Cómo el clima afectó a los restos biológicos luego hallados en yacimientos

Javier G.Paradelo

El Museo de Altamira participa, junto a una veintena de enclaves de todo el mundo, en una investigación que busca determinar cómo afectan las alteraciones climáticas a restos biológicos actuales, para así entender los procesos acontecidos en vestigios biológicos hallados en yacimientos arqueológicos.


El enclave de Altamira ha sido seleccionado por estar situado en un lugar tranquilo, alejado de la costa y cerca de una estación de la Agencia Española de Meterología (Aemet), en contraste con el otro sitio elegido para el mismo experimento en Cantabria, en Cueto, una zona costera más influenciada por la salinidad marina.


La investigación en la que participan Altamira y el enclave costero santanderino se trata de un experimento tafonómico enmarcado en el Global Weathering Project, que se inició en 2019 pero cuyas conclusiones definitivas se conocerán en 2037, según han contado, en una entrevista con EFE, dos de sus responsables Borja González Rabanal y Ana Belén Marín Arroyo.

EFE/Pedro Puente Hoyos


El estudio se centra en medir de manera sistemática las alteraciones que se producen sobre unos huesos por la influencia de la temperatura, la humedad, el viento y la lluvia acumulada.

Un estudio con la tafonomía


La tafonomía es una disciplina científica que permite identificar los procesos de meteorización (degradación de un material por contacto con la atmósfera) que ocurren con los restos biológicos, en especial huesos de humanos o animales, desde que mueren hasta que se descubren en un yacimiento arqueológico cientos o miles de años después.


El responsable de este experimento en Cantabria, Borja González Rababal, doctor en Arqueología Prehistórica del Grupo de I+D+i EvoAdapta de la Universidad de Cantabria, dirige en la región esa investigación con la profesora titular de Prehistoria Ana Belén Marín Arroyo, y se encargan del seguimiento de ese proceso de meteorización.


En la entrevista con EFE, González Rabanal cuenta que esta es la primera que se realiza en Cantabria un experimento tafonómico de este tipo, en una región caracterizada por su clima atlántico, templado y húmedo, y adelanta que las primeras conclusiones se podrían conocer en un par de años.

Las variables climáticas


El experimento se desarrolla con 24 costillas de vaca que fueron depositadas en 2019 sobre una malla inorgánica que aísla estos elementos biológicos de la acidez del suelo, como forma de evitar que la vegetación altere su superficie.


Y esos huesos se han recubierto con una jaula para impedir la acción de pequeños carnívoros.


A la vez, las variables climáticas se registran en la estación meteorológica anexa y, una vez al trimestre, se acude a la zona para observar cómo evoluciona la degradación de los huesos, retirando una costilla al año con el objetivo de disponer de todos los datos de los daños micro y macro que presenta el hueso.


La profesora Marín Arroyo resalta la importancia que tiene para los investigadores entender cómo influyen en la degradación de los restos biológicos los diferentes escenarios climáticos y zonas ecológicas, ya que ello permitirá comprender los procesos que ocurrieron en el pasado en huesos que se encuentran en yacimientos tan relevantes como puede ser el entorno de la cueva de Altamira.


Después de transcurridos los primeros tres años de este experimento en Altamira y Santander, en los controles periódicos que se efectúa a los huesos Marín Arroyo y González Rabanal han podido determinar cómo la humedad, la temperatura y, sobre todo, la salinidad, alteran de forma significativa el proceso de degradación de los huesos.

Los primeros resultados


Así, en el enclave de Santander se ha detectado que el efecto de la salinidad provoca un retroceso de la descomposición de materia orgánica adosada al hueso y, más tarde, del propio hueso, de manera que el proceso tafonómico es más lento que en la zona de Altamira, donde existe un mayor grado de humedad.


Según el investigador, una de las razones que podrían explicar estos resultados es que la sal marina transportada por el viento se deposita sobre los huesos y conserva durante mayor tiempo la materia orgánica.


Por otra parte, los parámetros climatológicos registrados en ese tiempo constatan que en Altamira hay menos temperatura, más lluvia caída y mucho menos viento que en Santander.


Después de tres años, los huesos están esqueletizados en su totalidad y las grietas han empezado a aparecer sobre su superficie, que está siendo objeto de análisis para incorporar los resultados a la investigación.