Mahani Teave lucha para que sobreviva la escuela de música en Isla de Pascua

Por Javier Martín |

Isla de Pascua (Chile) (EFE).- Mahani Teave, la pianista clásica chilena con sangre rapanui que maravilló al mundo y llegó al número 1 en el ránking Billboard, busca una vía para el proyecto que más ama: la escuela de música sostenible para jóvenes talentos que con mucho esfuerzo levantó hace una década en la Isla de Pascua, la tierra de su padre.

Teave nació en Hawái, hija de una azafata estadounidense y un artista rapanui, y sufrió en su propia carne las carencias y las dificultades para estudiar en este rincón apartado de la Polinesia, que ella misma debió abandonar siendo adolescente para poder perseguir el sueño que le legó una viajera y música alemana.

Formada en el Conservatorio de Música de la Universidad Austral de Chile, y con una maestría en Ohio (Estados Unidos), en 2011, ya como una pianista consagrada, decidió volver a la tierra de su padre y establecer una escuela para niños.

No fue fácil: sin apenas fondos, con escasos instrumentos, pocos eran los profesores que se atrevían a abandonar el continente para instalarse en este pequeño paraíso situado en medio del Pacífico, a cinco horas de vuelo del continente y una distancia similar de Tahití.

Una niña toca el violín durante una clase en la escuela de música de Mahani Teave (fuera de cuadro), el 18 de noviembre de 2022, en la Isla de Pascua (Chile). EFE/Javier Martín
Una niña toca el violín durante una clase en la escuela de música de Mahani Teave (fuera de cuadro). EFE/Javier Martín

No sería hasta dos años después, tras la fundación de la ONG Toki y los fondos logrados a través de algunos mecenas, organismos como Desafío Levantemos Chile, empresas como Entel y la Municipalidad de Pascua, entre otros, cuando el sueño se hizo realidad.

Una escuela construida con miles de toneladas de basura, totalmente sostenible, obra del arquitecto Michael Reynolds, donde niños y jóvenes estudiaban gratos con hermosas vistas a la inmensidadd turquesa del océano.

Esperando al mecenas

«El mayor desafío creo que tiene que ver con el poder combinar lo que fue nuestro sueño original, que era tener clases gratuitas para todos, con lo que es la realidad (ahora) de poder mantener un lugar sin tener un sustento económico estable», se lamenta Teave, cuyo disco, «Rapa Nui Odyssey», alcanzó en marzo de 2021 el número 1 en la lista Billboard.

Un premio que ha supuesto una alegría a nivel personal y ofrecido cierto desahogo pero que no ha servido para solventar la fragilidad financiera, que ha llevado a que el año pasado hubiera que comenzar a pedir dinero a los padres.

«Eso yo creo que fue como el choque más grande para nosotros, porque tuvimos ocho años de clases gratuitas en los que nuestro equipo prácticamente no durmió para poder mantenerse, postulando a proyectos, golpeando puertas, buscando padrinos», explica.

Para la artista, la preocupación mayor es, sin embargo, cómo conseguir que este proyecto sobreviva y prolongue sus beneficios sobre la población rapanui en el tiempo, incluso el día en que ella, sea por la causa que sea, falte.

Mucho más que una escuela de música

En el espectacular edificio diseñado por Reynolds, construido con seis toneladas de plástico, 2.500 neumáticos desechados, 40.000 latas, 30.000 botellas de vidrio y otros residuos acumulados durante seis años en la isla, no solo se escucha el sonido de los instrumentos clásicos y los acordes de la música polinésica.

También hay espacio para las tradiciones y la formación en reciclaje, entre otras materias dedicadas a formar integralmente a jóvenes del siglo XXI.

Fotografía de las manos de Mahani Teave mientras toca el piano, durante una entrevista con EFE el 18 de noviembre de 2022, en la Isla de Pascua (Chile). EFE/Javier Martín
Fotografía de las manos de Mahani Teave mientras toca el piano, durante una entrevista con EFE el 18 de noviembre de 2022, en la Isla de Pascua (Chile). EFE/Javier Martín

«Estos chicos son los que van a tener que tomar decisiones que nosotros ni siquiera nos imaginamos. Nuestra labor hoy día es hacer todo lo posible para que ellos tengan una buena base, que sean seres humanos que puedan expresarse», afirma.

«Y sí, la música es el camino a través del cual lo pueden hacer, maravilloso. Así que bueno, no es una escuela solamente de música, es una escuela de vida que además intenta recuperar las tradiciones», subraya.

«Lo hemos hecho con mucho cariño, con mucha, mucha dedicación y porque creemos en los niños, porque necesitamos niños que desarrollen su potencial, sus talentos, que tengan una buena autoestima, que crean en sus valores», concluye antes de expresar una vez más el temor por el futuro de un proyecto único, en un lugar único del mundo en los dedos de una pianista única.