La pasión de Goya, filmada por López-Linares


Por Roberto Jiménez |
Valladolid (EFE).- De aquellas pinturas alegres y coloristas en que lo mismo subía a los palacios que bajaba a las cabañas, la sordera sumió a Francisco de Goya en un laberinto interior que desovilla Jean-Claude Carriére en «El ojo que escucha», el documental que José Luis López-Linares estrena este domingo.


A partir de su sordera, don Francisco ‘el de los toros’, el pintor costumbrista, relator de las alegrías y desgracias del pueblo llano al tiempo que cronista pictórico en los aledaños de la corte, mudó policromía por tonos más oscuros en sus Pinturas Negras, los Desastres de la Guerra y los Caprichos: sátira y lamento de España.

El realizador José Luis López-Linares (en el centro de la imagen, acompañado por los productores Ruth Gabriel y Antonio Saura), antes del estreno de su documental sobre Goya dentro de la 67ª Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).EFE/Nacho Gallego


«De repente se sumió en el más absoluto de los silencios, el mundo se le cambió. En unos días perdió el sentido del oído y buscó métodos para comunicarse con los demás», ha explicado a EFE el escritor y realizador José Luis López Linares, autor de «Goya, el ojo que escucha», que estrena en el festival de cine de Valladolid.

Cicerone de excepción


De todo ello habla en el documental un cicerone de excepción, Jean-Claude Carriére, guionista de Luis Buñuel en seis de las películas del genio de Calanda que fue otro aragonés «un poco sordo» a quien el francés desenmarañó, hasta fijar en papel, el dédalo de un imaginario transgresor, perspicaz, satírico y divertido en ocasiones: otro Goya pero en celuloide y ya en el siglo XX.


Carriére (1931-2021), que falleció durante el rodaje, «fue un enamorado de España» y lo demuestra en ese recorrido por los demonios interiores de Goya (1746-1828) con su traslación biográfica desde Fuendetodos (Zaragoza), donde nació, hasta Burdeos, su lugar de fallecimiento y primer enterramiento.


El itinerario tiene una parada esencial en el Museo del Prado donde Carrière conversa con Goya a través de las majas y de los retratos que dedicó a María del Pilar Cayetana de Silva Álvarez de Toledo o, lo que es lo mismo, la decimotercera duquesa de Alba, uno de ellos con el fondo del mar en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz).


Ella tenía 25 años, el brazo izquierdo desmayado y la mano derecha con el índice extendido sin señalar ningún objeto en concreto, lo que ha dado lugar a la interpretación de que se trata de la letra G (de Goya) en la lengua de signos, otra embajada secreta que el pintor habría deslizado para manifestar su predilección por la aristócrata.


«Era muy rápido de reflejos, tenía una memoria prodigiosa, un gran enamorado de España», ha insistido López-Linares sobre Carriére y los conocimientos que tenía sobre Goya, de quien observó también, fruto de la sordera, la «mirada expectante» de los personajes que retrataba, la misma que pondrían los modelos cuando trataban de prestar atención, para entenderle, a todo lo que les diría alguien falto de audición.

Localizaciones en Madrid


La búsqueda de Goya en Madrid también tuvo localizaciones en el museo Lázaro Galdiano, el palacio de los Duques de Liria (donde se conserva el retrato de Sanlúcar de Barrameda), la Quinta del Sordo en los Carabancheles y también el popular Rastro como expresión de la perdurabilidad del pintor en el imaginario colectivo de la sociedad española.


Las majas (desnuda y vestida), los fusilamientos del 3 de mayo, la carga de los mamelucos en la Puerta del Sol, los grabados de la tauromaquia (la temeridad de Martincho y la destreza del licenciado de Falces), las pinturas negras o algunas escenas costumbristas, ilustran ceniceros, cajas de cerillas, murales, calendarios, fuentes, vasos o tapices desparramados en esa almoneda dominical al aire libre.


Las pinturas de Goya «han trascendido su tiempo, incluso las ideas con que pintó han entrado de lleno en la vida y simboliza al pueblo español. Forma parte del imaginario colectivo de mil maneras», ha resumido López-Linares antes de aclarar que este documental, presentado en la sección Classics del pasado festival de Cannes, «no es una biografía».


«Tampoco está hecho por especialistas en pintura, sino que es una mirada variada sobre Goya, su obra y su tiempo», ha añadido sobre un documental rodado también en Belchite (Zaragoza) como metáfora «de los desastres de la guerra».


Y también en la ermita madrileña de San Antonio de la Florida donde reposan sus restos bajo la cúpula que pintó con el milagro del santo, un fresco narrativo que fue restaurado gracias al Nobel Severo Ochoa, quien a mediados de los ochenta avisó de su deficiente estado de conservación.


Entre tanto, aún no se sabe con certeza qué ha pasado con la cabeza del pintor, al parecer desaparecida en el traslado de sus restos desde Burdeos, un enigma que los cineastas españoles han resuelto a su modo con la entrega de un ‘cabezón’ a la mejor cosecha cinematográfica de cada año (Premios Goya). EFE

Edición web: Óscar R. Ventana