Eva García González | Santander (EFE).- La escritora Najat El Hachmi denuncia que Marruecos hace un uso «perverso» de la protección y las garantías que España brinda a los menores migrantes y que «usa» a su población para presionar a Europa.
En una entrevista con EFE, Najat El Hachmi (Marruecos, 1979) asegura que a su país de origen le conviene que todos esos jóvenes marroquíes quieran emigrar por esa «válvula de escapatoria para el malestar social», porque si los jóvenes se quedaran para transformar el país, el Gobierno se tendría que enfrentar a una oposición social fuerte.
«Si todos esos jóvenes que solo piensan en irse de Marruecos de repente solo pensaran en transformar Marruecos, al Gobierno le supondría un problema muy importante», apunta esta escritora y columnista, que imparte esta semana un seminario en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
A su juicio, el fenómeno de la inmigración siempre se aborda desde la llegada de los migrantes, tanto en casos recientes como el de Ceuta como con la llegada de pateras, lo que da la percepción de que hay personas migrantes «que llegan todo el rato».
Sin embargo, según apunta, la realidad es que la gente llega, se incorpora, hace su vida y pasan los años, de modo que hay una parte de la población española que tiene esas raíces pero que ya no es inmigrante, sino hijos de inmigrantes.
«Que percibamos solamente la llegada quiere decir que seguimos sin percibir la nueva diversidad que caracteriza la sociedad española», adevierte.
Una nueva población
Najat El Hachmi defiende que la población española «ya no es la que era» y que ha cambiado hacia una nueva diversidad con muchos españoles de procedencias distintas «que no se sienten representados como españoles».
«Hay que cambiar el imaginario colectivo que tenemos de esa diversidad. España ya no es el país que era hace 20 años, ha cambiado y somos muchos los españoles de pleno derecho, aunque hay mucha gente que no nos considera españoles», denuncia.

Para Najat El Hachmi, ese imaginario colectivo tiene que ver con las representaciones culturales, con cómo se abordan en los medios de comunicación temas como la inmigración, y con la falta de representación en lo audiovisual y lo literario.
Representar la normalidad
También cree que «hay una realidad que está completamente invisibilizada».
Y es «la de niños que no aparecen nunca, de mujeres que no aparecen nunca, de problemáticas que quedan completamente invisibilizadas», lamenta.
La escritora considera que hay que ampliar el imaginario colectivo y llegar a representar esas realidades, esa «normalidad» en la que conviven personas de diferentes procedencias, un mundo que existe pero que no está representado.
Esa representación no llega a las tertulias o foros en los que se habla de inmigración, resalta la columnista, en los que «nunca» aparece nadie de procedencia migratoria, sino que se habla todo «desde fuera».
«Cuando tú has vivido desde dentro esa realidad tan compleja y además la ves y sabes lo que pasa, sientes como que están de hablando de ti sin ti», explica.
Incluso las posturas que se supone que defienden la inmigración resultan «bastante ofensivas», dice, y asegura sentirse un «objeto de debate».







