El descubrimiento de Pompeya marcó un nuevo estilo de decoración belenista

Lidia Yanel |

Toledo (EFE).- El belén napolitano que expone esta Navidad el Museo del Greco en Toledo es un ejemplo de la tradición belenista que se impuso tras el descubrimiento de Herculano y Pompeya, en 1734, y que incluyó en sus decorados ruinas clásicas que poco tienen que ver con el tradicional pesebre.

Hasta el próximo 2 de febrero, el Museo del Greco mantendrá expuesto un espléndido nacimiento perteneciente al coleccionista afincado en Toledo Amador Valdés e integrado por unas 60 figuras de los siglos XVIII, en su mayoría, y XIX.

El museo ha explicado a EFE algunas características de la escenografía, la composición y la elaboración de las figuras del belén napolitano que expone.

Descubrimiento de Herculano y Pompeya

El descubrimiento de Herculano y de Pompeya tuvo lugar en 1734, año en el que accedió al trono de Nápoles Carlos VII, quien, a su vez, desde 1759 también fue Carlos III de España.

El descubrimiento de Pompeya marcó un nuevo estilo de decoración belenista
Belén napolitano que expone esta Navidad el Museo del Greco, en Toledo. EFE/ Ángeles Visdómine

En España los belenes habían sido introducidos por la orden franciscana en el siglo XV, pero su auge llegó con Carlos III y su esposa, la reina María Amalia de Sajonia, también coincidiendo con el Neoclasicismo y, especialmente en Nápoles, con el hallazgo de Pompeya.

De este modo, es frecuente ver escenarios de ruinas clásicas en esos belenes, incluso en la escena de la Natividad, como ocurre en el caso del belén expuesto de Amador Valdés. Y también hay otros que añaden a la escenografía el volcán Vesubio, que sepultó Herculano y Pompeya en el año 79.

Un complejo sistema de ensamblaje de las figuras del Belén

Las figuras del belén que expone el Museo del Greco tienen los bustos modelados en terracota, las manos y piernas están talladas en madera, los ojos son de cristal, y las vestimentas incluyen sedas, encajes, puntillas, perlas y pequeñas piedras preciosas cosidas sobre un cuerpo de estopa y alambre, además de numerosos accesorios.

Responden a un complejo sistema de ensamblaje:

El cuerpo es un maniquí articulable elaborado con hilos de estopa sobre un alma de alambre que permite una mayor adaptabilidad a distintas escenografías.

Las cabezas están modeladas en terracota policromada al óleo, dejando huecas las cuencas de los ojos para introducir diminutas cuentas de cristal que aumentan el realismo de la figura.

El descubrimiento de Pompeya marcó un nuevo estilo de decoración belenista
Belén napolitano que expone esta Navidad el Museo del Greco, en Toledo. EFE/ Ángeles Visdómine

El busto, de unos 4 centímetros de largo, amarra la cabeza mediante cuerdas al cuerpo de estopa, en cuyo interior se puede encontrar, a menudo, la firma del escultor.

En los pies hay dos orificios para anclar la figura a su base de madera o corcho, permitiendo prescindir del uso de peanas que pueden restar verosimilitud a la escena.

Expresividad de las figuras

Además, la expresividad de cada figura reside en su rostro pero su singularidad es la gesticulación de sus extremidades, que para el escultor es uno de los grandes elementos diferenciadores.

Cualquier figura humana en la composición, independientemente del personaje representado, recibía el nombre de pastori, y lo que definía la categoría de los belenes en el Nápoles del XVIII era la acumulación de estos pastori.

En Nápoles, el modelado y tallado de las cabezas y extremidades de las figuras de los belenes fue derivado de manera habitual a maestros en nómina de la Real Fábrica de Porcelanas de Capodimonte, y en los tejidos de los personajes trabajaban operarios de la Real Fábrica de Seda de San Leucio siguiendo, a menudo, los diseños de la reina María Amalia de Sajonia.

Este belén napolitano todavía representa un sistema de gremios medieval de una sociedad preindustrial y varias de sus piezas son obra del gran escultor napolitano Giuseppe Sanmartino.

Aunque los primeros belenes se remontan a representaciones encontradas en catacumbas romanas anteriores al siglo V, en realidad los primeros con el significado actual que mantenemos proceden de san Francisco de Asís, que en 1223 organizó en Greccio (Lacio, Italia) un belén viviente en la Nochebuena.

Con Carlos III y María Amalia de Sajonia el auge de los belenes en España se extendió primero entre la nobleza y después llegó el resto de la sociedad y a las colonias españolas en América, Filipinas e Islas del Pacífico.

El belén expuesto en el Museo del Greco puede visitarse de martes a sábado, excepto los días 24, 25 y 31 de diciembre y 1 y 6 de enero, en que cierra. La entrada es gratuita hasta el 8 de enero de 2023.