La localidad soriana de Vinuesa celebra su tradicional día de "La Pinochada. En la foto una piñorra golpea con el pinocho a varios jóvenes. EFE/ Wifredo García

Las mujeres toman el protagonismo en La Pinochada de Vinuesa (Soria)

Vinuesa (Soria) (EFE).- Más de trescientas mujeres han simbolizado este miércoles en Vinuesa su papel protagonista en una disputa con un pueblo vecino por la imagen de la Virgen, en una tradición milenaria que se conoce como “Pinochada” y que cuenta con el reconocimiento de fiesta de interés turístico regional.


En tiempos de gestos reivindicativos para defender los derechos de las mujeres en la sociedad, Vinuesa ha revivido un año más su tradicional Pinochada, donde las mujeres son las auténticas protagonistas.

La localidad soriana de Vinuesa celebra su tradicional día de “La Pinochada en la plaza del pueblo. EFE/ Wifredo García


Las vecinas, divididas en casadas y solteras, hasta sumar 341, han vuelto a escenificar en la plaza Mayor una tradición que rememora las discusiones con otro pueblo por la imagen de la Virgen y su victoria armadas con la rama de un pino (pinochos).


El alcalde de Vinuesa, Juan Ramón Soria, ha reconocido a EFE su satisfacción porque la tradición, más oral que escrita, se siga manteniendo y lo haga con mayor participación de las mujeres y con la presencia notable de niñas.


Soria ha resaltado el papel que siempre ha tenido la mujer en Vinuesa, “una mujer fuerte y con su reivindicación diaria de lo que son y encantados de que siga siendo así”.


“Aquí ha habido mucho matriarcado. La mujer era la que se quedaba en el pueblo, el hombre se iba con el ganado a tierras más cálidas, y la mujer era la que soportaba el invierno”, ha recordado.


Begoña, visontina de la cofradía de la Virgen del Espino –que agrupa a las casadas- ha vuelto a salir este año vestida de piñorra después de años sin hacerlo por motivos laborales y ha reconocido a EFE que se siente “mucha pasión” en un “día muy emocionante”.

La localidad soriana de Vinuesa celebra su tradicional día de “La Pinochada”. En la imagen, las ‘piñorras’ pasan el pinocho (rama) ente el santo dentro de la iglesia. EFE/ Wifredo García


Entre las mujeres solteras se encontraba Alba, de 15 años, que ha resaltado que es una tradición bonita que tiene como único inconveniente el calor que hay que soportar, enfundadas como van las mujeres en el traje de piñorra.


Miriam, de 11 años, se viste de piñorra desde más pequeña, tras conocer el significado de la fiesta por sus padres y del papel decisivo que jugaron las mujeres para ganar, armadas con ramas de pino, la batalla a un pueblo vecino por la imagen de la Virgen.


El traje de piñorra está compuesto de enaguas, medias blancas, corpiño y delantal negro, falda roja con bandas negras y un mantón bordado.


Las piñorras han desfilado desde la ermita de la Soledad hasta la plaza Mayor, donde se han formado dos “ejércitos”, uno de hombres y otro de mujeres, para enfrentarse, en una escenificación, primero casados contra solteros, cada uno en sus cofradías, y vencer, por dos veces, los primeros.


A la tercera, ambos bandos han lanzado los sombreros al aire en señal compartida de victoria y acto seguido han entrado en acción las mujeres, armadas con sus pinochos, que repitiendo los enfrentamientos han terminado con la victoria de las casadas, la cuales previamente han pedido ayuda a la Virgen.


A continuación ha tenido lugar la humillación de los capitanes y la Pinochada propiamente dicha.


Los jefes de ambas cofradías, casados y solteros, rodilla en tierra, han juntado sus rodelas para que las mujeres, dispuestas en dos largas filas, golpeen una tras otra los escudos con las ramas de pino y a ritmo creciente.


Ha tenido entonces lugar el momento más esperado de la Pinochada, cuando las mujeres han roto filas para perseguir a los varones por la plaza Mayor para darles un toque de pinocho, a la par que han exclamado el esperado “¡De hoy en un año!”, una frase contestada por los hombres con “muchas gracias”, y que perpetúa, un año más, una tradición milenaria que resalta el protagonismo femenino. EFE