La víctima del crimen de Puerto Rico tenía la cara destrozada a puñetazos

Las Palmas de Gran Canaria (EFE).- Un perito de la Guardia Civil ha afirmado este martes que la víctima del presunto asesinato machista cometido en abril de 2019 en Puerto Rico (Mogán, Gran Canaria) tenía la cara «hecha un cristo», con heridas compatibles con haber sido golpeada, en su opinión, «a puñetazo limpio».

Así lo han corroborado ante la Audiencia de Las Palmas durante la segunda sesión del juicio los peritos de criminalística la Guardia Civil que estuvieron presentes y tomaron muestras el día del suceso en la vivienda que el acusado, Lars E.A., y su pareja, la víctima, ambos suecos, compartían en el sur de Gran Canaria, un domicilio del que dijeron que estaba lleno de suciedad, basura y botellas de alcohol.

La víctima, según han ahondado los profesionales de la Guardia Civil, tenía hematomas por todo el cuerpo, en la cara principalmente, así como en los brazos y el costado, todos ellos «de la misma coloración», lo que indicaría que fueron realizados en un mismo momento.

«La cara la tenía hecha un cristo a base de golpes, de pecho hacia arriba especialmente, con una herida en la parte superior de la cabeza. Así como señales de haber presionado el cuello de la víctima», han abundado los peritos, que han insistido en que lo impactante de la escena del crimen era la cara de la víctima, «machacada con un objeto romo que puede ser a puñetazo limpio».

En la casa, han dicho, no se encontró ningún arma u objeto compatible con los golpes, mientras que en las manos de Lars E.A. se hallaron restos de ADN de su pareja, con la que según los peritos de la Guardia Civil «se cebó en su rostro».

Ese día también constataron que había sangre en el dormitorio, en el salón, en el baño o en el marco de algunas puertas, que estaban asimismo golpeadas, aunque no necesariamente durante el día de los hechos.

«La muerte fue violenta. No observamos nada que indicase lo contrario», señalaron los cuatro peritos presentes, que a bote pronto no percibieron signos de embriaguez en el detenido, aunque admiten que apenas tuvieron contacto verbal con él, principalmente por la barrera idiomática.

Por su parte, un perito del Instituto de Medicina Legal ha afirmado que se encontró ADN de Lars E.A. en las uñas de la víctima, así como en el cuello y en la parte de atrás de la cabeza.

A lo largo de la sesión también han testificado varios vecinos que conocían a la pareja y que hicieron referencia a la frecuencia con la que ambos consumían alcohol y drogas, especialmente en las fechas cercanas al suceso, si bien señalan que al principio de llegar a la vivienda la situación era más normal.

La persona que llamó al 112, que realizaba una reforma en una vivienda cercana, ha relatado que se encontró al acusado en la calle y éste le dijo «mi mujer muerta», tras lo cual el detenido habría acudido a una tienda cercana a comprar una botella de alcohol.

«Recuerdo que yo iba a empezar a trabajar y él salió y me dijo eso y nada más: ‘mi mujer muerta'», ha apuntado el testigo, que acto seguido avisó al 112.

Otra vecina, también de nacionalidad sueca, ha detallado que tuvo trato con ellos en el primer semestre tras llegar la pareja, entre 2017 y 2018, cuando las cosas parecían «estar bien», aunque ha dicho haber reducido el contacto en el siguiente año por la gran cantidad de alcohol que ingería la pareja, especialmente Lars E.A.

Esta persona, además, mantenía contacto telefónico con la madre de la víctima, que en algunas ocasiones le hizo referencia a las presuntas palizas que le daba el acusado, aunque la testigo dijo no haberlas visto nunca, si bien la noche previa de la muerte oyó una fuerte discusión entre ambos.

De la víctima, esta vecina ha indicado que siempre «tenía dolores corporales» y que, el día de los hechos, Lars le dijo que «se había caído».

Preguntada por si vio al procesado borracho aquella mañana, como él alegó durante la primera sesión del juicio, dijo que es cierto que estaba bebido «pero no borracho», y que en ese momento le manifestó que la gente iba a pensar que lo había hecho él.

En esta sesión también intervinieron la médica del centro de salud de Arguineguín y la agente de Guardia Civil que en junio de 2018, casi un año antes del presunto crimen, activaron el protocolo por violencia de género después de que la víctima acudiese al centro de salud con lesiones, principalmente en la cara.

Aunque se mostró cohibida tanto en el centro de salud como en el cuartel y en un principio manifestó haberse caído, finalmente, y según se recoge en los informes de aquel momento, la víctima dijo que los golpes se los había producido su marido a base de puñetazos.

En aquel momento la víctima no quiso formular denuncia, aunque la Guardia Civil lo hizo de oficio.