El teléfono de la víctima del crimen de Castro no se movió de la ciudad

Pablo Ayerbe Caselles

Santander, (EFE).- El móvil que llevaba siempre la víctima del crimen de Castro Urdiales y otros dos teléfonos con los que supuestamente envió mensajes a sus amigos y familiares diciendo que estaba de viaje, después de su desaparición, no salieron de esa localidad cántabra.


Esta ha sido una de las afirmaciones realizadas por los peritos informáticos durante el séptimo día del juicio contra Carmen Merino, la pareja durante años de la víctima.

El fiscal pide 25 años de cárcel para esta mujer por supuestamente asesinar a su novio, cuyo cráneo fue localizado en una caja que presuntamente ella dejó a una amiga, y que ésta abrió en septiembre de 2019.

Teléfonos que no salieron de Castro


En la sesión de este juicio con Jurado Popular, los peritos han afirmado este martes que el móvil habitual de la víctima dejó de tener actividad el 12 de febrero de 2019, cuando la Fiscalía fecha su desaparición, y a partir de ese momento solo recibió llamadas sin respuesta.


Según sostuvo Carmen Merino durante su declaración en las primeras jornadas del juicio, su pareja, Jesús Mari, estuvo en casa hasta el 21 de febrero, se marchó y regresó el 8 de marzo de 2019 para volver a irse.


Aun así, varios de la víctima comenzaron a recibir mensajes supuestamente suyos durante su desaparición desde otros teléfonos móviles, diciendo que estaba de viaje en diferentes sitios como Portugal o la Bretaña francesa.


Según los peritos, esos teléfonos «no salieron del casco urbano» de Castro Urdiales y estaban «en el entorno del domicilio» que compartía la pareja, aunque, a preguntas de la defensa, no han podido determinar la ubicación exacta.

Pedro Puente Hoyos


Además, según los guardias civiles que han declarado, la acusada no mantuvo desde su teléfono móvil ninguna conversación con la víctima desde el 12 de febrero de 2019, antes de su desaparición.


Y en su declaración, otros peritos han confirmado que la tarjeta SIM del teléfono de Carmen Merino se introdujo en otro desde el que la víctima escribió supuestamente a sus amigos y familiares.


Esos peritos han añadido que se puede deducir que los mensajes que envió Jesús Mari fueron con el mismo wifi de Carmen Merino, aunque han matizado que «no se puede identificar» esa red.

Compras de quitamanchas, guantes y amoniaco

También han declarado los agentes que investigaron los movimientos de las tarjetas de crédito de la acusada y la víctima.

La acusada realizó cinco compras en un supermercado entre el 14 y el 18 de febrero, en las que adquirió diferentes productos de limpieza como quitamanchas, lejía, amoniaco o guantes reforzados, además de tres botellas de whisky.

Pedro Puente Hoyos

Con su tarjeta, se compró una sierra de calar en una ferretería y una motosierra por internet, aunque en su declaración la mujer dijo que esas herramientas las adquirió su novio para cortar unos muebles.


Los agentes también han señalado en el juicio que, durante los meses de desaparición de Jesús Mari, se hicieron más de 80 compras por internet por valor de 3.300 euros, unas compras el perito de la guardia civil ha considerado «compulsivas».


También otra agente ha señalado que hubo extracciones periódicas de entre 500 y 600 euros de la cuenta de Jesús Mari, hasta los 15.600 euros.

¿Otros sospechosos?

El guardia civil que dirigió la investigación tras la aparición del cráneo de la víctima, cuyo cuerpo no ha aparecido aún, ha dicho este martes que después del hallazgo -septiembre de 2019- se centraron «en Carmen Merino y en su entorno», porque había «indicios previos» de su posible culpabilidad.

Ha explicado que al principio se pensó que la acusada pudo haber participado en los hechos, ya que en un primer momento se pensó que alguien le ayudó a cometer el supuesto asesinato, ya que tenía problemas económicos, pero ha añadido que esa línea de investigación se descartó.

También se descartó la participación del hermano de la víctima, y según ha expuesto esta agente, no se planteó investigar a la amiga de la acusada, que abrió la caja en la que estaba el cráneo y que declaró que se lo había dado Carmen Merino.