«Cuerpo abierto», el «terror folk» gallego embruja la cartelera

Silvia García Herráez

Madrid, 9 dic (EFE).- Ángeles Huerta debuta en la dirección con «O corpo aberto» («Cuerpo abierto»), un filme de «terror folk» que hoy se estrena en cines y en el que un racionalista profesor trasladado a la frontera entre Galicia y Portugal en 1909 se encuentra con un ambiente de superstición aún presente muchas aldeas gallegas.

Basado en un relato de Xosé Luis Méndez Ferrín incluido en el libro «Arraianos», Huerta aborda con su primera película la creencia popular gallega de las almas errantes en busca de cuerpos que habitar.

«Un cuerpo abierto es susceptible de ser habitado por el espíritu de un muerto. Y en el fondo, todos somos cuerpos abiertos, porque, aunque parezca folclórico, cuando una persona pierde a seres amados, comprende que hay gente que no se marcha de forma definitiva», subraya a EFE la directora sobre la cinta que llega este viernes a las salas.

En esta línea, tanto la directora como los actores protagonistas (Tamar Novas y María Vázquez), presentes en la entrevista, afirman que hoy en día esas creencias todavía siguen vivas en muchos pueblos de Galicia, como han podido comprobar durante el rodaje.

«Cuando hice el casting de niños hablé con las madres porque les tenía que explicar que igual se podían asustar al ver a uno metido en un ataúd. Una de ellas me dijo que no pasaba nada, que ella había hablado con su padre muerto a través de un ‘cuerpo abierto’ y que su hijo lo había visto», detalla Huerta.

Por su parte, Vázquez detalla que en junio hay una romería llamada O Corpiño que va hasta el santuario de la Virgen de O Corpiño (Lalín, Pontevedra), en la que cientos de personas desfilan para deshacerse de los demonios.

CONFLUENCIAS DE IDENTIDADES

A Huerta, asturiana afincada en Galicia, le llamó la atención del relato de Méndez Ferrín no solo que tenía un «potencial estético narrativo muy interesante», sino también que le dio una oportunidad para «hablar de cosas muy contemporáneas».

«La trama parece clásica, pero lleva a un lugar inesperado porque habla de los límites de la vida y de la muerte, de la frontera entre lo masculino y lo femenino. Se sitúa en un lugar intermedio donde nunca nadie se va del todo», cuenta.

Como cuando el personaje de Obdulia (Vázquez), una vecina postrada en cama, se convierte en un «cuerpo abierto» al ser poseída por el espíritu de un capador portugués: «Aquí quería mostrar que ella tiene asignado el papel de mujer, pero quiere hacer más cosas, que se le acepte. De ahí que no sepamos si el cambio viene dado por su propio deseo o porque realmente esté poseída», aclara.

Además de los personajes, la película cede gran protagonismo al sonido y al paisaje. «Tenía que rodarse en escenarios naturales y los actores tuvieron que entrar en una especie de trance colectivo en una zona espiritual. Pasamos mucho frío y eso se respira también en el filme», explica la directora.

Como dato curioso, los pupitres y la mesa del profesor que aparecen en el filme son los de «La lengua de las mariposas» de Fernando Fernán Gómez (estaban en un museo de Ourense y Huertas los rescató para el rodaje), en la que casualmente Tamar Novas actuó de pupilo y en la que ahora es profesor.