Bukowski, una vacuna contra «la epidemia de lo políticamente correcto»

Sevilla, 29 ago (EFE).- Si el común de los escritores reservaba sus mejores corbatas para salir en el programa «Apostrophes» hubo uno que se llevó una botella de vino para bebérsela directamente, fue Charles Bukowski, al que el periodista Carlos Mármol recupera en un ensayo como si se tratara de una vacuna contra «la epidemia de lo políticamente correcto».

«En un mundo como el actual, donde la gente otorga a su vida una relevancia bastante ridícula, en el que la sentimentalidad –que no es lo mismo que la sensibilidad– inunda el discurso político y contamina el ámbito artístico, la actitud de Bukowski resulta admirable porque escribe desde la resistencia íntima, y lo hace con una voluntad de estilo que está a años luz de la epidemia de corrección política que caracteriza el paradigma cultural de nuestros días», ha dicho a Efe el autor de «Charles Bukowski», ensayo incluido en la colección de breviarios de la editorial Athenaica.

Columnista de varios diarios nacionales y editor de ‘Letra Global’, la revista de análisis cultural del diario ‘Crónica Global’, Carlos Mármol ha centrado su ensayo en la poesía de Bukowski, cuya incorrección política parece agrandarse con el paso del tiempo:

«La censura, tanto la antigua como la contemporánea, no es más que un acto estúpido, por eso debe imponerse por la fuerza y el chantaje, de negación de la verdadera naturaleza humana; una forma de doctrina contra la libertad no ya de sentir, sino de pensar sin seguir un patrón», ha señalado Mármol.

Para el autor, la de Bukowski «es una literatura sobre la vida auténtica, que en general suele ser una vida sucia; de cerca, a corta distancia, y esto lo sabemos todos, salvo los que son fanáticamente idiotas, ninguno somos hermosos ni las cosas son excesivamente sagradas».

En la literatura de Bukowski, «donde el totalitarismo de los biempensantes no ve más que ofensas tribales o de género, lo que hay es valentía y la honesta voluntad de no traicionarse…. Lo grave no es contar, como hace Bukowski, la verdad de las cosas, sino las vidas -llenas de mentiras- que vive la gente; sobre todo los que quieren salvarnos de nosotros mismos», ha añadido.

Según Mármol, la influencia de Bukowski «sigue siendo poderosa» y su sensibilidad poética «no ha envejecido» porque «trata de experiencias individuales que son, a su vez, universales y las expresa con un minimalismo y un lenguaje que ha hecho que sus poemas sobrevivan a la erosión del tiempo».

«No se me ocurre logro mayor para un poeta que éste y, por otro lado, al contrario de lo que sugiere el personaje que encarnó, nace de una sensibilidad singular hacia la literatura, una forma de entenderla, o de sentirla, que persigue la vitalidad, más que la retórica o la impostación», ha añadido.

Bukowski descubre que la verdadera condición poética «no está en la belleza, sino en la vida corriente; no habita en la estética convencional, sino en la vulgaridad, y esa convicción ha caracterizado la evolución de la poesía escrita tanto en inglés como en español desde los años cuarenta del pasado siglo, en un contexto en el que la literatura, sobre todo la lírica, había quedado atrapada dentro de su propia jaula, aunque para muchos todavía pareciera una jaula dorada».

«Nunca fue un escritor comprometido con las causas políticas de su tiempo, empezó a ser conocido en los años sesenta a partir de sus artículos burlescos en la prensa ‘underground’, mientras en Estados Unidos nacían movimientos como la contracultura, los hippies y los pacifistas, él usa otro código: el heroísmo esencial y sobrio de la resistencia del hombre común», con lo que, según Mármol, se suma a la estirpe de poetas que escribe una poesía para que la entienda el hombre común.

«Su voz no es la de un místico, ni tampoco la de un profeta; es la voz de un ser fieramente terrestre, nuestro hermano gemelo, nuestro semejante», ha concluido.