Morante y Urdiales salvan del desastre total la corrida estrella de Zaragoza

Zaragoza, 14 oct (EFE).- La técnica y la estética que Morante de la Puebla y Diego Urdiales aplicaron con los segundos toros de sus lotes, y de los que cortaron sendas orejas, salvó del desastre al que los inválidos toros de Juan Pedro Domecq estaban abocando la corrida estrella de la feria del Pilar, celebrada este viernes en Zaragoza.

El diestro Diego Urdiales con el segundo de la tarde durante la corrida de la Feria del Pilar, este viernes en Zaragoza. Comparte cartel con los matadores Morante de la Puebla y Alejandro Talavante, lidiando toros de Juan Pedro Domecq EFE/ Javier Cebollada

Desde hace días ya no había entradas para presenciar este festejo, el de mayor lujo de una feria de escasos atractivos en los carteles, de tal forma que a la hora del paseíllo la plaza presentaba un ambiente inmejorable, abarrotados sus tendidos de un público cargado de una expectación que, toro a toro, se iba derrumbando.

La lidia de los tres primeros fue prácticamente un calco, pues los terciados ejemplares de la divisa de Juan Pedro Domecq, como tantas otras tardes de esta temporada, apenas sacaron energías suficientes para seguir los trastos con un mínimo de celo y entrega.

Mas bien al contrario, sucedía que los toreros, después de pasar a los astados testimonialmente por el hierro de los picadores, tuvieron que ejercer casi como fisioterapeutas con sus muletas, pero sin encontrar como resultado más que unas pocas medias arrancadas y caídas de los toros a la mínima exigencia.

Afortunadamente, la decoración cambió a la salida del cuarto, después de que Morante, en su corrida número 99 de la campaña, obligara a regar la plaza, incluso dirigiendo las operaciones del operario de la manguera desde el burladero de matadores.

Y, tras cuidar mucho a ese toro en el caballo, el de la Puebla se dedicó, con afición y amor propio, a crear un hermoso espectáculo más allá de las condiciones del enemigo, levantando el telón con unos preciosos ayudados por alto sin despegar apenas los brazos del cuerpo.

Tuvo sabor ese arranque de faena a un toro también muy medido de fuerzas y que embestía rebrincado, pero al que Morante equilibró y suavizó en una magistral mezcla de estética y estrategia lidiadora, manejando con acierto distancias, alturas y ritmos para que el animal se sostuviera.

Jugó el sevillano perfectamente con las pausas en una faena por momentos interrumpida, pero aun así redonda por la bella forma, cargada de torería, en que el maestro llenó la escena y la salpicó con excelentes redondos, naturales mecidos y adornos inspirados, sin que el público pudiera perder ni un segundo la vista del ruedo.

Oreja de mérito, pues, de torero largo y sobrado, la que se llevó Morante, y oreja bien ganada también por Urdiales en el quinto, para terminar así de salvar la tarde con el único «juampedro» que mantuvo un mínimo de energías para seguir los engaños, aun con reservas.

En este caso, el riojano tiró de temple y de idéntica paciencia, primero para aplacar un punto de temperamento defensivo y la falta de ritmo del animal, y luego para llevarlo largo con los vuelos del engaño, solo que sin poder ligar más de dos muletazos seguidos, a expensas de que el de Juan Pedro no se le afligiera.

Pero Urdiales cogió perfectamente el equilibrio necesario para desplegar un toreo de sobrio clasicismo, y además un cierre de faena envuelto en buen gusto, con ayudados y cambios de mano que precedieron a un pinchazo que no mermó la merecida petición del trofeo.

Hecha la puntual y honrosa excepción de las dos faenas premiadas, Alejandro Talavante no hizo mucho para evitar la que llevaba camino de ser una clamorosa decepción.

Sumido en una desangelada actitud, sin tensión creativa ni lidiadora, ayuno de temple y de fibra, la tarde del extremeño, acentuando el tono menor de su temporada de reaparición, estuvo marcada por la misma desgana con que se mal movieron por el ruedo sus dos inválidos oponentes.

FICHA DE LA CORRIDA.- Seis toros de Juan Pedro Domecq, de justa presentación, bajos de agujas y sueltos de carnes, apenas dieron juego por sus nulas fuerzas y raza, afligiéndose siempre al esfuerzo. El cuarto y quinto tuvieron algo más de entereza y duración.

Morante de la Puebla, de grana y oro: dos pinchazos, estocada caída y descabello (silencio); estocada tendida desprendida (oreja).

Diego Urdiales, de verde esmeralda y oro: estocada caída delantera (silencio); pinchazo y estocada desprendida (oreja tras aviso).

Alejandro Talavante, de hueso y oro: media chalequera y dos descabellos (silencio); media trasera y tres descabellos (pitos).

Entre las cuadrillas, destacó la brega de El Víctor con el quinto, mientras que Juan José Trujillo y El Fini destacaron con las banderillas.

Octavo festejo de abono de la feria del Pilar, con cartel de «no hay billetes» en las taquillas -unos 11.000 espectadores- en tarde de calor.

Paco Aguado