Ser maderero: limpieza de bosques contra la despoblación rural


Madrid/Burgos (EFE).- Levantarse temprano, conducir por pistas forestales por las que por increíble que parezca también transitan camiones, arrancar motosierras o procesadoras y cortar árboles hasta que acaba la jornada es la labor de los trabajadores de la madera en la sierra de Pinares, entre Burgos y Soria, según ha podido constatar Efe.


El pino silvestre es el árbol predominante -pino albar si se atiende al habla local- y puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura aunque tarda hasta 40 años en adquirir el tamaño mínimo para poder ser cortado según el Plan de Ordenación de los Montes, que exige un mínimo de veinte centímetros de diámetro en la parte más estrecha del ejemplar.

Trabajadores de la madera realizando las labores de corta, limpieza del árbol y picado. EFE/Pablo Rojo


«El sol sale ahora más tarde pero venimos a las 06:30 para estar siempre al amanecer», explica uno de estos trabajadores especializados, Berna Andrés de Rioja, vecino de la burgalesa localidad de Vilviestre del Pinar, que también corta madera en un monte propiedad del Ayuntamiento de Neila, en la misma provincia.


«Los dos últimos meses hemos estado cortando en el prado de la Tabla Arobe», precisa, donde junto a su compañero de trabajo tala una media de unos cuarenta árboles diarios de madera «tronzada o desarraigada» a entresaca, usando motosierra y un ‘skidder’ forestal -vehículo pesado para este tipo de operaciones- con cabrestante.


«La zona donde estamos es de los parajes más bonitos que hay para trabajar, pero también de los más difíciles», añade refiriéndose al entorno Óscar María Covaleda, camionero de Transportes Forestales María Martín, porque «los caminos son malos, estrechitos y hay que andar con mucho cuidado».

En la imagen, autocargador, maquinaria pesada para transportar árboles picados. . EFE/Pablo Rojo


Covaleda también recoge troncos que hay que cortar y picar diariamente con maquinaria pesada para la empresa Hijos de Pascual Mediavilla y en este caso «la media es de unas 80 toneladas diarias, aunque varía en función de la dificultad del terreno».


El alcalde de la propia Neila, Máximo Rubio García, certifica que el municipio tiene 6.700 hectáreas de monte, de las que cada año se extraen aproximadamente unas 4.500 toneladas de madera, por lo que esta actividad es su mayor fuente de ingresos.


Gracias a este oficio, mucha gente en los pueblos de la comarca puede vivir de la madera y además contribuir a mantener el bosque limpio, al retirar una cantidad de árboles fijada por un estudio previo que «ordena lo que se puede cortar, dónde hay que hacer claras o dónde que hay que limpiar un monte para que los pinos se hagan más gordos».


El estudio se realiza al encontrarse la localidad dentro del Parque Natural de las Lagunas Glaciares de Neila, si bien a veces tampoco se puede hacer según este criterio: «Por ejemplo, este año el viento ha tirado pinos a diestro y siniestro» y son los que hay que aprovechar, dice.

El valor de la madera


Respecto al valor de la madera, «en los últimos años se ha perdido la diferenciación, puesto que antes la de mayor calidad iba dirigida a la industria del mueble castellano» pero esta actividad «prácticamente ha desaparecido en la zona», ha lamentado.


Javier Vázquez Fernández, maderero asentado en Palacios de la Sierra, otra de las localidades de la comarca de Pinares, ha lamentado la «falta de oferta en cuanto a formación profesional para el sector en los pueblos de esta zona».


«La mayoría de la gente aprende a base de golpes, pero el golpe de un pino no es que te pegue un empujón, es que te ha matado», explica para resumir el problema de esa falta de formación.

En la imagen, procesadora, maquinaria pesada para cortar, limpiar y picar árboles. . EFE/Pablo Rojo


Vázquez, que trabaja también en la corta de roble que luego se usa para calefacción de leña, señala que en el caso de esta especie no se puede talar antes de que el ejemplar tenga 25 años y aclara que «aunque el pino arde mucho más rápido y da más calor, lo hace en muy corto espacio de tiempo, mientras que el roble da menos calor instantáneamente, pero dura más». EFE

Edición web: Óscar R. Ventana