La delicadeza de las Tres Mil Viviendas llega de la mano de ‘Torombo’

Sevilla, 15 sep (EFE).- Las Tres Mil Viviendas es «un barrio delicado», ha dicho a EFE el bailaor y palmero José Suárez ‘El Torombo’, quien se ha encargado de seleccionar a una veintena de artistas jóvenes de ese barrio que el sábado mostrarán, en el marco de la Bienal de Flamenco de Sevilla, cuanto talento se esconde en una de las zonas más deprimidas de España.

De los más de sesenta espectáculos de la Bienal, el integrado por artistas de las Tres Mil Viviendas, integrado en el ciclo «Territorios» y que el sábado se pondrá en escena en el patio del castizo Hotel Triana, es uno de los tres que han agotado las entradas nada más ponerse a la venta.

Fue el bailaor Antonio Amaya ‘El Petete’, que fue apadrinado por Farruquito, quien le pidió a ‘El Torombo’ -al que Farruco le puso ese nombre artístico un día que se lo encontró de sopetón en el tablao «Los Gallos»- que volviera al barrio de las Tres Mil Viviendas, donde se había criado, para que colaborara en la formación artística de la chavalería del barrio.

Torombo ha recordado a EFE con palabras no exentas de emoción que no pudo negarse porque cuando ‘El Petete’ era un niño, él se lo llevaba a los tablaos y al final de las actuaciones le dejaba salir para que participara del fin de fiesta, en lo que debieron ser sus primeros pasos ante el público.

«Ellos tienen la chispa del fósforo, pero si le quitas el palito del fósforo, se queman, y ese palito del fósforo es la formación, la constancia, la perseverancia y la disciplina que les hace falta, porque la actitud la tienen, lo que ellos tienen no se da en las escuelas sino que va en el ADN», dice Torombo tirando de pedagogía para hacer entender al profano que son nietos y biznietos de grandes artistas de Triana.

Torombo tiene 54 años y dice que en los cinco años y medio, pandemia mediante, que ha trabajado con estos jóvenes ha tratado de devolverles lo que a él mismo le dieron sus abuelos, de hecho él los llama «los niños», aunque de vez en cuando hace un inciso -él emplea la palabra «inciso», pero dice que no le gusta porque no es de su vocabulario- para explicar que muchos de estos «niños» son ya padres de familia.

En las Tres Mil Viviendas, en el centro Factoría Cultural, financiado con fondos europeos y gestionado por el Ayuntamiento de Sevilla, equipado con espejos y tablas para el baile, trabaja Torombo con los artistas que el sábado actuarán en la Bienal por primera vez no como acompañantes sino como protagonistas-

«Al barrio no llegan las miradas a no ser que sean miradas voluntariosas; allí hay mucho talento y esos niños cuando van por las calles con una guitarra buscándose la vida deberían ser un orgullo para todo el mundo, lo mismo que son los mariachis en México», ha señalado el bailaor quien, con la delicadeza que reclama para las Tres Mil Viviendas, habla de las oportunidades que el arte flamenco brinda a estos jóvenes:

«El arte también les vale para salir de las debilidades y las circunstancias que puede haber en el barrio… Y hay que explicarles también que para hacer arte no hay que beber, ni que fumar, ni que poner aditivos, con lo que tenemos en el interior es suficiente; los chavales se fijan más en cómo coge el cigarro un artista que en cómo canta; igual que se fijan más en cómo se peina Messi que en cómo juega».

Torombo, que con una elegancia natural calza botas bajas, lleva sombrero y viste camisa de encaje, asegura que para que la gente del barrio salga adelante lo que hay que hacer, como ha sido el caso de la Bienal, es sacarlos a actuar fuera en vez de llevarles cosas allí: «Lo que habría es que llevarlos a Japón para que ellos mismos comprobaran como se les admira y respeta allí».