La colombiana Laura Mora: «De algún modo, el cine da lo que la sociedad quita»

Jorge Fuentelsaz | 

Nueva York, (EFE).- La directora de cine colombiana Laura Mora, cuya última película «Los reyes del mundo» ganó la Concha de Oro de San Sebastián y ha sido propuesta por su país como candidata a los Oscar de 2023, asegura en una entrevista a EFE que «el cine da lo que la sociedad quita».

El largometraje acaba de ser adquirido por la plataforma Netflix, que lo proyectará a partir de enero en América y llegará a los cines en España a finales en marzo.

Su segundo trabajo -dice Mora- es una película «dura», que narra la aventura de cinco jóvenes huérfanos de las calles de Medellín, que se dirigen a recuperar un pedacito de tierra que las autoridades han restituido a uno de ellos, después de que los paramilitares se la hubieran arrebatado, años atrás, a su abuela, ya muerta.

Se mueven por la esperanza de vivir libres, alejados de la violencia y la miseria en la que están sumidos. Una esperanza que con el tratamiento poético y en ocasiones mágico, que aflora en la cinta de Mora, junto con las relaciones entre los protagonistas, permite al espectador respirar en este largometraje de denuncia, en el que el paisaje urbano y constreñido se abre luego a una naturaleza salvaje e inquietante.

«Entiendo el cine como mi territorio político y es ahí donde suelto mis preguntas que ojalá puedan tener un eco en la universalidad, pero que, claramente, están ancladas en mis preocupaciones con el país que me ha tocado habitar y donde están, además, todos mis dolores, mis amores», cuenta en una entrevista por videoconferencia.

«El deber del pueblo es indignarse»

En esta cinta y en su anterior largometraje «Matar a Jesús» late una frase del filósofo Michel Foucault que pronuncia en la cinta autorreferencial de su ópera prima el padre de la protagonista poco antes de ser asesinado: «El deber del pueblo es indignarse, el de los gobernantes, reflexionar sobre ello».

Unas palabras, cuenta Mora, que tomó de su padre, profesor de derecho y asesinado en Medellín en 2002.

«Sí que creo que esa indignación, que debe provenir del ciudadano, es algo que ha hecho eco en mi vida, no solo en mi cine, sino que también trato de mantener cierta coherencia entre el cine que hago y la manera como habito el mundo», subraya.

Un inconformismo que es patente en «Los reyes del mundo», donde la burocracia y la justicia colombianas se yerguen como dos de los grandes obstáculos en el viaje de los cinco jóvenes, aunque los verdaderos villanos no tienen rostro ni están al alcance de los protagonistas.

La esperanza frente al horror

Ante este determinismo, ante el horror que -según Mora- invade el mundo, la esperanza emerge como la herramienta para hacerle frente.

«A mí me inquieta mucho la idea de la esperanza, porque yo siempre estoy como en una especie de contradicción, porque yo amo la vida, pero el mundo me parece un lugar muy horroroso (…). Sí que hay esperanza cuando uno está indignado, cuando uno está haciendo un cine de la dureza», comenta, antes de volver sobre la idea de la importancia de abordar la película «desde un lugar poético para, ojalá, encontrar una posibilidad de un mañana».

Otro de los ingredientes para enfrentarse al horror de la vida -continúa Mora- son las relaciones de los personajes, esos «que muchas veces la historia deja por fuera (…). Es ahí donde encuentro los brotes de humanidad más grandes, algo que yo defino como la ética de los afectos: basada en el afecto, en la solidaridad. Es algo que el mundo ha perdido y que estas pequeñas comunidades o grupos de amigos siguen manteniendo».

Y para desarrollar su historia no contó con actores profesionales, sino que buscó a los protagonistas entre jóvenes que practicaban «gravity bike», un deporte de riesgo que consiste en deslizarse en bicicleta por empinadas cuestas hacia abajo.

«Hay unas verdades que no se construyen, que existen (…), que simplemente están, que son unas marcas en la piel y en el alma», subraya para justificar su elección.

«Me inquieta profundamente la masculinidad»

«Los reyes del mundo» es también una película eminentemente masculina, donde apenas tiene cabida la mujer.

«Hay una antropóloga, Rita Segato, que dice que los hombres son las primeras víctimas del patriarcado. Puede sonar muy polémico, pero creo que sí y por ahí es como si la violencia fuera patrimonio de la masculinidad y, en una sociedad tan profundamente violenta como en la que me ha tocado crecer, pues me ha inquietado el lugar de los hombres a los que, también para ser hombres, se les ha pedido ser violentos», dice.

En un momento de su viaje, los niños se detienen en un prostíbulo donde un grupo de mujeres les dan cobijo y que Mora quiso representar como una «matria» habitada por «mujeres en el olvido», porque para la directora: «Colombia tiene un poco de burdel».