¿En qué se parece Carlos Alcaraz a Santa Teresa, Pessoa y Andy Warhol?

Roberto Jiménez
Valladolid (EFE).- Santa Teresa desafió al orden religioso de su época, Pessoa y sus heterónimos cuestionaron lo políticamente correcto y Andy Warhol abrió con el pop-art una nueva estética, tres cambios puntuales de arquetipo que el escritor Tomás García Yebra ha comparado con la «gozosa irrupción» del tenista Carlos Alcaraz.

Desenfado, osadía, sorpresa, espontaneidad e improvisación son algunos de los rasgos que el periodista y escritor García Yebra (Madrid, 1956) ha observado en el tenista murciano, «el hombre que juega y ríe», una definición en clave orteguiana que ha incluido en su último libro, titulado «Carlos Alcaraz. El cambio de paradigma».

Imagen de archivo del escritor y periodista Tomás García Yebra en la librería-museo que desde hace diez años regenta en Las Navas del Marqués (Ávila). EFE/Raúl Sanchidrián..

«No tiene miedo a nada. A mí me hubiera gustado vivir así pero fuimos educados en el sufrimiento con un aura que todo lo encapota de negro, como si no se pudiera ser feliz y disfrutar en el trabajo», ha explicado este sábado a EFE García Yebra, quien a su condición de periodista y escritor une desde 2012 la de librero en Las Navas del Marqués (Ávila) y profesor en talleres de redacción.

No es una biografía, tampoco un ensayo, nada tiene que ver con el relato y dista mucho de ser un libro de ‘enxiemplos’ como «El Conde Lucanor» que al parecer escribió en Murcia el infante y Señor de Villena Don Juan Manuel: respectivamente la provincia natal de Alcaraz y la localidad alicantina donde se ha forjado como tenista.

Ningún género define a este libro pero participa de todos ellos para extraer, entre otras conclusiones, el «modelo de vida» que se puede aplicar con las cualidades humanas de Alcaraz, la manera de afrontar los retos y exigencias de la alta competición que le han llevado este 2022, con apenas 19 años, a ser número 1 del mundo.

Fiel observante de la petición del propio tenista («Llamadme Carlitos»), García Yebra se dirige en primera persona a este adolescente que ha pasado a la historia no sólo como el tenista más joven en hacerlo, sino en el menor tiempo desde su debut en la ATP, principalmente gracias a su victoria septembrina en el US Open.

Y el escritor lo hace, «sin ninguna intención moralizante», para recordar los «juguetes rotos» que ha dejado la historia con los niños prodigio (Marisol, Joselito, Macaulay Culkin); las depresiones que origina una exigencia desmedida (Garbiñe Muguruza); las masas que un día te encumbran y al siguiente «te cortan la cabeza»; y también, más allá de malas digestiones, las deficientes gestiones.

Por esta razón, García Yebra ha elogiado la «valentía y pragmatismo» de un Juan Carlos Ferrero que no apostó «a caballo ganador» cuando se hizo cargo de la formación, en la academia que lleva su nombre en Villena (Alicante), de un adolescente de barrio, nacido en El Palmar, una pedanía próxima a Murcia.

«No todo es el dinero. El tenis es un juego que dura unos años tras los cuales queda una vida muy larga en la que, a través de la educación en valores, hay que afrontar con la misma ilusión con la que él juega», ha reflexionado el autor antes de poner el ejemplo del Nobel colombiano Gabriel García Márquez: «Logró todo lo que se puede ambicionar y esa grandeza le destrozó y engulló» como persona.

Frente a la inimitable elegancia de Federer, el demoledor drive de Djokovic y la desgastadora fuerza mental de Nadal, Tomás García Yebra se decanta por la «seductora alegría» de Alcaraz, en quien ve «un outsider (habitante de otra esfera) como Kafka, Pessoa y Van Gogh», ha comparado.

«El juego de Carlitos combinaría bien con las serigrafías de Andy Warhol y los cómic de Roy Litchtenstein», insiste este escritor sobre un tenista que «transmite alegría, libertad y frescura», y a quien recuerda que el triunfo no sólo consiste en ganar títulos o premios, sino en el poso que se deja para la historia como hicieron Chaplin o Hicthcock, que nunca recibieron un Óscar; Freud, Nietzsche y Delibes, que no obtuvieron el Nobel; y Johan Cruyff, sin un Mundial, o la Quinta del Buitre, sin levantar la Copa de Europa. EFE