Cracovia (Polonia) (EuroEFE).- Las dos Polonias -la más conservadora y la europeísta- se enfrentarán el próximo 1 de junio en la segunda vuelta de las elecciones para decidir quién presidirá el país hasta 2030, en pleno auge de la ultraderecha y con el proyecto proeuropeo de Donald Tusk en juego.
La primera ronda de este domingo la ganó el liberal proeuropeo Rafal Trzaskowski, actual alcalde de Varsovia y vinculado al partido gubernamental Coalición Cívica (KO), con el 31,4 % de los votos.
Pasó también a la segunda ronda, con un 29,5% el historiador ultranacionalista Karol Nawrocki, un candidato conservador al que respalda Ley y Justicia (PiS), aliados en el Parlamento Europeo del partido de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni.
Aunque los dos candidatos de extrema derecha que concurrían no pasaron de ronda, entre los dos sumaron un 21,1% de los votos, en una votación marcada por la alta participación (67,3 %) y por unos resultados más ajustados de lo previsto.
Ese auge de la ultraderecha indica que, pese a la victoria de Trzaskowski, hay una mayoría que no comulga con el proyecto político de su correligionario, el primer ministro Donald Tusk, que ya tuvo que recurrir a una alianza múltiple para hacerse con el poder el año pasado y poner fin a la era conservadora iniciada en 2015.
Una victoria agridulce

La KO de Tusk ha celebrado la victoria parcial de Trzaskowski, pero se trata de un triunfo temporal y que incluso se puede considerar un fracaso estratégico, teniendo en cuenta la escasa diferencia que ha conseguido un peso pesado del partido contra Nawrocki, un rival totalmente desconocido hace seis meses.
Además, los candidatos del resto de partidos de la coalición del Gobierno centrista obtuvieron resultados testimoniales, y por ejemplo Szymon Hołownia (Tercera Vía, actualmente presidente del Parlamento) apenas logró el 5%, mientras las propuestas de izquierda de Magdalena Biejat y Adrian Zandberg tuvieron aún menos respaldo.
Todo ello certifica el acelerado desgaste del Ejecutivo de Tusk, que hasta ahora ha sido incapaz de cristalizar la mayoría de sus promesas electorales, como la reforma judicial o la despenalización del aborto, y saca a la superficie la tensión programática entre el ala liberal de Tusk y los sectores más conservadores de la alianza que lidera.
El bloque conservador se afianza
Los candidatos ultraconservadores Slawomir Mentzen (Confederación) y Grzegorz Braun (independiente) no solo mantuvieron su base, sino que crecieron en provincias tradicionalmente progresistas y, en conjunto, sumaron un 21,1 % de los votos, un resultado sin precedentes que constituye una advertencia para el actual Gobierno y, por extensión, para el ecosistema bipartidista polaco.
Según una encuesta publicada este lunes por la radio polaca ZET, el 70 % del electorado de los ultraconservadores votarían por Nawrocki en la segunda vuelta, atraídos por su retórica antimigratoria y su defensa de la soberanía nacional, en un gesto de «voto útil» similar al que motivó a los votantes indecisos a apoyar a Tusk en 2023.
Por contra, tan solo el 15-20 % de estos votantes optarían por Trzaskowski el 1 de junio, lo que le daría a Nawrocki una ventaja teórica de 5 puntos.
Implicaciones en política exterior

No hay que perder de vista la dimensión geopolítica que tienen estas elecciones, al elegirse a un presidente con amplios poderes políticos (derecho a vetar cualquier ley) y con gran representación internacional.
De hecho, el actual presidente polaco, Andrzej Duda, no ha titubeado a la hora de usar el veto presidencial, al bloquear 74 iniciativas legislativas y cuatro leyes clave respaldadas por Tusk, como la que permitía la píldora del día después sin receta.
Mientras Tusk busca consolidar su agenda liberal –que incluye reformas judiciales, derechos LGBTIQ+ y acceso al aborto–, Duda ha bloqueado nada menos que 74 iniciativas legislativas y cuatro leyes clave, como la que permitía la píldora del día después sin receta.
Si hace un par de semanas la oposición criticó al Gobierno por invitar al expresidente estadounidense Barack Obama a un evento en Polonia financiado con fondos públicos en plena campaña electoral, los conservadores tratarán de rentabilizar una posible visita del vicepresidente actual de EE.UU., JD Vance, a la convención conservadora CPAC dentro de unos días.
Mientras, Bruselas y Berlín observan con nerviosismo cómo el país al que asignaron el 23 % de los fondos de recuperación europeos postpandemia podría virar de nuevo hacia el euroescepticismo.
Posibles escenarios para la segunda vuelta
En este contexto, la mayoría de los expertos contempla la votación de dentro de dos semanas como un plebiscito sobre el proyecto europeísta de Tusk.
Los llamamientos de movilización social del primer ministro polaco tienen poco margen de maniobra, dada la alta participación que ya se registró el domingo, y sobre todo teniendo en cuenta que es el electorado conservador el que más lealtad y consistencia suele mostrar en las convocatorias electorales en Polonia.
Es de esperar que la campaña se vuelva más agresiva y se renueven los ataques vertidos en las últimas semanas, con Trzaskowski acusando a los conservadores de «vender Polonia a los fundamentalistas«, y el PiS denunciando que Tusk y los suyos imponen la «agenda LGTB dictada desde Bruselas«.


