Fatmata Binta, la cocina como misión a favor de las mujeres africanas

San Sebastián, 16 nov (EFE).- La recuperación del fonio, un cereal de alto valor nutricional, sin gluten y que crece mejor en zonas secas, es el epicentro del proyecto premiado con el Basque Culinary World Prize 2022, que su impulsora, Fatmata Binta, presenta como una solución a las hambrunas y una vía para ayudar al empoderamiento de las mujeres rurales del África occidental.

Binta, una cocinera nacida y criada en Sierra Leona y establecida en Ghana, de origen fulani, la mayor tribu nómada del mundo, recibirá 100.000 euros por este galardón para desarrollar un plan cuyo objetivo es contribuir «a la seguridad alimentaria y la autosostenibilidad» de muchas áreas del continente africano.

Ello contribuiría a «empoderar» a las mujeres, sobre las que recae el peso de la agricultura en esas zonas y a las que tradicionales leyes locales impiden en algunas partes de África ser propietarias de las tierras que cultivan, dice la chef en una entrevista con EFE en San Sebastián, donde este miércoles recibirá un premio del Basque Culinary Center y el Gobierno Vasco, que lo instauró en 2016 como parte de su «estrategia integral» Euskadi-Basque Country.

Binta explica que el fonio, de la familia del mijo, está ahora «infrautilizado», pues dejó de cultivarse porque no se usaba, y eso que apenas necesita agua para crecer, no es estacional y se puede obtener una primera cosecha en seis u ocho semanas. «En el cinturón seco de África, funcionaría muy bien», remarca.

«Voy a dedicar el premio a crear la infraestructura necesaria para el procesado, empaquetado y distribución del fonio porque creo que la seguridad alimentaria tiene que estar en el centro de todo lo que haga. Si esto se trabaja bien, podemos incidir en todos los demás aspectos que afectan a las mujeres africanas», afirma la galardonada, creadora de la Fulani Kitchen Foundation, con la que ha desarrollado otras iniciativas.

El proyecto lleva aparejada la construcción de un centro para mujeres orientado a atender sus necesidades sociales, educativas y comunales, un lugar en el que puedan abordar sus problemas, como el de la mutilación genital que sufren muchas de ellas.

«Las mujeres africanas son muy trabajadoras y las que sostienen el hogar. Hay que intentar mejorar la situación para que puedan tener acceso a la propiedad de la tierra que cultivan. Se trata de empoderarlas porque, si saben cuál es su papel, podrán hablar por sí mismas y defender sus derechos, podrán hacerse oír. La mayoría no lo hace porque no tiene independencia económica», subraya.

Señala que el procesado del fonio, cuyo grano compara con el de la quinoa, «plantea muchas dificultades». «Pero si pensamos en la sostenibilidad y seguridad alimentaria de nuestro planeta, es un cultivo que realmente encaja en ese pensamiento», recalca.

Binta aspira a que el cultivo del fonio pueda servir no sólo para paliar hambrunas en África, sino que también sea posible su exportación, algo a tener en cuenta, advierte, en un momento en que la guerra de Ucrania está planteando problemas de suministro de cereal.

«Se evitará además que el fonio desaparezca para siempre», agrega la cocinera, cuya fundación está tratando de encontrar socios en diferentes sectores para poder ayudar a las poblaciones más empobrecidas, además de a las mujeres que lo cultivan, a las que se pagará «un precio justo» por su labor.

La guerra de Sierra Leona llevó a Binta a Guinea-Conakry, tierra de la que es originaria su familia, antes de establecerse en Ghana, donde se formó como cocinera y en la que inició una experiencia «maravillosa» con las tribus nómadas fulani, que la impulsó después a promover la cocina tradicional africana por todo el mundo a través de su fundación y con su iniciativa «Dine on a mat».

Con ese proyecto nómada ha viajado por todo el mundo mostrando, de manera sencilla, «sobre una esterilla», la comida y los ingredientes africanos sostenibles, también ligados a su tradición cultural.

Gran parte de las cenas que organiza son una fuente para recaudar fondos que se destinan en planes comunitarios. Gracias a este proyecto se benefician aproximadamente más de 300 familias de 12 comunidades y 4 regiones de Ghana, según Binta.

«La cocina en mi caso es también una misión», resalta.