Nostalgias y alegrías en el primer concierto de despedida de Serrat en Barcelona

Barcelona .- Lo ha advertido el propio Serrat nada más empezar el concierto, «nada de tentaciones de nostalgia ni melancolía», pero es difícil contenerse en una despedida, y más si el que dice adiós a los escenarios lo hace en la ciudad que lo vio nacer, crecer, marcharse y volver.

«Roda el món i torna al Born», ha dicho en catalán Joan Manuel Serrat nada más aparecer en el Palau Sant Jordi de Barcelona, un refrán que suelen decir los barceloneses cuando vuelven a su ciudad después de viajar por el mundo, que es lo que él ha hecho en muchas ocasiones a lo largo de su vida, y esta noche por última vez.

Esta frase ha sido sólo uno de los muchos guiños que el barcelonés universal le ha dedicado hoy a su ciudad, en el primero de los tres conciertos con los que esta semana cerrará la gira de despedida «El vicio de cantar 1965-2022», que durante los últimos ocho meses le ha llevado por medio mundo.

Un concierto que se ha celebrado en la montaña de Montjuic, no muy lejos del barrio del Poble Sec donde está la calle de la que habla en «El meu carrer», una de las diez canciones en catalán que ha interpretado.

‘El Nano del Poble Sec’ ha adaptado hoy el repertorio a sus paisanos y en lugar de empezar con «Dale que dale», como ha hecho en la mayor parte de la gira, lo ha hecho con «Temps era temps».

Después han venido «Seria fantàstic», «Me’n vaig a peu», «Cançó de matinada» y «Barcelona i jo», todas especialmente elegidas para la ocasión de entre su enciclopédico catálogo.

Pero las más de 15.000 personas que han llenado hasta el último rincón del Palau Sant Jordi no han permitido que las emociones se desataran hasta más tarde, cuando «La tieta» ha derribado todas las barreras con las que se estaban defendiendo de la nostalgia.

Con la guardia ya baja ha sonado «Mediterráneo», que ha puesto en pie a un público que, a partir de aquí, se ha dejado llevar y ha permitido que se mezclara la nostalgia que provocan los muchos recuerdos que traen las canciones con la alegría de volver a escucharla en directo, aunque sea por última vez.

«Mediterráneo» no ha sido la única alegría que les ha dado Serrat, que ha interpretado otros temas muy queridos como «Pare», «Cantares» o «Paraules d’amor».

En total 22 canciones, once en catalán y once en castellano, con las que viejos y nuevos escalofríos han recorrido las espaldas de un público de todas las edades, pero mayoritariamente maduro.

Familias enteras, grupos de amigas de más de sesenta y parejas con la misma edad que Serrat, que cumplirá 79 dentro de pocos días, han ocupado las sillas de gradas y platea.

Muchos de ellos saben bien quiénes son «Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón», a quienes ha cantado Serrat mientras en la pantalla del escenario se veían imágenes de niños jugando en los difíciles años de la posguerra.

Otros se han identificado más con los murales de Banksy que han acompañado la melodía de «Para la libertad», porque Serrat tiene muchas caras y, además de ser el poeta de la intimidad, la cotidianidad y la nostalgia, es el de conciencia social y el de la defensa del medio ambiente, como él mismo ha recordado antes de cantar «Plany al mar».

«Estas playas donde levanté castillos de arena se han llenado de plástico y el Mediterráneo es hoy un sarcófago donde hombres y mujeres han pagado con sus vidas su intento de huir de ellos mismos», ha lamentado en uno de los momentos más aplaudidos de la noche.

Aunque la ovación más larga ha sido la última, cuando ha desaparecido detrás de las cortinas rojas después de decir: «todo lo que empieza tiene que acabar, este concierto también. Quería hacer un concierto emotivo y quería que fuera una fiesta inolvidable, no sé hasta donde hemos llegado, pero yo estoy satisfecho y conmovido una vez más».EFE

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