Una noche diferente de Superluna desde la Reserva de Sierra Morena

Villanueva del Rey (Córdoba), 12 ago (EFE).- La gran noche de la lluvia de estrellas de agosto, la del jueves al viernes de esta semana, cumplió el vaticinio de que la superluna iba a dificultar cuando no a impedir su visión, que desde el observatorio de la Reserva y Destino Turístico Starlight Sierra Morena, ubicado en Villanueva del Rey, fue seguido por una única familia.

Quizás porque la noche no era propicia por la luminosidad que se preveía que iba a deparar la llamada Superluna del Esturión, pese a ser la señalada como la que más perseidas se iban a dar, solo el matrimonio formado por Juan Carlos Gómez y Ana Sújar, y Elena, hermana de ésta, junto a su hija Elsa, se acercaron al punto starlight de Villanueva del Rey.

El objetivo de la actividad familiar, tras pasar por el merendero de la Dehesa, era claro: «Venimos a pasar una noche diferente», dice Ana, que ha adelantado desde Córdoba junto a Juan Carlos los primeros días de las vacaciones que disfrutarán en el pueblo, compaginándolo ella en teletrabajo y él gracias a la menor intensidad de estas fechas, por los rigores del calor.

El de Villanueva del Rey es uno de los veinticinco municipios cordobeses que ofertan espacios específicos para observar el firmamento en la Reserva y el Destino Turístico Starlight más grande del mundo, la de Sierra Morena, en la que se integran 57 municipios andaluces en más de 400.000 hectáreas en los que se engloban seis parques naturales.

Juan Carlos y Ana recuerdan a Efe que al año pasado coincidieron para la observación con cuatro o cinco familias en el mismo lugar, en la Dehesa Boyal, pasada el área recreativa y donde si no es por el auxilio de una unidad de la Guardia Civil del puesto de Villanueva del Rey los periodistas no hubieran sido capaces de llegar.

Uno de los agentes indica que va a decir en el Ayuntamiento que señalen el camino porque quien no lo conozca no es capaz de alcanzar el observatorio, un pequeño cercado entre encinas donde la visión del firmamento es de 180 grados, libre de contaminación lumínica, una cosa en lo que se ha afanado la institución municipal al adaptar el alumbrado público para ser respetuoso con la Reserva Starlight.

Ana y Elena tratan de localizar constelaciones con la ayuda de las aplicaciones de sus teléfonos móviles y del buscador de estrellas instalado dentro del cercado, dotado de unos bancos alrededor de la rosa de los vientos trazada en el suelo y que, tras fracasar en el intento de ubicar la Vía Láctea, utilizan de improvisado camastro para descansar mientras Elsa corretea de un lugar a otro sin que tampoco logre ver ninguna perseida.

La luz, cada vez más intensa de la luna llena conforme asciende y se agranda sobre el horizonte, impide ver la Vía Láctea, que tienen perfectamente localizada sobre los montes de Espiel, que bien sitúa la pequeña Elsa, ya que por allí andan los borregos y los cochinos de la explotación de su abuelo, con los que le encantan jugar.

Muy diferente es la luz que entre esta noche y madrugada cae sobre la Dehesa de Villanueva del Rey, «la mejor de toda la comarca», pone en valor Juan Carlos, con la oscuridad del año pasado, en la que casi tropezaban entre los que habían acudido a ver las Lágrimas de San Lorenzo, las estrellas fugaces, perseidas o lluvia de estrellas, como quiera que se le llame a lo que en realidad son meteoros.

A la pregunta que si el punto starlight forma parte del imaginario de este pueblo, de 997 habitantes según el padrón municipal a 1 de enero de 2021 y que ha perdido 238 vecinos en los últimos veinte años, a Juan Carlos Gómez le sale un espontáneo “ni de coña”.

En esas dos últimas décadas -lleva diecinueve años de concejal del PP- lamenta tanto su falta de promoción como el detalle de que el buscador de estrellas haya sido reciclado del Mirador del Área Recreativa de La Colada, en El Viso, y que ni tan siquiera se le haya tapado su procedencia.

Porque nadie niega el potencial de unos cielos que, reconocidos por la acción Starlight, integrada de la UNESCO y apoyada por la Unión Astronómica Internacional y por la Organización Mundial de Turismo, suponen «un espacio natural protegido en donde se establece un compromiso por la defensa de la calidad del cielo nocturno y el acceso a la luz de las estrellas», que es lo que certifica la distinción.

Y es que es más que un potencial de «un turismo especializado, con un perfil muy determinado”, en palabras de Juan Carlos Gómez, porque su cuñada Elena se muestra sorprendida de que «en el hotel (de Villanueva del Rey) haya gente que viene diez días a ver el cielo y nosotros los tenemos aquí todos los días». Álvaro Vega