Albert Serra estrena «Los tres cerditos», 101 horas sobre la historia alemana

Barcelona (EFE).- El cineasta Albert Serra estrena por primera vez en España en el centro Fabra & Coats de Barcelona su película de 101 horas «Los tres cerditos», en la que trabajadores de la Documenta de Kassel interpretan a tres personajes fundamentales de la cultura alemana -Goethe, Hitler y Fassbinder- para «evocar la historia reciente a través de imágenes».

La obra audiovisual parte de un encargo de la Documenta de Kassel de 2012 y se basa en tres libros de conversaciones transcritas de Hitler, Goethe y Fassbinder, con los que Serra construyó diariamente piezas audiovisuales de una hora cada una que se proyectaron en cada uno de los 100 días que duró la Documenta, una de las exposiciones de arte contemporáneo más importantes del mundo.

Los tres libros son «Conversaciones con Goethe», de Johann Peter Eckermann, reflexiones del escritor romántico en sus últimos años de vida, que en el filme pasan de la tercera a la primera persona; «Las conversaciones privadas», de Adolf Hitler, monólogos del Führer pronunciados y transcritos por su círculo más íntimo entre 1941 y 1944; y una selección de entrevistas y artículos del cineasta Rainer Werner Fassbinder («Fassbinder por Fassbinder. Las entrevistas completas»).

La Planta Baja de Fabra & Coats mostrará entre el 19 de noviembre y el próximo 12 de febrero la obra de Serra en la primera vez que se exhibe fuera del contexto alemán.

«Al recibir el encargo, comencé a buscar decorados originales o espacios en Kassel o en los alrededores y encontré un antiguo castillo para situar a Goethe, varios espacios en la ciudad para ubicar a Hitler y un bar de los años 60 para ambientar a Fassbinder», ha explicado este miércoles Albert Serra.

Los actores, no profesionales, eran en su mayoría trabajadores de la Documenta y, debido a su falta de disponibilidad diaria, cada uno de los tres personajes es representado por más de un intérprete.

La obra se presenta como una adaptación fiel a los textos, con recreaciones históricas meticulosas para la parte de Goethe y Hitler, y con más libertad para la parte de Fassbinder.

Con este ‘experimento’, Serra explora «la performatividad del medio, pero también la fidelidad a los textos autobiográficos y la construcción simbólica de la historia».

A través de la mirada del director, «el pasado ilumina el presente y crea nuevas preguntas sobre el mundo en que vivimos», porque hoy, diez años después de la realización de «Los tres cerditos», tras la crisis de los refugiados, del Brexit y de la entrada de la extrema derecha en algunos gobiernos europeos, adquiere «nuevos significados», ha señalado la directora del Centro de Arte Contemporáneo Fabra & Coats, Joana Hurtado.

De hecho, añade Serra, «se habla del pasado pero son temas de actualidad; Hitler no para de hablar de la invasión de Rusia y de Ucrania, que remite a toda la visión actual de Putin en Ucrania, que arranca de la Segunda Guerra Mundial; Goethe habla de utopía de estado, de utopía de instituciones culturales y ofrece opiniones sobre Lord Byron o Shakespeare, autores ajenos a su tradición; y Fassbinder se refiere a esa cosa tan turbia de la posguerra alemana».

Hurtado ha argumentado que «era necesario poder enseñar esta obra magna del director catalán más internacional», y para ello buscó las complicidades del departamento de Cultura de la Generalitat, el Goethe Institut de Barcelona y el Consulado de Alemania para afrontar la titánica tarea de traducir el audio al catalán y subtitular la película.

Serra considera, sobre la versión traducida y subtitulada de «Los tres cerditos» que «es más poética» que la versión original.

El cineasta catalán reconoce que los tres personajes alemanes son diferentes, pero todos ellos comparten «una megalomanía».

Sobre la manera de acercarse a esos personajes históricos, Serra ha explicado que intentó que «hablaran las imágenes, a partir del magma de palabras recogidas en documentos históricos, sin interpretarlas, con una aproximación indirecta, tratándolo con total opacidad».

En el caso de Hitler, ha añadido: «resultaba difícil hacer una caricatura de alguien que ya hacía una caricatura de sí mismo».

De esta experiencia, Serra aprendió «la puesta en escena rápida», obligado por la necesidad de crear una hora de producción diaria, que le impuso «una disciplina que ha incidido posteriormente en mi obra, sobre todo, para poderme adaptar al actor cuando está especialmente inspirado».

La idea de que una película dure más de 100 horas y que no pueda ser vista por el público en el cine a Serra no le preocupa nada, igual que a un escritor no le preocupa hacer libros de muchas páginas.

«Mi intención no era hacer algo inabarcable, porque en origen, cada película que se enseñaba cada día era abarcable».