Pintores españoles reivindican como precursores del modernismo

Valladolid (EFE).- El alma y la esencia españolas, que anticipó Francisco de Goya en pinturas y grabados memorables, se refugió desde mediados del XIX en una treintena de pintores que, al tiempo que actuaron como fedatarios gráficos, anticiparon las vanguardias y el espíritu literario de la Generación del 98.

Desde Jenaro Pérez Villamil (1807-1854) hasta José Gutiérrez-Solana (1886-1945) median cerca de ochenta años entre los cuales circuló un amplia nómina de pintores que extractaron el ser hispano desde el realismo, el naturalismo y el romanticismo como puede apreciarse desde hoy en Valladolid.

Joaquín Sorolla, Darío de Regoyos, Mariano Fortuny, Joaquim Mir, Anglada Camarasa, Ignacio Zuloaga, Aureliano de Beruete y Daniel Vázquez Díaz son algunos de esos notarios pictóricos que salieron al campo para llenar sus lienzos de paisajes, tipos, figuras y costumbres, y que ahora forman parte de la exposición inaugurada hoy en Valladolid.

«Caminos a la modernidad. Pintura española de los siglos XIX y XX» reúne hasta el 16 de octubre a cerca de un centenar de cuadros de diferentes autores, estilos y tamaños que ha cedido para la ocasión el coleccionista y empresario alemán Rudolf Gerstenmaier, como parte de un fondo acumulado durante cuarenta años de adquisiciones.

España «es mi patria y esta dedicación es como un agradecimiento a todo lo que me ha dado», ha explicado en una rueda de prensa este empresario alemán que llegó con 16.000 pesetas en el bolsillo y durante años figuró dirigió una sociedad auxiliar de recambios de automóviles para la marca Mercedes Benz y que vendió en 2000.

Aquejado de la «locura del coleccionista», durante cuarenta años se obstinó en acopiar a los grandes pintores españoles del XIX, entre los que ha mencionado a Aureliano de Beruete y Anglada camarasa como piedras angulares de una pléyade de la que también forman parte Carlos de Haes, Francisco de Iturrino, Raimundo de Madrazo y Santiago Rusiñol, todos ellos dentro de la muestra.

La aparición de las vanguardias durante el primer tercio del siglo XX, que en cierto modo atisbaron algunos de los artistas decimonónicos, decantó hacia aquella el aprecio económico y relegó a una generación que Gerstenmaier ha calificado de muy valiosa en la historia de la pintura española.

Como si de reporteros gráficos se trataran, gracias a ellos se ha podido conocer escenas pintorescas y románticas por las que ya se habían interesados viajeros ingleses y franceses, escritores y artistas en busca de sensaciones e imágenes diferentes.

Los perros entraban en las iglesias, las capeas eran moneda corriente en los pueblos y los toreros tenían una gran consideración social, como se puede apreciar en las telas colgadas dentro de la sala de La Pasión, dentro de una exposición promovida por el Ayuntamiento de Valladolid.

La Sierra del Guadarrama, Toledo, Cuenca, Segovia, Aranjuez, Alicante, Barcelona y Dueñas (Palencia) son algunos de los escenarios representados.

Ajeno a la especulación y al perfil mercantilista, Gerstenmaier «no ha sido un coleccionista al uso», ha explicado Marisa Oropesa, comisaria de la exposición.

«Cuando uno colecciona algo, siempre lo hace porque le gusta y yo lo he hecho con el corazón abierto, entrega y amor, como una expresión de mí mismo», ha subrayado el propio interesado, Rudolf