Guinness para Venezuela por cambiar la cara de la crisis a punta de récords

Por Génesis Carrero Soto

Caracas, (EFE).- En 2022, como nunca antes, Venezuela movilizó a miles de personas y destinó también miles de dólares para alcanzar récords mundiales y asegurarse titulares positivos en los medios de comunicación. El país, tristemente célebre en la prensa de los últimos años, ahora busca darse a conocer por hazañas más compatibles con la incipiente recuperación económica.

Tras certificar la orquesta más grande del mundo a finales de 2021, cuando recibieron un Guinness por poner en escena a 12.000 músicos, se desató en Venezuela una fiebre por marcar hitos en áreas como el baile, la música, el arte y la comunicación, lejos de la inflación, inseguridad, pobreza y escasez que batieron récords en la última década.

Este 2022, Venezuela se hizo acreedora del Guinness por el hombre más longevo, la mayor agrupación folclórica venezolana y la rueda de salsa casino más grande, mientras que marcó récords mundiales por el pódcast más largo y el mural ecológico de mayor amplitud, iniciativas que requirieron del trabajo de miles de personas cuyo único beneficio fue la experiencia en sí.

Parte de la historia

Miles de bailarines participan en una rueda de salsa casino para buscar un récord Guinness en el velódromo «Teo Capriles» del Instituto Nacional de Deporte en Caracas (Venezuela). EFE/ Rayner Peña R.

Un total de 1.595 bailarines conquistaron el Guinness al completar la rueda de salsa casino más grande del mundo, a finales de noviembre. El líder de esta coreografía, Luis Llamo, contó a EFE que se trata de un «reconocimiento moral» con el que todos los participantes pasaron a ser «parte de la historia».

«La ganancia que obtuvimos por romper el Récord Guinness es moral (…) Logramos que los casineros de Venezuela sean reconocidos mundialmente, ya son una referencia para el mundo entero, logramos que Caracas se declarara como la ciudad de referencia mundial, turística y cultural en el casino», aseguró.

La idea tardó casi dos años en materializarse, retrasada por la pandemia y la falta de recursos, hasta que en marzo empezaron los contactos formales con los certificadores de los récords y, en adelante, a cumplir con cada uno de los requisitos.

Miles de bailarines participan en un rueda salsa casino para buscar un récord Guinness en el velódromo «Teo Capriles» del Instituto Nacional de Deporte en Caracas (Venezuela). EFE/ Rayner Peña R.

Llamo y sus compañeros buscaron a los bailarines por todo el país, una cacería que apuntaba a candidatos con edades comprendidas entre los 7 y 65 años, procedentes de las 102 academias de salsa casino que se unieron para arrebatar el récord a España, que había obtenido este título en 2019 con 1.291 participantes.

Los gastos superaron los 35.000 dólares -casi la mitad en pagos a Guinness-, un total que fue recaudado en varios eventos, que también requirieron del trabajo de los «casineros», empeñados en darle «una alegría a Venezuela».

«Hicimos actividades con la finalidad de recaudar fondos en función de esto y lo logramos. Pero lo más importante de esto es que logramos romper este récord», dijo, sin dejar de agradecer el apoyo logístico que el Ministerio de Deporte y la Alcaldía de Caracas prestaron en la actividad central.

Regresa la esperanza

Vista de las tapas plásicas que forman parte de un mural del artista venezolano Oscar Olivares en Guatire, estado Miranda (Venezuela). EFE/ Rayner Peña R.

Para Endry Méndez, presidente del Instituto Municipal de la Gaita de la ciudad de Maracaibo, alcanzar el título de la agrupación folclórica venezolana más grande del mundo sirve de «inspiración» para todo el estado petrolero Zulia, una región golpeada por apagones, escasez, migración y otros signos de la crisis de los último años.

Haber conseguido un Guinness, también en noviembre pasado, fue un logro de casi 800 personas que buscaban lo mismo, el reconocimiento y posicionamiento mundial de la gaita, el género musical predominante en esta zona fronteriza con Colombia.

Cientos de músicos participan en un recital folclórico para romper el récord Guinness en Maracaibo (Venezuela). EFE/ Henry Chirinos

Se necesitaron ocho meses de trabajo y «más de 154 correos electrónicos» para aclarar dudas, tanto de los certificadores mundiales como de las empresas y gobiernos locales que cubrieron los gastos, pero el intento llegó a feliz término cuando 400 músicos ofrecieron el recital y se hicieron con la marca.

Ellos, al igual que los bailarines de salsa casino, asegura Méndez, buscaban dejar una huella con un trabajo colectivo y mostrar esta nueva cara de la Venezuela que bate récords positivos, que está haciendo cosas buenas.

Quienes trabajaron en estos despliegues hoy se dicen a sí mismos «tengo un récord mundial en mis manos» y eso, a juicio de Llamo, vale más que cualquier premio metálico.