Biguie’, la resistencia de no temer a la muerte en la cosmovisión zapoteca

Juchitán (México), (EFE).- Los zapotecas vivos y muertos de Juchitán de Zaragoza, en el sureño estado de Oaxaca, son privilegiados en reunirse dos veces al año en un encuentro espiritual con las ánimas de sus familiares y amigos ya fallecidos, el primero se da durante la Semana Santa y el segundo en la celebración del Biguie’, voz zapoteca que significa Días de Muertos y que se celebra el 30 y 31 de octubre.

Desde una silla, donde doña Irma Santiago, de 74 años, reposa por las dificultades que le ha dejado la edad para caminar, ella da las indicaciones precisas a sus hijos y nietos para instalar en el lugar más importante de su casa ubicada en la quinta sección de Juchitán, la ofrenda para su esposo que falleció en noviembre de 2021.

“Le gustaban las manzanas, las peras y los tamales, es la costumbre de que ahora están con nosotros y si está acá él”, refiriéndose a su esposo Cándido Toledo, cuyo recuerdo le provoca llanto.

Personas arreglan hoy una ofrenda dedicada a sus familiares fallecidos, en el municipio de Juchitán, estado de Oaxaca (México). EFE/Jesús Méndez
Personas arreglan una ofrenda dedicada a sus familiares fallecidos, en el municipio de Juchitán, estado de Oaxaca (México). EFE/Jesús Méndez

El retrato de Don Cándido lo colocó en el centro de la ofrenda su hijo Víctor, quien recuerda a su padre como la persona más importante de su vida. “Siempre va a estar presente en mí y estamos esperando a que él venga a estar con nosotros, aunque sea un rato porque realmente yo sí creo que sí regresan a visitar a sus seres queridos”.

A tres calles de ahí, familiares y vecinos ayudaron a colocar el altar para la hermana de don Mariano Morales quien en vida llevó el nombre de Micaela y quien falleció a los 84 años de edad el pasado febrero víctima de un infarto.

«Y hoy la recordamos y seguimos manteniendo esa creencia de que efectivamente vienen con nosotros, no los vemos físicamente y hoy esperamos a mi hermana que fue nuestra figura materna”, dijo Mariano a EFE.

El Biguie’ aparte de convocar a las ánimas de los juchitecos fallecidos, reúne también a todos los vivos, familiares, amigos y vecinos, que van de casa de en casa ofreciendo su ayuda para la instalación de los altares y compartiendo y recibiendo las ofrendas como son los tamales de mole acompañados de pollo y huevos cocidos.

Personas cocinan hoy tamales para colocarlos en una ofrenda dedicada a sus familiares fallecidos, en el municipio de Juchitán, estado de Oaxaca (México). EFE/Jesús Méndez
Personas cocinan tamales para colocarlos en una ofrenda dedicada a sus familiares fallecidos, en el municipio de Juchitán, estado de Oaxaca (México). EFE/Jesús Méndez

En cada hogar juchiteco la labor es incesante, la casa es adornada desde el quicio de la puerta por cañas entrelazadas que simulan un arco por donde entrará el ánima a su recibimiento, adentro, el altar se adorna con frutas y pan, que serán acompañadas de veladoras que iluminarán la foto del difunto.

Juchitán, ubicado en el Istmo de Tehuantepec, es el único sitio en México que los días de muertos se celebran los dos últimos días de octubre, a diferencia de todo el país que lo hace durante el 1 y 2 de noviembre como una última resistencia posterior a la conquista y a la religión católica que impuso el miedo a la muerte y el nombre de Todos los Santos que se celebran tradicionalmente en los templos y panteones.

Esta es ahora una última resistencia desde la muerte que a los vivos les toca preservar y mantener, dice a EFE el maestro Tomás Chinas, quien es cronista de la ciudad de Juchitán.

“Es otra forma de resistencia, posterior a la conquista desde tiempos primigenios ¿por qué se hace en las casas? porque aquí en las casas se enterraban a los seres fallecidos, no había panteones, incluso como no le tenían miedo a la muerte, ellos hablaban de un ciclo de la muerte y de la vida”.

Es tan vasto el significado del Biguie’ que dentro de su celebración hay dos formas de colocar las ofrendas, una se define como “Bedxe’”, que significa jaguar, que consiste en una ofrenda prehispánica que se representa desde un retablo de madera adornado con frutos y flores de cempasúchil colocado en una pared y la otra es un altar de siete escalones que representan los niveles de transición al inframundo.

Edición Web: Natalia Vargas