Aaron: De Maryland a Cantabria para enseñar inglés y comprender costumbres

Colindres (EFE).- A sus 22 años, Aaron Schweitzer tenía claro que debía abandonar su casa en Maryland (EEUU) y vivir una temporada en un país de habla hispana si quería perfeccionar la lengua de Cervantes, lo que no se imaginaba es que en Cantabria iba a descubrir parte de los tópicos culturales de los españoles que no aparecen en los libros .

«¿La tortilla? Está rica, pero no pensaba que se comía todo el tiempo, para desayunar, almorzar, merendar e, incluso, cenar», bromea Aaron en una entrevista a EFE, en la que reconoce también que aún le cuesta planificar las coladas y dejar la ropa mojada en el tendedero, porque en Estados Unidos lo habitual es utilizar una secadora para ponértela cuanto antes.

Este joven enamorado de la lengua española, con la que se expresa a la perfección, es uno de los 164 auxiliares lingüísticos llegados en octubre a Cantabria para enseñar, en su caso, la lengua inglesa y la cultura estadounidense a los alumnos del instituto Valentín Turienzo, de Colindres, durante el curso educativo.

Sus coqueteos con el castellano comenzaron como «pasatiempo» en la pandemia del coronavirus, cuando empleaba las eternas horas libres en formarse en el idioma a través de plataformas digitales, series y la lectura de novelas.

No obstante, en la universidad, además de obtener el grado en Económicas y Ciencias Políticas, se matriculó en asignaturas impartidas en español para lograr un conocimiento más académico del lenguaje.

Diferencias entre inglés y castellano

«Es curioso porque allí a los profesores les hablamos de usted y utilizamos previamente ‘Mr. o Mrs.’ para dirigirnos a ellos, pero en el instituto de aquí ese trato es distinto», explica Aaron, que detecta un abuso de las «palabrotas» entre los jóvenes españoles cuando dialogan fuera de las clases, dentro del ámbito cotidiano.

También le llama la atención de la cultura española el contacto como parte de la comunicación entre las personas, incluso, los dos besos que nos damos para saludar, ya que, para él, ese tipo de prácticas en Estados Unidos se limitan al círculo familiar.

Dentro del abanico de posibilidades, seleccionó Cantabria como destino de su primera aventura en el extranjero porque buscaba regiones «tranquilas», afín al estilo de vida que le gusta llevar.

EFE/Miguel Ramos.

Además de la gastronomía y los productos, le está maravillando sus gentes, la naturaleza del entorno, el incontable patrimonio histórico del que ellos carecen o el clima, que se lo esperaba «más lluvioso y gris» hasta que ha llegado esta semana el primer temporal de invierno.

Si bien le gusta salir a correr para practicar deporte, a Aaron le parece significativo la costumbre que tienen los oriundos de dar paseos «sin rumbo fijo», simplemente por el hecho de disfrutar de la propia actividad.

«En mi pueblo hay un parque verde más o menos cerca, pero tenemos que coger el coche para llegar hasta allí, entre 15 o 20 minutos, por lo que debes programar antes lo que quieres hacer», ha admitido.

La filosofía del «no pasa nada»

Los horarios de apertura de las tiendas y supermercados también le ha chocado pero, sobre todo, que las entidades bancarias solo abran por la mañana.

Asimismo, le gusta el talante de los españoles a la hora de afrontar los problemas con su filosofía de «no pasa nada», confiando en que todo tiene una solución.

Aaron tampoco olvidará la buena relación con sus compañeros del instituto y relata que la propia jefa de departamento de Inglés fue a recogerle a su llegada al aeropuerto. «Tener esa recepción cálida ha sido increíble y te ayuda a acostumbrarte a un sitio completamente nuevo», subraya.

A principios de junio regresará de nuevo a la costa este de Estados Unidos para pasar unos meses en casa de su familia.Mientras tanto, Aaron intentará viajar por España para conocer otras particulares culturales y exprimir al máximo todo lo que este país le puede ofrecer en su misión de profundizar el idioma.

Miguel Ramos