramientos. Así que también sospechaban que bajo sus pies, literalmente, había un tesoro.

En las primeras semanas de trabajo, han recuperado de esas tierras de relleno trozos de cerámica, tanto prehispánica, como de los primeros años de la Conquista; huesos de cabra, oveja y otros animales domésticos, punzones óseos, morteros y molinos manuales, filos de obsidiana, pequeños ídolos y varias pintaderas, los sellos con formas geométricas típicos de la cultura canaria aborigen.

Los responsables de la excavación muestran cómo será la nueva pasarela de acceso al Cenobio de Valerón. EFE/Ángel Medina G.

Si todos esos elementos pasaron desapercibidos a quienes vaciaron a las bravas unos silos de 800 años de antigüedad, más aún los miles de semillas de higo y granos de trigo y cebada de aquellos tiempos, que ahora van a permitir abrir nuevos estudios sobre los hábitos alimenticios de los primeros habitantes de la isla y sobre las variedades que trajeron con ellos desde el norte de África.

«Esta intervención se hizo en 1974, casi en los mismos años en los que se acondicionó la Cueva Pintada (el principal yacimiento de la isla, con importantes testimonios de arte aborigen), en unos años en el que el turismo era incipiente en España y se pensó en preparar el lugar para los turistas», explica Valentín Barroso, codirector de Arqueocanarias, la empresa que se ocupa de la nueva excavación.

Preparar el Cenobio para los turistas no solo implicaba construir escaleras y pasos a un enclave casi inaccesible que los antiguos canarios habían elegido para convertirlo en su despensa precisamente por eso, por su condición de fortaleza natural, sino también «dejar las cuevas limpitas para que se pudieran ver», remarca Barroso.

Los restos de aquel expolio irreflexivo de los años del desarrollismo constituyen el material que ahora aflora en la nueva excavación. Al estar todo removido y alejado de su contexto original, no podrá saberse de qué silo concreto procede cada pieza, hueso o semilla, pero todo ese material junto supone toda una promesa de nuevos conocimientos para los arqueólogos.

«Sin haber terminado la excavación ni haberlo estudiado en detalle, nos está dando ya información superimportante para poder interpretar este espacio y otros graneros que existen en Gran Canaria», detalla Barroso. Por ejemplo, que en los graneros aborígenes no solo se guardaban cereales e higos, sino también elementos de cerámica. ¿Para qué? Esa pregunta aún está abierta.

El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales (2i), observa los restos arqueológicos recuperados al retirar el relleno realizado en el yacimiento en 1974. EFE/Ángel Medina G.

Los arqueólogos se reconocen «impresionados» por la cantidad de cerámica que han encontrado, «no solo vasta sino también cerámica pintada y decorada de mucha calidad» que no está en su contexto natural, como puede ser una casa, sino en un granero colectivo.

«También nos llama la atención la obsidiana, esos fragmentos de vidrio volcánico de unas dimensiones bastante grandes que nos hacen pensar si a lo mejor este lugar pudo ser un centro donde se distribuían este tipo de piedras… Pero eso es una hipótesis que hay que estudiar y demostrar», apunta el director de Arqueocanarias.

El presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, ha explicado que, al mismo tipo que avanza la nueva excavación, se irán retirando los muros y el talud que se instalaron en los años setenta para sostener el acceso al yacimiento. En su lugar, se colocarán voladizos transparentes, que devolverán al visitante la impresión natural del enclave: su aspecto de escarpe inaccesible, donde solo mirar hacia el fondo del barranco produce vértigo.

Y los materiales arqueológicos recuperados darán pie a nuevos estudios y enriquecerán las colecciones sobre los primeros habitantes de la isla que atesora el Museo Canario. EFE