Imane Rachidi |
La Haya (EFE).- Mazos, hachas, explosivos y hasta armas de fuego forman parte de las nuevas tácticas detectadas en los robos a museos europeos, donde Europol observa la aparición de delincuentes menos especializados y más violentos que buscan oro, joyas, piedras preciosas y antigüedades por su valor y facilidad para colocarlas en el mercado ilegal.
La agencia de coordinación policial europea advierte en un nuevo informe publicado este lunes de una transformación tanto de las tácticas como de los objetivos de los atracos en los museos, tradicionalmente una práctica no violenta de delincuencia organizada.
Frente al ladrón especializado que estudia el edificio, actúa discretamente y trata de evitar cualquier enfrentamiento, las investigaciones recientes muestran ladrones que revientan puertas y vitrinas con mazos, hachas y palancas, recurren en ocasiones a explosivos y pueden utilizar armas de fuego para intimidar a vigilantes y visitantes.
“Los robos en museos son cada vez más agresivos, con un giro hacia métodos violentos y basados en el uso de la fuerza”, señala Europol entre las principales conclusiones del informe, que considera que esta evolución “puede indicar la implicación de nuevas redes criminales”.
🏺Forget the idea of a stealthy museum heist where thieves slip away unnoticed. Recent cases show a very different reality. 🔦 From violent tactics to market demand, Europol’s latest Spotlight Report examines the shift in methods, tactics and artefacts targeted. Read: https://ow.ly/6Zm850ZBVZB
— Europol (@europol.europa.eu) 24 de agosto de 2026 a las 11:00
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De Países Bajos a Francia
Un ejemplo de esta tendencia es un robo de enero de 2025 en el Museo Drents de Assen, en el norte de Países Bajos, donde los ladrones hicieron explotar una puerta de madrugada para llevarse varias piezas arqueológicas el antiguo reino de Dacia, prestadas por Rumanía, entre ellas el casco de oro de Cotofenesti, de unos 2.500 años de antigüedad, y tres brazaletes de oro.
El casco y dos de los tres brazaletes fueron recuperados y devueltos a Rumanía, un desenlace poco habitual para objetos que, cuando están fabricados con metales preciosos, pueden ser destruidos precisamente para borrar su procedencia.

Europol cita también el asalto de 2024 al Museo Cognacq-Jay de París, donde cuatro encapuchados armados con bates de béisbol y hachas irrumpieron en el edificio y huyeron en motocicletas con siete objetos decorados con oro y diamantes.
Otro de los casos analizados es el robo perpetrado en octubre de 2025 en el Louvre: los ladrones rompieron una ventana, amenazaron a guardias y visitantes, destrozaron vitrinas de la Galería de Apolo y sustrajeron joyas valoradas en unos 88 millones de euros.
“Todos los casos relacionados comunicados hasta ahora muestran robos dirigidos y una preparación deliberada, incluido el reconocimiento previo y la planificación”, explica la agencia.
Oro que puede desaparecer
Durante los últimos dos años Europol ha observado un interés recurrente por metales y piedras preciosas: pepitas y monedas de oro, objetos ornamentales y joyas, entre otros.
El oro y la plata pueden fundirse y perder con ello los elementos que permiten a la Policía identificar su origen, lo que facilita su introducción en circuitos ilegales, mientras que las piedras preciosas pueden separarse de las joyas y venderse individualmente.
Además, para los delincuentes, estos objetos pueden resultar visibles y accesibles en un museo, cuya seguridad se percibe como menos estricta que la de una joyería.
Europol identifica además un objetivo muy diferente: las antigüedades chinas.
Entre las piezas buscadas aparecen platos de porcelana de los siglos XII y XIII, recipientes de la dinastía Ming y jarrones de bronce esmaltado de las dinastías Ming y Qing.
La agencia relaciona esta tendencia con la fuerte demanda existente en el mercado del arte y con las posibilidades de reventa de estas piezas, lo que apunta a que detrás de determinados robos puede existir ya un comprador o un mercado criminal interesado en categorías muy concretas.
Grupos estructurados
El tráfico de bienes culturales ha estado tradicionalmente asociado a grupos estructurados, organizados alrededor de un líder y con delincuentes especializados que recurren al engaño, el conocimiento del mercado y la discreción antes que a la violencia.
Pero Europol observa ahora indicios de un modelo diferente: personas con antecedentes en otros ámbitos criminales que llevan a cabo de manera puntual un robo y que, en algunos casos, habrían sido reclutadas en redes sociales y aplicaciones de mensajería.
La agencia admite que todavía existe “una laguna de inteligencia” que impide determinar con certeza hasta dónde llega este fenómeno, pero plantea dos hipótesis.
Una es que los ejecutores de menor nivel sean reclutados de forma aleatoria bajo el modelo denominado “crimen como servicio”, en el que determinadas tareas de una operación se encargan a terceros.
La otra es que delincuentes procedentes de mercados ilegales diferentes hayan descubierto en los museos una oportunidad que consideran de “bajo riesgo y alto beneficio”.










