Las entrañas de Taula, Erial o Azud: un libro visita las cloacas valencianas

Loli Benlloch | València (EFE).- Las cloacas de la política valenciana, desde el caso Taula a Erial o Azud, desde el Eduardo Zaplana antaño omnímodo que sigue moviendo hilos para no ser condenado al PSPV-PSOE que supuestamente recibió financiación ilegal en 2007 para sus campañas electorales, son la visita particular del periodista Francesc Arabí en su segundo libro al «lado oscuro» de una época.

«Los tentáculos del truhan. La caída de Zaplana y la corrupción más allá del PP» (Editorial Círculo Rojo) es una investigación sobre esa época en la que se movía mucho dinero, donde se pagaban favores desde el poder y se compraban silencios de la oposición en «las cloacas, que siempre han existido y siempre existirán», explica a EFE el autor.

Por sus 433 páginas desfilan numerosos personajes, desde el excomisario Villarejo al «arrepentido de arrepentirse» Marcos Benavent (el «yonqui del dinero»), los testaferros internacionales que sacrificaron a Zaplana para mantener sus negocios, el empresario que diversificó riesgos y aportó tanto al PP como al PSPV Jaime Febrer, o el letrado socialista que combatió la corrupción del PP y fue detenido en Azud acusado de ser el conseguidor de Febrer en el PSPV, José Luis Vera.

Esta crónica recoge también curiosidades, como que se iba a detener en Madrid a Zaplana por el caso Erial pero la víspera viajó a València y hubo que cambiar el operativo; que no se le pinchó el teléfono para mantener en secreto el caso; que los papeles que iniciaron este caso se pasaron por infrarrojos para poder leer las partes tachadas; o que Febrer compartió celda con el socialista Rafa Rubio y le prestó ropa.

No dar por acabado a Zaplana

La primera mitad del libro explica el andamiaje de Erial, el caso por el que se detuvo al expresident de la Generalitat después de 30 años en los que «había hecho de todo y no había pasado nada», destaca Arabí, y que comenzó con un «accidente»: unos papeles olvidados por Zaplana con la operativa del pago de comisiones por las ITV y el Plan Eólico, intervenidos al abogado de Benavent dentro del caso Taula.

Arabí alerta de que, a pesar de que hay «todo un barco lleno de pruebas y de indicios» contra Zaplana, no hay que darlo «nunca por acabado» ni «dar por hecha su condena», ya que «está moviendo todos los hilos que puede», dado que «mucha gente le debe muchos favores, facturas que está cobrando» en muchos casos «con intereses» y «por encima de siglas».

Unos «tentáculos» que se reflejan en el título del libro junto al guiño al caso IVEX-Julio Iglesias, la «prueba de estrés» del «paradigma de la corrupción» que supuso el «régimen zaplanista», por la comunión en la manera de ser y de entender el mundo del cantante y el político. «Serían la corrupción bronceada», ironiza el autor.

Para Arabí, el «cierre simbólico» de toda esa época y ese régimen que acabó con las elecciones de 2015 sería la condena de Zaplana, aunque advierte de que «aún le quedan balas» en su estrategia judicial, en algunas de las cuales participará Marcos Benavent, quien tras seis años de colaboración con la justicia es ahora «el hijo pródigo que vuelve a casa».

El escritor y periodista Quico Arabí, posa para EFE durante la entrevista. EFE / Biel Aliño
El escritor y periodista Quico Arabí, posa para EFE durante la entrevista con EFE. EFE / Biel Aliño

Segunda parte del libro: Pagar ‘omertás’ a la oposición

La segunda mitad del libro se centra en la corrupción en los partidos de la izquierda en esa época, como el PSPV-PSOE y el antiguo Bloc (el actual Més, dentro de Compromís), formaciones que en ese momento estaban «en una situación absolutamente anémica», con la «paradoja» de que parte de la deuda de los socialistas provenía de su lucha contra la corrupción, explica.

El libro relata que el empresario Jaime Febrer -detenido en el caso Azud acusado de pagar sobornos para lograr favores inmobiliarios- aportó un millón de euros al PSPV-PSOE en 2007, cuando estaba dirigido por Joan Ignasi Pla, parte del cual acabó pagando varias campañas electorales, y que fue quien puso en marcha la operación que acabó por la carrera política de Pla.

También expone la forma de actuar de empresarios «sin escrúpulos» que se dedicaron a «pagar una especie de omertá» a quienes estaban en la oposición aunque el PP gobernara con mayoría absoluta para que no hubiera polémica, porque -apunta- «la unanimidad y el consenso son los mejores inhibidores de sospechas».

A la pregunta de si con Taula, Azud y Erial se pone fin a una etapa negra de la política valenciana o aún quedan sorpresas para el futuro, Arabí sostiene que esos casos retratan muy bien una época y suponen su «cierre simbólico», aunque considera que «la corrupción existirá siempre». De lo que se trata, concluye, es de denunciarla y combatirla.