Del botijo a los pozos de nieve, practicas tradicionales frente al calor

Madrid, 23 agosto (EFE).- Bajar las persianas, no salir a la calle en las horas pico de calor y hacerlo con «la fresca” a charlar con los vecinos, sacar el colchón a la terraza, beber del botijo o abanicarse son prácticas tradicionales frente al calor que se resisten a desaparecer y todavía conviven con ventiladores y aires acondicionados.

En tiempos de austeridad energética o «ante el elevado precio de la luz», algunas de estas prácticas sobreviven y es que, ante el calor, los humanos han ideado sistemas para tratar de mantener frescos el agua o los alimentos, en algunos casos utilizando edificaciones específicas como los pozos de nieve, la construcción con muros gruesos en las casas, los techos altos, las chimeneas o los patios.

Y entre los elementos más tradicionales, que no faltaban en ninguna casa u obra, el botijo, capaz de mantener fresca el agua gracias a su filtración por los poros de la arcilla que, al evaporarse, refrigera el recipiente.

Hoy su uso se ha ido perdiendo señala José Ángel Boix, cuarta generación de alfareros en Agost de Alicante, para quien aunque “la cerámica es cultura» y «gracias a ellas tenemos historia», los botijos «han quedado relegados a usos decorativos”.

Hasta 10 grados centígrados

Hacer un buen botijo, sin embargo, no es fácil, coinciden Boix y Rafael Osuna Ariza, alfarero en La Rambla (Córdoba), para quienes el  “secreto” está en la arcilla empleada y la porosidad de su superficie, capaz de rebajar la temperatura del líquido del interior hasta 10 grados centígrados.

 “Hoy en día se compra más para decoración» y como recuerdo turístico que por su verdadera utilidad, aunque «hay una pequeña parte de la población que se aferran a la tradición”, añade Manuel Bellido- expresidente de la Asociación de Alfareros de la localidad extremeña de Salvatierra de Barros.

Pozos de nieve

Objetos para atenuar el calor, pero también edificaciones adaptadas como las bodegas, los pozos de agua fresca en las viviendas o de nieve, donde se almacenaba en invierno para poder extraerla y utilizar el hielo en verano.

Entre Yunquera y Tolox, en el Puerto de los Ventisqueros en la malagueña Sierra de la Nieves -a 1.500 metros de altitud-, se localizan algunos de ellos, los cuales, explica a EFE Miguel Merchán, guía turístico e investigador de la Casa Museo Francisco Sola, tenían un sistema de desagües que facilitaban la salida del agua para que la nieve se hiciera hielo.

El divulgador Javier Sanz apunta que estos pozos -también presentes en otras zonas de España- ya existían en Persia, o en áreas desérticas de Irán e Irak, y eran llamados «Yakhchāl», construcciones de adobe -con forma de cúpula con paredes gruesas y una altura de unos 10 metros- sobre unos pozos forrados con mortero (arena, clara de huevo, limón, pelo de cabra y ceniza) que funcionaba como aislante.

 Sanz, autor del libro “Los inventos de los antiguos”, dice que otros métodos que ya se usaban en zonas de Oriente Medio hace 5.000 años para paliar las altas temperaturas extremas eran las chimeneas (badgir o torres de viento), con aberturas para hacer circular aire frío en el interior y expulsar el aire caliente.

Materiales frescos

En otros casos la orientación o el empleo de materiales tradicionales ayuda a mantener frescas las viviendas, como en el caso del adobe, un material antiguamente muy utilizado como aislante natural para el calor y el frio.

 “Aunque muchos sistemas no tenían sofisticación ni tecnología, aplicaban principios básicos a los elementos que tenían, de tal manera que no consumían energía”, explica Sanz, quien recuerda que los equipos de aire acondicionado refrigeran las edificaciones pero acentúan el efecto «isla de calor» en las ciudades.