Vista de la exposición "Si me queréis, ¡venirse!" sobre Lola Flores en la Biblioteca Nacional de Madrid. EFE/ Fernando Alvarado

Lola Flores emerge “trascendental y profunda” en una exposición de la Biblioteca Nacional

Madrid (EFE).- Adorada primero como estrella y a su muerte como icono, más arduo fue el acceso posterior de Lola Flores a las universidades como objeto de estudio, de ahí la trascendencia de que una institución como la Biblioteca Nacional (BNE) reivindique ahora por primera vez en una exposición “su recorrido vital y artístico”.

“Su vida y su obra han marcado un antes y un después en el arte del flamenco y, fundamentalmente, en el imaginario colectivo, cultural y sentimental con el que todos nos identificamos”, ha destacado la directora de la BNE, Ana Santos, en la presentación de la muestra “Si me queréis, ¡venirse!”, abierta desde este viernes, 29 de septiembre, hasta el próximo 21 de enero.

Cartel de la exposición “Si me queréis, ¡venirse!” en la Biblioteca Nacional de Madrid. EFE/ Fernando Alvarado

De acceso gratuito hasta completar aforo, los responsables de la BNE esperan “mucho público de todas las edades y clases sociales, también de lo que antes se llamaba alta y baja cultura, algo que pensamos que ya no existe”, ha precisado Santos ante los comisarios de la exposición, Alberto Romero Ferrer y María Jesús López Lorenzo.

“Una mujer lorquiana”

“Ya costó que Lola Flores entrara en la universidad, pero esta exposición nos da la razón a los que pensamos que forma parte de nuestro patrimonio cultural y sentimental”, ha señalado Romero, ávido investigador sobre “la Faraona”.

A su juicio, la muestra es “un acto de justicia y reconocimiento” con “esa mujer lorquiana y rompedora que hizo de una España en blanco y negro un lugar un poco más amable”.

El enfoque, no obstante, pone coto “al personaje mediático que construyó y que hizo sombra a la artista, porque ella fue su mejor embajadora y, a la vez, su peor enemiga”.

Y ello justifica dar más espacio a una figura “trascendental y profunda” que, sin ir más lejos, abundó en la popularización del flamenco a través de diversas fusiones (con la rumba o cuando introdujo la orquesta en sus espectáculos, por ejemplo).

Fotografía de la exposición “Si me queréis, ¡venirse!” en la Biblioteca Nacional de Madrid. EFE/ Fernando Alvarado

No se puede decir que Lola Flores ha entrado en la Biblioteca Nacional porque, de hecho, 77 de las 80 piezas expuestas pertenecen a sus fondos, entre libros, partituras, grabaciones en vídeo, cartelería y muchas fotografías, algunas de ellas obra de retratistas tan importantes como Ibáñez.

Todo organizado en cuatro bloques cronológicos que ilustran cómo se adaptó a los medios punteros de su tiempo.

Del barrio a la gloria internacional

Arranca en el año de su nacimiento, 1923, con un bloque del contexto del que bebió en su gitano barrio de San Miguel en Jerez de la Frontera (Cádiz), entre el simbolismo de Julio Romero de Torres y la recuperación flamenca de la mano de Manuel de Falla, los hermanos Manuel y Antonio Machado y Joaquín Álvarez Quintero o artistas como Pastora Imperio.

El éxito de “Zambra” en el teatro junto a Manolo Caracol protagoniza sobre todo la segunda parte, donde se exponen dos bocetos de escenografías creados para ese espectáculo que no forman parte de los fondos de la BNE, así como extractos de la hemeroteca tan curiosos como uno en el que explica su singular manera de entender el baile.

“Por mi calle pasaba un oso que llevaba atado un hombre con muchas barbas y un pandero. Y el oso bailaba colosal, mejor que bailan muchas mujeres. El hombre le tocaba la zambra con el pandero y el animal la bailaba chipén, hasta moviendo las caderas (…). Yo, como le tenía mucha afición al baile, comencé a hacer como hacía el oso y, poquito a poco, delante del espejo, pues acabé bailando como rebién la zambra”, narra.

Cartel de la exposición “Si me queréis, ¡venirse!” en la Biblioteca Nacional de Madrid. EFE/ Fernando Alvarado

Su conversión en actriz de cine que canta y baila y así en estrella internacional son objeto de atención en el tercer bloque, de 1950 a 1974, en el que se exponen también últimas ediciones de discos de pizarra y la aparición de los discos de vinilo y el soporte magnético.

Es en el postfranquismo donde, para los comisarios de la exposición, Lola Flores se transforma con la asistencia de la televisión en personaje.

Son los años de frases míticas como “A lo mejor pido que en la caja me la metan… la bata de cola”, pero también años en los que Flores, que podría haberse convertido en símbolo de una España caduca, se recicla como “contradictorio icono de la posmodernidad”.

Su muerte en 1994 ocupa el remate de la muestra, en el que se da cabida a la continuidad de la saga de los Flores como otra señal de aquello que dijo su nieta Alba de que su abuela “trascendería”, algo que suscriben los comisarios de la exposición ante “una interlocutora muy interesante de la historia política, social, cultural y estética de España” en el siglo XX.