La escuela de arte ECO cumple 20 años con el lema «Cada hombre, un artista»

José Carlos Rodríguez I

Santiago de Compostela (EFE).- “Cada hombre, un artista”, la frase de Joseph Beuys, es el lema que rige la Escuela de arte ECO, que cumple 20 años y que dirige Elena Cristóbal en Santiago. Un lugar por el que han pasado más de mil alumnos, que han encontrado en el arte un espacio de descubrimiento y crecimiento personal.

«Siempre quise que la escuela fuera un lugar vivo en el que pasaran cosas emocionantes. Un espacio enfocado al descubrimiento y la creación, orientado a que cada persona encontrara su propia voz como creador o creadora. La orientación de las clases siempre ha sido ésta, pero es ahora, 20 años después, cuando la escuela ha tomado su redondez. Lo siento como un nuevo comienzo y, por fin, tengo la escuela que quiero tener”, cuenta Elena a Efe.

Una escuela inspirada en la Bauhaus

Nacida en Bilbao, donde estudió Bellas Artes, se mudó a Santiago en el año 2002 con la idea de hacer realidad el “sueño loco” de crear una escuela de arte inspirada en las pautas pedagógicas de la Bauhaus y en los procesos de creación de los artistas que admiraba y no como «una mera escuela de pintura de orientación académica”.

«Tuve siempre una vocación artística muy potente, muy clara, pero me costó mucho encauzarme. Hasta que llegué a Santiago y monté la escuela no supe a qué quería dedicarme. Es también la razón por la que me quedé aquí”, explica.

Elena empezó con un dinero prestado y los primeros años vivía en el propio espacio de la escuela: «Estudié muchísimo sobre qué y cómo enseñar. Leí todos los textos pedagógicos de los profesores de la Bauhaus, especialmente los de Itten y Albers, auténticos descubrimientos para mí, que a día de hoy tengo totalmente integrados”, añade.

Con los nuevos talleres de creación plástica y experimental de dibujo Elena se siente «muy ilusionada» porque completan su idea inicial: «He hecho un cambio que era muy necesario. La escuela empezó con mucha ambición artística, pero con los años me dejé llevar por planteamientos que creía más comerciales. Fui claudicando de mi ambición original y desvirtuándome hasta que este año he decidido corregir el rumbo e incluir los talleres de creación. Y, curiosamente, coincide con el 20 aniversario de la escuela”, asegura

En estos veinte años, artistas y profesionales muy conocidos del ámbito compostelano han enriquecido la experiencia de la escuela que actualmente cuenta con Fuco Reyes en fotografía, Tomás Guerrero en cómic e ilustración y Manoel Bonabal, que lleva el taller de grabado, además de la propia Elena Cristóbal en el área de dibujo y pintura.

SANTIAGO DE COMPOSTELA, 28/09/2022.- La directora de la escuela de arte ECO, Elena Cristóbal, posa en su taller . EFE/ Xoán Rey

Alumnos muy «variados»

De la escuela nacieron el grupo de dibujantes urbanos BoSCQuejeros, que se reúnen todos los sábados para dibujar en diferentes rincones de la ciudad.

También el FotoFórum Compostela, asociación de aficionados a la fotografía que tuvo su origen en la escuela de fotografía que Fuco Reyes ha creado en ECO y que desde hace años se reúne una vez al mes en el Centro Galego de Arte Contemporánea para desarrollar diferentes proyectos.

Según cuenta Elena, el perfil de alumnos es «variadísimo». Gente de todas las edades y de todos los intereses.

«Lo que sí creo es que para muchos alumnos ha sido un descubrimiento. Muchos de ellos me han expresado su gratitud por haberse encontrado con un mundo que les aportaba tanto», asegura.

Fran pasó por la escuela hace 15 años. Aunque pertenece al campo científico por profesión, desde niño siempre tuvo «un fuerte vínculo» con el dibujo.

«Estaba pasando una crisis personal cuando descubrí la escuela y supuso un punto de inflexión para mí. Creo que mi experiencia se resume en algo que me dijo Elena la primera vez que pisé la escuela: ‘yo no te voy a enseñar a dibujar, lo que te voy es a enseñar a mirar’. Y así fue», añade.

Marta Evangelista tiene ahora 23 años pero entró en la escuela con tan solo cinco: «Aparte de crecer artísticamente, fue un cambio muy importante para mí. Empecé de esa manera a interactuar y comunicarme con el mundo. Fue un crecimiento a nivel artístico pero sobre todo a nivel personal», reconoce.

Lo mismo dice Javier, de 52 años, que señala que la ECO «fue un viaje de descubrimiento» y supuso, sobre todo, «una nueva forma de ver el mundo y de entender las cosas».

«Estamos muy acostumbrados a aprender matemáticas, física o ciencias, pero aprender algo tan etéreo como mirar el mundo de otra forma es muy difícil y ha sido una cosa preciosa», expresa.

Elena asegura que este año es un nuevo comienzo: “Vuelvo al origen, solo que cuando vine aquí hace 20 años no tenía ni casa, ni alumnos ni compañeros de trabajo”, afirma. Con todo eso resuelto, ya solo queda dar rienda suelta a la creatividad. EFE

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