Washington (EFE).- El presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró este martes en su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso que los nuevos gravámenes del 10 % que ha implementado tras el reciente varapalo de la Corte Suprema a su política arancelaria, no requerirán «la intervención del Congreso» para ser permanentes.
El republicano aseguró que los nuevos impuestos aduaneros activados hoy mismo «son un poco más complejos, pero probablemente mejores, lo que conducirá a una solución aún más sólida que antes».
«No será necesaria la intervención del Congreso», afirmó Trump, pese a que la norma en la que se ha apoyado para decretar esos nuevos gravámenes, la sección 122 de la ley de comercio de 1974, implica que los aranceles solo pueden imponerse durante 150 días si el Congreso, donde los republicanos tienen una mayoría muy escueta, da su aprobación.
Las palabras de Trump dan a entender que no buscará el apoyo del legislativo para la activación de esta nueva fase de su política comercial.

El mandatario fue un paso más allá al defender la imposición de gravámenes sobre las importaciones al aventurar que sustituirán a la recaudación de impuestos sobre las personas físicas.
«Creo que los aranceles pagados por países extranjeros, como en el pasado, reemplazarán sustancialmente el sistema moderno de impuesto sobre la renta, aliviando una gran carga financiera a la gente que amo», afirmó.
El presidente de Supremo de EE.UU. acude al Capitolio
El presidente de la Corte, John Roberts, estuvo presente hoy en el Congreso para el discurso sobre el Estado de la Unión de Trump junto a otros tres jueces del Supremo, Elena Kagan, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett. Ninguno de ellos pareció inmutarse con las palabras del presidente.
De los cuatro, solo Kavanaugh votó a favor de mantener los «aranceles recíprocos» de Trump.
El mismo grupo de jueces asistió el año pasado, una señal de que los jueces no han cambiado sus planes o comportamiento a pesar de los ataques altamente personales del presidente después de su fallo en el caso de los aranceles.

La tradición no escrita marca que los jueces del Tribunal Supremo y el presidente de Estados Unidos coincidan en esta cita anual y pocas veces la tensión entre los representantes del poder Ejecutivo y Judicial ha sido tan intensa como esta noche.
Reacción de Trump ante la anulación de los aranceles
Desde que el viernes pasado el Supremo anulara parcialmente los aranceles, uno de los ejes de la política económica de la Casa Blanca, Trump no ha escatimado críticas a la decisión judicial.
El presidente reaccionó con ataques personales contra los seis jueces del Supremo que votaron en contra de los aranceles y tras calificar la sentencia como «profundamente decepcionante», afirmó sin pruebas que los magistrados habían tomado la decisión «por intereses extranjeros».
Cuando le preguntaron, tras conocerse la anulación de los aranceles, si los jueces que votaron en su contra seguían invitados al Discurso del Estado de la Unión, respondió con un directo: «La verdad es que me da igual que vengan».
El juez Roberts fue el encargado de redactar la opinión de la sentencia en la que se declaraba que Trump se había excedido en su autoridad legal al ampararse en un estatuto de emergencia para imponer aranceles excesivos sin la aprobación del Congreso.


