Jango Edwards: He sido libre y no he desperdiciado ni un día de mi vida

Barcelona, 11 sep (EFE).- «Quiero que la gente deje de enviarme tarjetas de buenos deseos. Parad, no funcionan», bromea al hablar de su cáncer terminal el payaso Jango Edwards, un icono del clown quien a pesar de todo no pierde su sentido del humor e irreverencia, y se siente satisfecho de una vida «en libertad» y sin desperdiciar ni un día.

Así lo ha explicado en una entrevista con Efe, después de que la semana pasada anunciara que padece un cáncer terminal, que ya le ha arrebatado su característica melena, y dijera que uno de sus deseos era regalar a la ciudad de Barcelona sus últimas actuaciones, en el marco del Festival of Fool, organizado por el Nouveau Clown Institute que él mismo lidera.

«Venid, es vuestra última oportunidad. La muerte viene caminando, cuando esto se acabe desapareceré. Probablemente moriré de inmediato, pero me marcharé, seré invisible, no me veréis nunca más. Me iré de Barcelona. Son mis últimos espectáculos», apremia el payaso, establecido en la capital catalana desde hace una veintena de años.

Estas últimas funciones se podrán ver a lo largo de este mes de septiembre en espacios como los Lluïsos de Gràcia, Lluïsos d»Horta, Foment Hortenc, hasta el 2 de octubre, cuando finaliza el festival.

Para Stanley Ted Edwards (Detroit, EEUU, 1950), nombre real de Jango Edwards, el escenario es «el lugar menos importante» donde ha actuado. Es un payaso a tiempo completo, donde sea que vaya. Antes, durante y después de la charla se suceden las bromas, de mejor o peor gusto: pedos delante de la cámara, intentos de comerse el micrófono o chascarrillos sobre partes íntimas propias y ajenas forman el repertorio.

«No me gusta, pero cura mi afección», guasea mientras inhala un cigarrillo por una de sus fosas nasales para posteriormente volver a ponérselo en la boca.

Jango Edwards fue uno de los impulsores de la renovación del mundo del clown en los años setenta y del nacimiento del Nouveau Clown, un movimiento al que se apuntaron Leo Bassi, Johnny Melville y otros muchos grandes payasos que se reconocen discípulos de Edwards.

Es considerado como uno de los máximos referentes del lenguaje contemporáneo de los payasos y representante del llamado ‘clown power’, su humor entre la provocación y la ternura ha causado siempre un gran impacto en público y crítica.

«No sabía que era una persona tan reputada hasta que el otro día aparecí en TV3. No esperaba lo que iba a pasar. Solo intentaba que la gente se interesara por nuestro festival porque la promoción fue terrible», explica.

«No os lo podéis ni imaginar, estaba en casa y la gente me estaba llamando de todo el mundo, no sabía que me conocían», explica asombrado sobre la reacción que ha habido al conocerse su cáncer terminal.

Preguntado por los motivos de su éxito, indica: «Supongo que hice algo bueno, aunque todo lo que he hecho ha sido ser libre, vosotros deberías hacer lo mismo». Sin embargo, asegura que lo que le importa no es la fama ni el dinero, sino la diversión.

«Tengo 72 años y me estoy muriendo, pero por dentro soy un niño de seis años, excepto por mi pene», sigue bromeando.

Consciente de que «la vida es muy corta», se siente afortunado por cómo la ha vivido: «No deberíais desperdiciar ni un día de ella, yo nunca lo he hecho. En la vida hay que pasárselo bien y ser libre. Yo me he divertido cada día».

Y para disfrutar de la vida, concluye aconsejando: «Sonreíd. Está justo debajo de vuestra nariz. No lo olvidéis, vuestra sonrisa no es una arma de destrucción masiva, es una arma de construcción masiva». EFE

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