La batalla británica por la neutralidad española: espías, rumores… y curas

Cristina Magdaleno Galdona

Las Palmas de Gran Canaria (EFE).- En los cuantiosos esfuerzos realizados por el gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial para que España no entrara en la contienda y se mantuviera neutral, el despliegue de una intensa red de espías y diplomáticos que facilitaba e, incluso, diseñaba la difusión de propaganda fue una de sus principales herramientas.

Los espías, de la mano de algunos colaboradores, consiguieron una amplia red de difusión de rumores, mentiras y propaganda, un logro para el que contaron con ayuda inesperada: una red de curas, especialmente del País Vasco, Aragón, Cataluña o La Rioja, donde el obispo de Calahorra incluía en sus sermones condenas explícitas a las tendencias paganas del nazismo.

Así, los británicos organizaron una importante red de contactos clericales, formada principalmente por obispos, sacerdotes y mensajeros simpatizantes que coordinaban la celebración de conferencias y retiros, preparaban sermones politizados e impulsaban campañas persuasorias. De hecho, muchos de los sacerdotes realizaban viajes y visitas regulares para organizar la distribución de propaganda, recibir información y propagar la red de católicos antinazis.

Sobre el papel propagandístico que desempeñó el país aliado en territorio español y sus esfuerzos para dominar la opinión pública ha realizado una investigación y ha publicado un libro («Bajo las zarpas del león») la investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Marta García Cabrera, que compara la evolución de la propaganda británica en España en la Segunda Guerra Mundial en relación con la Primera.

En una entrevista con EFE, García Cabrera apunta que para Gran Bretaña, uno de sus principales objetivos, especialmente en la Segunda Guerra Mundial, es convencer, más allá de a los opositores del régimen franquista recién instaurado -un grupo mermado por la Guerra-, a aquellas partes de la sociedad más próximas a Franco, por lo que sus acercamientos a las élites religiosas, vinculadas principalmente a la burguesía, no eran casuales.

Aunque también se movían en círculos de trabajadores y en el diminuto movimiento obrero que apenas había conseguido sobrevivir a la Guerra Civil, la maquinaria de propaganda británica se hacía fuerte en los encuentros sociales, en los hoteles, casinos, centros cívicos, en las tertulias, en los cafés, en las barberías e incluso en las peluquerías, uno de los lugares desde donde intentaban convencer a un público que consideraban clave: las mujeres.

En el plan de los británicos, convencer a las mujeres en entornos como las peluquerías y los mercados era la antesala para convencer más adelante a sus maridos, todo ello, recuerda García Cabrera, en un contexto «de enorme vigilancia por parte de la Policía, la Falange y el Gobierno de Franco».

Vía libre a la propaganda nazi, detenidos por oír la BBC

Debido a esa persecución política, añade la investigadora, el intercambio de información y propaganda era «muy clandestino, muy soterrado», casi «mano a mano», mientras el régimen trataba de obstaculizar por todos los medios la propaganda británica, especialmente perseguida durante los primeros compases de la guerra, cuando los mensajes nazis «tenían vía libre» y no se quería «alarmar» a la Alemania de Hitler por la cantidad de propaganda británica que campaba en España.

Sin embargo, tras la derrota del ejército de Hitler en Stalingrado y la entrada de Estados Unidos en la batalla, los británicos perciben cierto relajamiento hacia sus actividades propagandísticas por parte de las autoridades franquistas, inseguras sobre el devenir de la guerra una vez que la victoria del Eje deja de estar clara, por lo que Gran Bretaña redobla sus esfuerzos a partir de este punto.

«En España hasta ese momento se obstaculizaba la propaganda aliada británica y estadounidense. Se persigue, se encarcela, se prohíbe, se destruye, se incauta. Hay muchísimos detenidos españoles simplemente estar oyendo la BBC», destaca García Cabrera, que agrega que desde el debilitamiento de los nazis, incluso se produce un cambio de ánimo en cómo reciben los españoles, que se vuelven más amables a su propaganda y a sus mensajeros.

La investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Marta García Cabrera charla con EFE sobre su libro "Bajo las zarpas del león". EFE/Elvira Urquijo A.
La investigadora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Marta García Cabrera charla con EFE sobre su libro «Bajo las zarpas del león». EFE/Elvira Urquijo A.

Malos augurios económicos y propaganda de atrocidades

Los principales temas en los que incidía la propaganda que Gran Bretaña introducía en España pasan a ser la delicada situación económica y las perspectivas de hambruna entre la población, ya muy castigada tras la Guerra Civil. En sus mensajes, los británicos ponían el foco en el desabastecimiento de comida y vinculaban la guerra con el desolador escenario económico en el que se desenvolvía España.

Desde la oficina británica de propaganda, otra de las líneas de actuación era la conocida como «propaganda de atrocidades», «un elemento muy feroz» que se utilizaba para hablar de mutilación de niños, migraciones forzadas, gaseamiento de niños en escuelas o la violación de mujeres.

El objetivo: trasladar la idea de que «te puede pasar a ti», una estrategia que la autora considera «clásica» de este tipo de conflictos y que se ha podido ver recientemente, por ejemplo, con la guerra de Ucrania.

Asimismo, Gran Bretaña llegó a formular entre tres y cuatro escenarios posibles para poder diseñar su propaganda y tener mensajes más efectivos en el caso de que España dejara de ser neutral y tuviesen que tratarla como un país beligerante y enemigo.

También diseñaron planes en el caso de que Canarias hubiese sido ocupada por los nazis o en función de lo que sucediese con Gibraltar. García Cabrera, además, ha llegado a documentar los planes de Gran Bretaña para volar por los aires varios buques vinculados con la Alemania nazi que se abastecían en Canarias, y concluye que todos estos elementos habrían obligado a Gran Bretaña a reorientar su política de propaganda. EFE