«Los planetas fantasma», de Rosa Berbel, “entre la utopía y el apocalipsis»

Madrid, 9 ago (EFE).- La escritura de la poeta Rosa Berbel oscila “entre la utopía y el apocalipsis”, una tensión que, asegura, es «el signo de nuestro tiempo” y queda manifiesto en su segundo poemario, “Los planetas fantasma”, donde reflexiona sobre la soledad, las relaciones afectivas o la crisis climática.

“El libro se consolidó durante la pandemia, que volvió a poner sobre la mesa la sensación general de aislamiento o de deterioro de las relaciones con otros y con el paisaje”, cuenta en una entrevista con Efe la autora (Sevilla, 1997), graduada en Literaturas Comparadas y máster en Estudios Literarios y Teatrales por la Universidad de Granada.

“Por eso hay toda una reflexión sobre la comunidad”, añade, “sobre quién tenía acceso a una casa y sobre el final de la fiesta”.

“Los planetas fantasma” (editorial Tusquets) es un libro muy arraigado en su contexto, “en esta crisis tremenda en la que estamos ahora y que tiene que ver con la pandemia, pero también con muchas otras cosas, como el desastre climático”, explica la autora.

El amor, el ecologismo y los miedos atraviesan una treintena de poemas en los que las brujas, los espectros y los aquelarres están muy presentes, fruto de la “obsesión” de la autora tanto con el cine de terror como con “el terror literario, tan en auge en los últimos años y principalmente escrito por mujeres”.

“Me interesa mucho cómo el terror, que siempre ha sido un género muy favorable a la representación política, está siendo llevado por mujeres a todo un orden de cosas que nos resulta perturbador y violentísimo como el género, las clases o la situación política en Latinoamérica”, reflexiona la escritora.

Este segundo libro llega tres años después de su ópera prima, “Las niñas siempre dicen la verdad”, Premio de Poesía Joven Antonio Carvajal, Premio Andalucía de la Crítica a la mejor Ópera Prima y Premio Ojo Crítico de Poesía 2019 de RNE, que vendió miles de ejemplares en España, donde la poesía es un género de consumo minoritario.

Un éxito que le llegó a resultar “incómodo, porque el trato que se le da a la poesía joven es condescendiente y está atravesada por el paternalismo. Y yo era una mujer joven, de 20 o 21 años, por lo que todo se multiplicaba”, sostiene.

“A esto se sumó que fui creciendo, haciendo otras lecturas y escribiendo otras cosas y que me apetecía hacer una exploración poética distinta”, apunta.

Una incomodidad que, en cualquier caso -asegura-, le ha resultado “productiva”.

“Creo que, aunque la poesía joven siempre se aborde desde cierta sospecha o desconfianza, como evitando compararla con la poesía de adultos, y aunque específicamente la poesía escrita por mujeres se trate con condescendencia o paternalismo, hay algo en lo que podemos trabajar, y es desde dónde podemos contribuir”, alega.

Y concluye: “Una vez habitamos ese conflicto, y aprovechando la visibilidad de la poesía joven ahora mismo, podemos ponerla a nuestro servicio para contar lo que nos apetezca contar y hacer las indagaciones poéticas que queramos”.