El físico Blas Cabrera recibe en su tierra un entierro alegre por la ciencia y la memoria

Andrés Campos Palacios

La Laguna (Tenerife) (EFE).- No ha habido lágrimas de tristeza, pero sí de emoción, en el entierro en su tierra canaria de los restos del científico Blas Cabrera Felipe, muerto en el exilio en México en 1945: «Los entierros no son momentos alegres, pero este sí».

Son palabras de Luis Blas Cabrera, nieto del gran físico español de la primera mitad del siglo XX, amigo de Einstein y de Curie, cuyas cenizas, junto a las de su esposa María Sánchez, su hijo Blas y su nieta Rocío han sido inhumadas este sábado en el cementerio de San Luis, en La Laguna (Tenerife), tras su traslado desde México.

La familia de Blas Cabrera, el Ayuntamiento de La Laguna, la Universidad de La Laguna y el Consulado de México han colaborado para este final «alegre», como han coincidido en celebrar todos los protagonistas.

Nació en Arrecife (Lanzarote) en 1878 y su niñez y juventud las pasó en La Laguna, antes de doctorarse en Ciencias Físicas en Madrid, donde fue rector de la Universidad Central, presidente de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, miembro de la Sociedad Española de Física y Química y miembro de la Academia Española.

En 1937 se exilió en Francia, país que abandonó para trasladarse a México en 1941, el mismo año en el que el régimen franquista le desposeyó de todos sus títulos y reconocimientos académicos, que no le fueron restituidos por el Gobierno español hasta 2018.

Franco nunca le permitió volver y únicamente autorizó que en 1941 cruzara el país en tren para embarcarse en Lisboa hacia México, según rememora su nieto Luis Blas.

Desde Irún a la frontera portuguesa no pudo bajar del tren «ni a tomar un café», para que no pisara suelo español, y solamente sus hermanos José, Juan y Guillermo pudieron acompañarlo en el trayecto.

Momento en el que los descendientes de Blas Cabrera depositan sus cenizas en La Laguna (Tenerife). EFE/Ramón de la Rocha

«A mi padre, que era el único de sus hijos que estaba en la península, no le dejaron subir y despedirse de mi abuelo», lamenta Luis Blas.

En México Distrito Federal, donde falleció en 1945, vivió con su familia en un apartamento pequeño en la Avenida de los Insurgentes, y al poco tiempo se mudaron «a un pisito un poco mejor, también modesto» en la Plaza de Río de Janeiro. México le dio una cátedra que le permitió enseñar en la Universidad mientras él y su legado eran olvidados por España.

Jorge Méndez Ramos, profesor de física de la Universidad de La Laguna y uno de los artífices del regreso de los restos de Cabrera, esboza cuál es ese legado: «Se le conoce como el padre de la física española porque fundó el primer instituto de investigación en física, pero también se puede decir que es uno de los padres de la física cuántica, de la nanotecnología que nos rodea ahora, amigo de Einstein, de Curie, de Schrödinger, de Bohr…».

«Ahora que se habla de las tierras raras, él estudió el magnetismo de las tierras raras hace cien años. Cuando nos vamos a hacer una resonancia magnética en un hospital, la ciencia de Blas Cabrera está detrás», resalta.

«Es necesario seguir recuperando una memoria que fue borrada y de la que cualquier país debe sentirse orgulloso», reivindica.

Méndez acaba de dirigir el congreso científico SHIFT 2022 de la Universidad de La Laguna, centrado en los campos de la nanotecnología y la fotónica y con la presencia de científicos de 80 universidades de 29 países.

Y este es otro motivo de alegría para Méndez, que el regreso de coincida con este simposio internacional, justamente porque Blas Cabrera, antes de la Guerra Civil, estaba preparando un congreso sobre ciencia en La Laguna para septiembre de 1936 que nunca se celebró.

La siguiente lucha de Jorge Méndez es apoyar a la familia de Blas Cabrera en la recuperación de un importante manuscrito que el científico concluyó en México, «Historia de la Física», que en algún momento fue prestado para una exposición y se quedó en manos privadas.

Ese manuscrito es de «un gran valor patrimonial histórico» para el país, por eso hay que recuperarlo, pero no resulta fácil, como reconocen los descendientes de Blas Cabrera.

El exilio de tantos españoles acogidos en México fue «una pena para España, pero una gran riqueza para nosotros», comenta tras el entierro la cónsul honoraria de México en Canarias, María Ángeles Baca Herrejón. «Uno de mis grandes profesores fue un economista republicano, formó a la Ángeles que hoy existe».

La biznieta y el nieto de Blas Cabrera, Marta Cabrera (d) y Luis Cabrera (i), trasladan los restos del científico canario Blas Cabrera, al cementerio de San Luis, en La Laguna (Tenerife). EFE/Ramón de la Rocha

La cónsul recibió el encargo del Ayuntamiento de La Laguna para traer los restos de Blas Cabrera y viajó para México «cargada de papeles» que le facilitó la familia.

Con la buena fortuna de que en el camino solo encontró «personas que querían ayudar», como los profesionales de la Funeraria 2 Norte, que se portaron «fabuloso».

Ella misma y su marido escogieron las urnas de mármol mexicano en las que reposan las cenizas de la familia Cabrera tras su exhumación en México, de la que doce personas fueron testigos.

«México cuidó a Blas Cabrera, lo acogimos con amor durante 85 años, y México lo trajo a Canarias porque tiene que descansar en su tierra. Somos hermanos y ha sido un honor participar en este momento tan feliz», proclama María Ángeles Baca.

La «alegría y la ilusión» por «hacer justicia con la historia» eran los sentimientos que quería trasmitir también el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, en este entierro.

«Blas Cabrera vuelve a donde quiso estar en sus últimos días, al municipio que le dio la oportunidad de convertirse en uno de los físicos más importantes de la historia universal. La familia, el Ayuntamiento, la Universidad y el Consulado hemos conseguido que sus restos y los de su familia descansen en su tierra». EFE