Toda una vida en Ucrania y seis meses en Sevilla

Sevilla, 3 sep (EFE).- Seis meses han pasado desde el comienzo del conflicto entre Rusia y Ucrania, más de 180 días que han cambiado la vida de los cerca de siete millones de refugiados de Ucrania registrados en toda Europa, según los datos del portal que el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Casi 140.000 de esos refugiados se encuentran en España, este es el caso de Myroslava y tres de sus hijos, Sofía, Liubov y Oleksandr, que llegaron en febrero a la capital andaluza.

Durante la primera semana se quedaron en casa de otra de sus hijas, Slava, que vive aquí desde hace cuatro años, pero estaban muy ajustados de espacio en casa por lo que decidieron hablar con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), quienes les reubicaron en un hotel sevillano.

«Está siendo un descanso», ha contado Myroslava que tuvo que cruzar la frontera de Ucrania con Polonia caminando durante doce horas, dejando atrás su trabajo en el jardín botánico de Kiev y con él toda su vida en la capital ucraniana, «la guerra cambió todo y en una semana hubo que replantearse todo», ha añadido la madre.

La familia necesitó cerca de tres meses para adaptarse a la nueva situación, Myroslava dice que sobre todo lo notó en sus hijos que hasta la llegada del verano «no tenían ganas de comunicarse con nadie de fuera de la familia, estuvieron un poco más aislados».

Durante sus primeros momentos en España pasaban todo el tiempo pendientes de las últimas noticias del conflicto y manteniendo contacto continuo y directo con sus familiares que seguían en Ucrania.

Siempre pensaron que antes de verano estarían de vuelta en su país pero cada vez ven más lejos la vuelta, «por la guerra lenta de bombardeos aleatorios, no sabes donde va a caer el día siguiente», ha explicado Myroslava que ha añadido que la principal razón por la que todavía madres e hijos se quedan fuera del país es porque «no saben donde les puede encontrar el siguiente misil».

El colegio de sus tres hijos en Ucrania se encontraba cerca del despacho del presidente y debido a las «constantes amenazas por parte de Rusia de que ahora van a tomar los centros de toma de decisiones», Myroslava ha expresado que necesita asegurarse de que no hay riesgo, «que no haya que levantarse cada día pensando que el mañana ya no llega».

Con el comienzo de septiembre y el nuevo curso escolar, la idea era que los niños empezaran a ir a un colegio de aquí, pero la madre ha lamentado que «es difícil porque no hay suficiente información sobre cómo hay que gestionar el proyecto», por lo que los niños de 13, 10 y 8 años están siguiendo las clases de su colegio ucraniano telemáticamente.

Myroslava visualiza su futuro en Ucrania «volviendo a casa, volviendo a mi vida, a mi día a día, a lo que conocía antes de la guerra y espera que sea este año, y que por fin haya paz».

Este deseo de volver a su país también es el de Elena, una de las trece personas que, actualmente se encuentran alojadas en la conocida como ‘La casa de Ucrania’ en la localidad de Carmona (Sevilla), “todos queremos volver cuando esta situación pase pero ahora no se lo pueden plantear”.

Una iniciativa de la familia Belloso desencadenó que en tan solo diez días se acondicionara una antigua casa que llevaba abandonada doce años y que se ha convertido en el hogar de muchas familias durante estos seis meses.

“Su día a día lo llevan con normalidad, pero con el trauma que hay detrás”, ha explicado Raquel Vega, una voluntaria que ha contado que la adaptación de las familias no ha sido complicada, «no hay conflicto, ni protesta, siempre están con el ‘gracias’ en la boca».

Elena está empezando una nueva vida, en septiembre comienza a trabajar en un restaurante «limpiando y ayudando en la cocina», anteriormente estuvo en una pastelería dónde dice que estuvo muy contenta y rodeada de «buenas personas».

Sus hijas, Katerina y Julia, como el resto de niños de la casa, se encuentran escolarizados donde además de continuar con la normalidad de sus estudios, «están aprendiendo español y haciendo nuevos amigos».

En la casa de Carmona no solo viven y conviven sino que la intención es que se integren totalmente en la vida normal del pueblo.

Una de las nuevas iniciativas, es abrir un negocio de costura un local de la parte trasera de la casa, donde antiguamente hubo una mercería y que puede ser una oportunidad para Katerina, otra de las mujeres que se encuentran en la casa y que cuando estaba en Ucrania se dedicaba a coser para una empresa de ropa militar.

Tatiana Belloso, una de las hermanas de la familia impulsora del proyecto, ha comentado que ella ha llevado las máquinas de coser a la casa con las que trabajará Katerina, y también que les está “enseñando a utilizar el telar”.

En una esquina del nuevo local también habrá un espacio dedicado a la estética que estará a cargo de otra de las mujeres de la casa, que actualmente se encuentra trabajando en Sevilla en un centro de estética.

Elena cuenta que «está muy contenta con la nueva situación» pero que tienen la mente en la situación que sufre Ucrania, como ella misma recuerda mientras enseña emocionada una foto de la casa de su hermana en Ucrania que ahora se encuentra reducida a escombros.

Korosten, Chernivtsí, Kiev, Zaporiyia son algunas de las ciudades que están familias han tenido que dejar atrás desde febrero y a las que esperan volver lo antes posible.